*Línea de tendencia
René Delios
Ciertamente la manera en que se dieron los sucesos del PAN denota que en ese partido la democracia interna es una falacia. Recuerdo el cómo sus militantes distinguidos criticaron de siempre al priismo por su corrupción política y, cuestionaron por años al PRD por su tráfico de influencias, para caer en lo mismo a los pocos años de estar en el poder.Una jugada de tres bandas, o al menos así parece, hubo de darse para que el conservadurismo obstinado se posicionara en la búsqueda de la alcaldía tuxtleca, en la que aparece desde luego la mano de Enoch Araujo, cuyo grupo desde la Comisión Estatal de Derechos Humanos derrumbó a Francisco Rojas Toledo con la ayuda de Carlos Raymundo Toledo, el presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, quien se apoyó del particular del secretario de gobernación para posicionar a Gloria Luna –en sustitución de paco-, la sensible doctora de sencilla sonrisa y finas maneras, que ha ido escalando meteóricamente posiciones dentro del partido azul, aunque de manera poco ortodoxa, en su fijeza por llegar a San Lázaro.
Gloria Luna llega a la delegación federal de Sedesol para hacer más flexible el trabajo con Sabines –que había complicado en solo seis meses, Rojas Toledo-, pero a la vez para posicionar a su grupo, pues como Raúl Ramírez Elizalde –el delegado de la Secretaría de Economía en Chiapas-, los demás delegados federales panistas no son propiamente políticos de partido y ni son afectos a meterse en esos intríngulis.
Gloria Luna, sí.
La vaina es que no es gratuito que luego de la caída de Rojas Toledo, inmediatamente descobijaran a César Bernardino Serrano Nucamendi para abrir a más precandidatos el proceso interno azul por Tuxtla, aun éste ya había sido anunciado de manera pública como candidato único a alcalde. Hoy, aparecen dos nombres más: Carlos Pedrero, de la elite panista en el escenario gubernamental, y la señora Socorro Zavaleta de Araujo, fuertemente apoyada por gentes del arzobispado.
Araujo –recordarán-, fue de los que cuestionó el cómo se nombró a Serrano Nucamendi candidato; pedía –y lo logró-, que se abriera el proceso: abierto éste no esperaba la llegada de Carlos Pedrero, ex funcionario del consejo de seguridad estatal.
Por eso es que Araujo dijo que sacarán las manos -¿Quiénes?- del proceso interno del panismo, pues ya tenía en la bolsa la candidatura para su señora esposa, Socorro Zavaleta, en algo que se esta haciendo moda en ésta contienda pues el mismo fenómeno se repite por la alcaldía de Tonalá, solo que con el PRI, con la esposa del dirigente ferrocarrilero Francisco Grajales.
Bayardo Robles Rique como abanderado del PRI ha sido acosado.
La forma en que se ha buscado desprestigiarlo ha sido infame; reaccionó para muchos con aquel panfleto corriente e insulso que sobre Valls hizo circular. Ambas cosas han demeritado la calidad de la contienda tuxtleca –además de sus argumentos vacuos para desprestigiarse el uno al otro en vez de aportar propuestas, en el entendido de que el morbo atrae más que la buena política- y evidencia que se van a incrementar los ataques en la contienda constitucional.
A la fecha el PRI es gobierno en Tuxtla.
Sabines ganó la alcaldía con esas siglas en coalisión con el PVEM, y desde luego superó con mucho al PAN y prácticamente borró al PRD y aliados del escenario electoral en octubre de 2004.
¿Entonces de dónde calculan que Tuxtla puede ser de centro izquierda?
Salvo en las elecciones federales intermedias de 1997 y las presidenciales de 2000, ambas ganadas por Carlos Morales Vázquez para diputado por el IX Distrito Electoral Federal, no hay PRD, PT y menos Convergencia en Tuxtla.
Vamos, Carlos fue un asunto de nombre: Tuxtla ha sido últimamente un asunto de nombres, no de siglas.
Hay, eso sí, un poco de PVEM, pero ello gracias a la imagen popular –nuevamente la persona- de Ariel Gómez León, “El Chunco”, compañero de cabinas de éste escribidor de bodrios allá en el Grupo Radio Digital del consorcio Valanci.
Aparte de eso, no veo amarillos ni rojos en Tuxtla, salvo ese poco de verde; ondean –de acuerdo a la estadística- las banderas del tricolor.
Así que un repunte de Valls en octubre enviaría por primera vez en su historia, a la centro izquierda al gobierno de la ciudad capital de Chiapas, en un importante avance dentro del conglomerado regional del sureste mexicano, dominado por años tanto por el PRI como por el PAN, hasta que en dos mil ganó para la centro izquierda el gobierno de Chiapas Pablo Salazar, y colocó al perredismo en el mapa del sureste, aun él los haya negado de siempre pues nunca se afilió, y ni asistió a evento de gobernadores amparado bajo las siglas del Sol Azteca, como lo hizo Sabines recientemente y sin ningún rubor.
Así que el asunto tuxtleco es más que nombres y simples siglas; se trata de posicionamientos y el más urgido de ello es el PAN, cuya presencia se diluye en importancia en el sureste, luego de que Ivonne Ortega lo destroncó de la gobernatura de Yucatán.
Habrá que ver que elementos se siguen agregando al escenario tuxtleco, crisol de la contienda municipal de 2007, siendo cosa muy distinta la contienda por las diputaciones locales, pues aun en el PRI no están definidas las plurinominales como para vaticinar a su posible coordinador de bancada, al que suponemos clave para los avances sustanciales que en materia constitucional local, pretende instaurar Sabines.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
