TUBO DE ENSAYO

René Delios

*De ingeniería política

Tres factores han sido los que se conjugaron para dar pauta a las campañas políticas modernas: el estudio social para el diseño publicitario, el uso continuo de los medios de comunicación –ya en campaña- y la exposición o explotación de la cuestión social –de acuerdo al caso- como propuesta de campaña. Por eso las campañas modernas se caracterizan por la presencia significativa de los medios, pues sin éstos el candidato “no crece”.
Hemos observado que hoy la más de las veces no gana el mejor, sino aquel que llegó a más gente, por lo que podemos augurar que éstas campañas en Chiapas tendrán que ser de medios, pues en todos los partidos se desprestigió el proceso interno de selección, en un desgaste de la militancia y sus corrientes, que aun se sigue manifestando cambiándose de siglas.

Hasta hace poco tiempo, los mexicanos conocemos lo que se llama exit pools -encuestas de salida-, que tuvieron un amargo debut en 1988 pues no se dieron sus resultados porque “se cayó el sistema”. En Chiapas, también hasta hace poco tiempo se aplica ese asunto, y al parecer para éste octubre la encuestadora volverá a ser DSI.

O sea que, a partir de “la caída del sistema” vivimos tiempos inéditos.

Algo de eso pasó en Chiapas: Patrocinio González Garrido presumió que Chiapas le dio un millón de votos al PRI en esa fecha, precisamente cuando quedó evidenciado el sistema electoral mexicano. Por esas fechas también se fraguada a fuego lento la inconformidad social más sonora del fin de siglo chiapaneco, luego de cincuenta años de lucha por la tierra y la manipulación de los trabajos de la SRA, que llegó a representar en 1993 –solo con ésta entidad- el 22 por ciento del rezago agrario nacional, como una idea de la tremenda corrupción que imperaba.

La “modernización” del código electoral de Chiapas fue asunto obligado ante los cambios que se dieron con la aprobación del COFIPE y la instalación del IFE.

Ante esto, los partidos políticos empezaron a crecer aun el stablismenth priista que sondeaba todo, y en Chiapas, un fortalecimiento primero del PAN en la capital del estado lo llevó a gobernarla nueve años, y el PRD y aliados van por su segunda gobernatura.

El PRI se fue a la baja definitiva luego de 1994, pues seis años después del levantamiento perdía tanto la presidencia del país como la gobernatura del estado, esto integrado a fenómenos como la aparición del EZLN, las fracturas internas en los partidos ante la necesidad de transparentar los procesos electorales y a la vez mejorar el trabajo legislativo y el ejercicio de gobierno, ante una población densa e incrédula, que manifestó su inconformidad con el abstencionismo.

Pero hablamos de ingeniería política, en dónde de lo que se trata es que el candidato “suene”, se “venda” como producto, por lo que sus frases –las más de las veces vacuas aunque ocurrentes- se imprimen y difunden por todo tipo de medios y souvenirs, saturándolo todo, al estilo de Gooebles, de repetir la cosa hasta que sea adoptada por el preconciente, en algo que se llama subliminal.

Pero hay casos en que el marketing no es la panacea, es decir que la publicidad política uniforme por sí misma no es capaz de llevar al triunfo a un candidato. Se han multiplicado ejemplos locales, nacionales y extranjeros en los que las campañas publicitarias han sido exitosas pero el candidato ha perdido. La explicación, en mucho, se encuentra en la necesidad de manejar la campaña con sensibilidad política de acuerdo a la región o micro región, de ahí que paradójicamente quien deba dar las líneas de comunicación de una campaña sea el estratega y no precisamente el comunicólogo formado exprofeso.

El asunto en Chiapas es que su sociedad está resentida socialmente por el desplazamiento social y la ausencia institucional por sexenios, que representa en México uno de los índices más altos de marginación, termino que ahora suavizan con eso de “menor desarrollo humano”. En consecuencia hay incredulidad para con los políticos y sus políticas.

Los más señalan que no van a ser ellos los que coloquen “a otro más” que se enriquezca con el erario, y el reflejo es el alto –también- índice de abstencionismo que, se manifiesta desde hace ya dos sexenios y que al parecer no parece llamar la atención en partidos y órganos electorales, pese a que la búsqueda medular de ambas instancias es la participación ciudadana, o sea el voto.

¿Qué podemos pensar de las propuestas partidistas cuando la gente no vota pese a que tenemos en México procesos tan costosos?

Y Chiapas no es la excepción: 205 millones de pesos será el costo oficial de las elecciones del 7 de octubre.

Creo que eso de la ingeniería política en los procesos locales aparecerá en éstas campañas de agosto-octubre. El diseño tendrá que ser local, pues Chiapas ofrece otro dato para el experimento: su orografía.

A pocos kilómetros de un punto a otro ni el clima es el mismo, vamos, ni la etnia aun hablemos del mismo distrito, lo que va a configurar un reto, si es cierto de que la nueva técnica de campaña “la ingeniería política” que acá llaman electoral, se llevará a cabo.

Decíamos líneas arriba: aun veremos muchos hechos inéditos en éstos tiempos de transición en Chiapas, dónde el cambio generacional se asoma con fuerza, aun los estertores de los dinosaurios que, confían en su experiencia llena de corruptelas, y desdeñan los candados del cómputo y los blindajes electorales en los programas de gobierno.

Así esta esto ahora con el manejo de marketing y la ingeniería política: el candidato es un producto; el elector un consumidor.

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