Tubo de ensayo

*Caminantes

René Delios

Las campañas políticas siguen avanzando y pocos candidatos son los que se ven.
Hecho que resalta la indiferencia de los candidatos de otros partidos con mayor presencia por realizar verdaderos actos de campaña y únicamente sus rostros en televisión, pendones y hojas impresas marcan su participación, cuando consideran que el triunfo está en sus manos. Los ciudadanos contestan igual.
Platicas con organizaciones o prestadores de bienes y servicios, acercamiento en centros laborales, y otras estrategias que pudieran volver a atraer a los ciudadanos, están ausentes, y desde luego, el clamor común de que “no hacen nada”, marca definitivamente la idea de lo se va a hacer en la cámara un diputado federal.
Desde luego que la clase política en campaña señala que tienen posibilidades, pero éstas que pudieran darles el triunfo, no necesariamente lo significan. Queda pendiente el que en los partidos no hay trabajo político y solo un tráfico de influencias y corrupción política que aleja a la militancia de la participación.
Esta ausencia es clara en la resultante electoral, que de acuerdo a especialistas podría ser de las más altas abstenciones registradas.
¿Con cuantos votos promedio gana un diputado con relación a la lista nominal?
Desde luego que su triunfo de baja votación es legal, ¿pero lo hace legitimo?
Los institutos políticos están ya obligados a establecer un diálogo interno que conlleve a revertir el fenómeno del abstencionismo. En un régimen de partidos resulta oneroso que el voto sea tan caro y que la fuerza electoral no participe activamente.
Atenta incluso a las finanzas públicas con relación al voto-prerrogativas, y desde esos órganos electorales que otorgan las mismas, no hay una exigencia para el desarrollo político de los partidos, que no es otra cosa que la participación de la gente y la fluctuación de las ideas y planteamientos políticos de los ciudadanos, para que a través de los candidatos electos, se hagan políticas de gobierno o leyes en éste caso, a través de los legisladores federales a elegir.
No sucede eso, y al parecer ni a partidos y ni a candidatos les importa: el objetivo es ganar aunque sea con poco margen de votación global, con personas que como vemos en el ámbito local, muchos no tienen ni discurso, ni propuesta o no han tenido la suficiente participación partidista o en el servicio público como para hablar en un momento dado de profesionalizar el trabajo legislativo.
Ese es otro tema aun muy distante de cumplirse en México.
Y ahí andan los candidatos, cumpliendo la agenda electoral, y con su agenda de campaña a motu proprio.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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