*Ruta cortada
René Delios
No es la primera vez y ni lo será en que los representantes populares no cumplen sus promesas de campaña, y más cuando las circunstancias les favorecen para no hacerlo, con un cinismo tal que uno se lamenta el haber votado –y hasta apoyado- en su favor.También sucede que aparecen en el escenario -aprovechando coyunturas como ésta elección federal intermedia-, personas que juzgan la actuación del regidor, alcalde o diputado local o federal e incluso la del gobernador, por no cumplir cuando, el origen subterráneo de la queja es otro, y hasta hay oficinas en la secretaría de gobierno del estado, cuyos elementos se la pasan tratando de desentramar el origen del “problema social” en el municipio o comunidad o circunstancia y ¡Oh, sorpresa! que el complicado asunto no es otro que una mera estrategia de colocación. Si, todo el morlote es por un cargo para determinado grupo en un lugar especifico del ayuntamiento o del gobierno del estado, para poder tranzar o traficar influencias.
De ese tamaño.
¿O ignoran que, decenas de democráticos paros magisteriales en diversas regiones del estado –afectando a miles de niños y adolescentes cínicamente- fueron para que tal dirigente local fuera el candidato a diputado por el partidazo otrora, o su clon, como lo es el PRD ahora?
Antes tanto la sección VII como la sección XL tenían su cuota en la cámara local de diputados, hasta que en los tiempos duros de Patrocinio se los quitaron. Y así sucedía con los transportistas, con los de las cámaras de prestadores de bienes y servicios, que se disfrazaban de políticos a través de partidos como el PRI o el PAN –pues ser adinerado y estar con el PRD era una aberración-, y se colocaban en las cámaras de diputados en el ámbito local, y de vez en vez, salía uno que sí tenía madera de político.
Pero cuando esos grupos o cotos de poder sentían que se les iba la diputación, su cuota, iniciaban paros, bloqueos de carretera, anunciaban baja venta y posibles despidos, detenían el transporte, cada cual según su ramo, ejercía presión hasta que les daban su diputación.
Así fue la cosa y el tributo para las oligarquías como pago a su lealtad, durante un largo periodo del siglo pasado.
Pero esa es otra historia.
El asunto es que los candidatos prometen y prometen durante la campaña, utilizando el tiempo y la inteligencia de sus cercanos para sus fines personales, y a la hora de las correspondencias se olvidan de lo pactado, y queda claro que un cabrón o cabrona de esas no va a representar a nadie más que a sus mentados intereses, como lo vemos en un buen de representantes populares ahora, tanto en la cámara local y en las federales, que no voltean ni a ver a los que apoyaron su causa alguna vez.
Y así sucede –no me lo esta preguntando- con los alcaldes, caciques de trienio que de pronto se sienten la perla en el lodo, me cae, y no solo dejan de cumplir los acuerdos, sino que abusan del cargo y se roban lo poco que llega al municipio, o lo desvían para beneficio de su clase política, es decir de su grupo, porque cada alcalde tiene la idea de que es un chingón, y busca fincar compromisos con los que según, lo pueden impulsar para la diputación local y hasta la federal, primo.
La cosa es que sobre ese tenor de incumplimiento, apareció una nota ayer sobre Ostuacán, el municipio al norte del estado que hace casi dos años fue noticia mundial por el derrumbe provocado en un cerro, y que mató a más de veinte personas. De acuerdo a esto, habitantes de esa localidad manifiestan su malestar e inconformidad en contra de Flor Ángel Jiménez Jiménez, la presidenta municipal, ya que a 17 meses de su administración no se ve reflejado avances en materia de infraestructura social.
Ni al caso. Si ha habido un municipio de promedio regular, precisamente atendido luego de los 28 de menor desarrollo humano, es Ostuacán.
Presupuestos federales y estatales llegaron a ese lugar luego del derrumbe que sepultó –luego de una detonación, insisten los lugareños- a “Juan de Grijalva”, comunidad perteneciente a ese municipio.
La sola asistencia o demanda de servicios para cientos de trabajadores que abrieron el cause durante mes y 15 días, además de la cuadrilla que ahí quedo, y la respuesta interinstitucional y transversal de los gobiernos de Calderón y Sabines además de la ayuda internacional hacia ese lugar, evidencian una derrama económica nunca antes vivida en ese pequeño pueblo.
Pero o la misoginia o las presiones políticas, hacen que dos o tres comunidades, o una organización resentida –o alguna política turbia desde las alturas estatales-, “denuncien” que la alcaldesa no trabaja porque no les ha cumplido nada de lo prometido en campaña.
Y me regreso, pues en la misma queja esta la evidencia oscura: “a 17 meses de su administración no se ve reflejado avances en materia de infraestructura social”.
¿Porqué a los 17 meses de la administración?
¿Qué aguante o es mera casualidad que se registre esta inconformidad a unos días de la votación federal?
Digo, porque falta mucho tiempo para elegir candidatos a alcaldes, pues recordemos que habrá elecciones en agosto 20 de 2010, para elegir munícipes y diputados con vigencia de un año 8 meses, para homologar las elecciones estatales con las federales en 2012, y reducir los gastos de campaña y no nos salga tan cara la “democracia” estatal.
¿Qué más habrá tras éste tipo de declaraciones fuera de –o desfasadas con el- tiempo político?
Poca cosa.
La otra es que a lo mejor fue el propio reportero el que le dio intensidad de más a la información que sobre Ostuacán apareció ayer lunes, porque en domingo cuando la escribió, no había políticamente qué destacar, y lo que recorría las calles y avenidas de nuestra capital era el comentado bautizo de Xavier, hijo de Miguel González Alonso y Kendra Juárez Molina, que se realizó ese domingo en la Iglesia de Santo Domingo, una nave tuxtleca del siglo XVI que ha sido poco apreciada para éste tipo de eventos religiosos, y que luego de medio siglo de ese olvido la ponen de moda Miguel y Kendra, apreciada pareja en todos los estatus y cuyos compadres, Juan Sabines Guerrero e Isabel Aguilera de Sabines, se hicieron tiempo dentro de sus cargadas agendas para testificar y celebrar el primer sacramento de Xavier González Juárez, en un hecho social que se festejó en los salones grandes del Hotel Camino Real, y que va a ser obligada mención para todo aquel que a posteriori escriba sobre el tiempo tuxtleco, de estos primeros años del tercer milenio.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
