*La prorroga
René Delios
Cambiarle el nombre a los conceptos no cambia el objetivo: lo que proponen por ahí algunos alcaldes y diputados con eso de la prorroga de año y 8 meses es una reelección. Y hasta dónde sabemos las reelecciones no se dan de facto, se votan. Por eso le llaman prorroga, para evitar el proceso electoral estatal del año entrante, en que se renovarán curules y alcaldías en la entidad.Muy independientemente de cómo evolucione la propuesta, aparece el ahorro que significaría no realizar la elección en 2010, pero también, que en dicho proceso se emplea a mucha gente que ese año de crisis anunciada tendría al menos un empleo temporal.
Y es que hablamos de 24 curules y 118 alcaldías, y gente trabajando en las campañas de cada partido o coalición en todos los distritos y municipios, de la misma manera que en las sedes que fije en IEyPC por toda la entidad.
La verdad es que no hay tiempo para que se adecuen las cosas a como quieren los promotores de esto.
Varios factores podrán influir después para que se dé no una prorroga, sino la reelección que ya ha sido varias veces tratada no en Chiapas, sino en las mismas cámaras federales sin que progrese, y hacerlo en Chiapas tendría consecuencias políticas delicadas.
León Diguit sustentaba el criterio de que cuando el Estado proporciona enseñanza, transporte, sanidad, no ejerce un poder de mando; aún cuando esas actividades son regidas por un sistema de Derecho Público, el fundamento del Estado en ese momento no es la soberanía sino la noción de servicio público a los que se debe.
Por eso algunos ven al Estado moderno como una comunidad o corporación de servicios públicos cuyos agentes son los funcionarios de los tres niveles de gobierno. Por lo tanto, es de entender que las funciones del Estado y sus poderes son todas aquellas actividades que se ejercen para crear, organizar y asegurar el funcionamiento ininterrumpido de los servicios públicos, es decir, la continuidad de éstos, y no la de los titulares de esos servicios y poderes en específico, salvo existan las condiciones necesarias, y en este caso se opone la legal, que no permite la reelección inmediata.
Ya se han dado varios intentos decía y de los más sonados fue 2005, al enviarse al Congreso de la Unión el paquete económico, pero se dio a conocer que también se incluía una iniciativa de reforma al artículo 115 constitucional, mediante la cual se permitiría la reelección de presidentes municipales en periodos consecutivos. Si bien después se aclaró que dicho envío fue por error -pues se trataba de un proyecto en estudio que el Jefe del Ejecutivo de entonces todavía no avalaba-; lo cierto es que la noticia confirma la intención de la clase política del país de introducir cambios a la Ley que les permita continuidad y permanencia en el poder.
No estaría mal la reelección: mejoraría la carrera en el servidor público y profesionalizaría los legislativos –aun se insista en que no somos aun un pueblo maduro-, pues aquel gobernante, alcalde o legislador que no responda sus ofrecimientos y compromisos no sería reelecto por el pueblo. Pero la reelección no podría ser de facto: el aspirante de que se trate tendría que participar en la contienda constitucional sin más ventaja –que puede ser su bandera de campaña- que el trabajo realizado durante su gestión.
Por el momento nada, solo insinuaciones para alcaldes, que más bien parece un boceto para medir la temperatura nacional en torno a ese tema tabú, que ya va a cumplir un siglo.
