TUBO DE ENSAYO

*Los idos

René Delios

¿A qué se debe la pobreza y marginación acumulada en México?

Está tan presente que hasta se le explota, por parte de funcionarios y representantes populares, en un cinismo derivado de la despersonalización de la política y la perdida de valores morales en los políticos.
La desvinculación no solo de la convicción, sino del sentido de humanidad, son la consecuencia del envilecimiento de la política por parte de los entes que en ella interactúan, y tan alto es el índice que todo el ejercicio público está corroído por la herrumbre de la corrupción.

Como antes la caída del sistema, hoy conocemos un Ye Gon y millones de dólares bajo sospecha que como lo primero, evidencian en lo segundo la elección presidencial y el proceso político electoral todo, ante la ingerencia ya no del Estado Mexicano desde la presidencia, como era antes –en que el mandatario no solo nombraba al encargado del proceso a través de gobernación, sino también a su sucesor a través de su partido político-, sino desde la delincuencia organizada, lo que puso en alerta a todos, sin excepción, por lo que ello significa en el exterior.

La desvinculación del caso Ye Gon de la presidencia fue un acto de facto, que en su momento, los partidos a través de sus fracciones políticas van a cobrar, y a lo mejor es éste mes de agosto, en que se abre el periodo de sesiones de la Unión, para darle entrada al paquete tremendo de la Reforma del Estado y, con ello, la piedra candente de la llamada Reforma Fiscal y su CETU, el nuevo impuesto que nos va a quitar de la boca el termino IVA.

Pero esa es otra vaina.

Hablábamos de los desplazados sociales y sus consecuencias tremendas, o más bien sus anexos obligados: la pobreza extrema, el analfabetismo, las enfermedades gastrointestinales y respiratorias, la desnutrición, la falta de ocupación y sus malos consejos, como la tendencia al robo y la migración y, con ello, la desintegración de la familia, muy pocas veces mencionada, pero navegante en el espectro social de la marginación y la ausencia institucional.

A éstos –que son decenas de miles-, se apuntan los desplazados políticos tanto por el conflicto zapatista –que son los menos- como por la intolerancia religiosa –que son los más-, además de la llamada población dispersa.

¿Habrá un poco más de dos mil desplazados políticos en Chiapas?

Hay más que esa cantidad, mucho más. Solo que para la federación los desplazados refiere solo a la consecuencia del conflicto zapatista, aspecto solucionado con mucho durante el sexenio pasado –especialmente en los municipios de Tila y de Chenalhó-, por la intervención certera de Juan González Esponda, el Comisionado para la Reconciliación de las Comunidades y Pueblos en Conflicto, que fue el que resolvió las diferencias recientes en Nichmantic, Chamela; estudioso de la economía, la historia, los movimientos sociales y los asuntos agrarios, éste concertador -que repite en la actual administración-, sabe que hay otro tipo de desplazados, que han aguantado vara durante décadas, y no son otros que quienes se fueron a vivir a las montañas y fundaron caseríos dispersos o las víctimas de la intolerancia religiosa iniciada en Chamula y extendida por casi todo el mundo indígena chiapaneco, so pretexto de usos y costumbres cuando también comprende mucho de intereses económicos por la venta de trago, bultos, ritos y velas, que los protestantes no consumen.

El caso es que si hablamos de desplazados, tendríamos que incluir a los cuarenta mil protestantes expulsados de sus comunidades por profesar otro culto; la cuestión de “suerte” social es que hoy los más son desplazados que se han adaptado y muy bien a su nueva situación, fundando colonias –desde San Cristóbal y hasta Ocozocoautla- e incluso sus exponentes han llegado a ser diputados –como José Patistan, quien fue el primer evangélico que llegó a diputado local y luego a diputado federal por el PRD-; esa nueva condición social los retira un tanto del concento de desplazados pues se adaptaron a su nuevo entorno, incluso en lugares con otra lengua como la región zoque en Coita o la lengua chiapa en Chiapa de Corzo, -cuando el desastre de “El Chichonal” en Francisco León-, que fueron zoques reubicados por Juan Sabines padre.

Hoy, Juan Sabines Guerrero, le da atención al otro rubro de desplazados ignorado de siempre por los gobiernos estatales y federales, por lo costoso de su atención: la población dispersa.

La población dispersa no es necesariamente la más jodida, puede que existan zonas en las que su rendimiento sea aceptable, y logren más que la siembra para el autoconsumo. Pero eso no es suficiente para llamar “digna” a ese nivel de vida, independientemente de que los mandatos constituciones de la nación y la entidad, señalan que hay que darles servicios sociales básicos a esos ciudadanos de la República.

Por eso Juan Sabines Guerrero se reunión con la secretario de desarrollo social, María Beatriz, y Esteban Moctezuma, de la Fundación Azteca, para impulsar el proyecto Ciudades Rurales.

De lograrse, sería, no solo integrar a esas decenas de miles de chiapanecos a la cobertura institucional, sino también hacer justicia social y dejar de ser parte de los índices de la ONU, que nos comparan con Malawi, Africa. Y es que no es justo, que en medio de tanta exhuberancia y recursos renovables y no renovables, aun existan chiapanecos con muy poco desarrollo humano.

Celebremos pues ese logro sabinista, que aunque no es tan sonoro como cuando se anuncian cientos o miles de millones de pesos de inversión, objetivamente es el inicio de un proceso a lo mejor lento, pero al final socialmente sustancioso.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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