Tubo de ensayo

*Escrito por fuera
René Delios

Mientras en República Dominicana se conocía el fallo de la Justicia condenando a 30 años de prisión al asesino del periodista Juan Andújar, en Guatemala era acribillado, el 3 de mayo pasado, Mario Rolando López Sánchez. Allá en Guatemala, en el gobierno –al parecer- demoledor e intolerante de Alvaro Colom, López Sánchez, de 64 años, fue asesinado el 3 de mayo -día internacional de la Libertad de Expresión que, pasó desapercibido en éste nuestro México de silencios prolongados-, por unos compas que no se llevaron ni documentos ni dinero, ni su vehículo, de modelo reciente, que se encontraba estacionado a pocos metros del hecho. No se llevaron ni su teléfono celular que, en Guate es moda robar a plena luz del día, a grado tal que los más, usan dos: el bueno y el “frijolito.
Regresando al punto, el crimen ocurrió en el Nimajuyú, zona 21 de la ciudad de Guatemala, cuando el periodista se disponía a ingresar a su vivienda; fue baleado por desconocidos y, aún con vida, trasladado por bomberos voluntarios al Hospital Roosevelt, donde falleció.
Lo que si esta claro es que el método, es parecido al utilizado sobre tundemáquinas en Tabasco, Veracruz, Tamaulipas, Guerrero y Chihuahua, acá en México, a miles de kilómetros de Guatemala.
¿Narcos los asesinos del periodista en Guatemala?
Poco probable.
Los narcos y los periodistas en México no tienen diferencias; nacen en conciencia y consistencia: la ola de crímenes en nuestra contra creció en la medida en que se evidenciaban más sus células y lo obvio de los infiltramientos en las policías. Empezaron a ser noticia, cuando su labor era discreta: antes los zetas no podrían ser; hoy son cosa común en todos los diarios del país y del interior de la República, y hasta celebran ser llamados el brazo armado del cártel del Golfo, cuando su labor –otrora- era discreta, limpia.
Hoy pocos dudan que los zetas sean los responsables de éste o aquel asesinato en México.
Pero en Guatemala es distinto: no están ocupados los zetas en la búsqueda de notoriedad; contrariamente apenas se dejan ver. No son nota recurrente como acá.
Sin embargo con Colom antes del escándalo que se vive en el vecino país, ligar al gobierno colomnista con el asesinato del periodista, era improbable, ahora, las cosas cambian.
El sino de la intolerancia oscurece al gobierno “democrático y abierto” de Colom quien, asegura que no renunciará, y no se espera que lo haga, pero lo cierto es que ya quedó evidenciado.
Guatemala y Chiapas no tenían buena cercanía a pesar de compartir el mismo origen.
Claro que hay los que dicen de dientes para fuera que las relaciones son excelentes. Lo pueden ser recientemente -¡Ya te vieron la cara de mexicano! Dicen allá a todo estafado o mofado-; no hace mucho éstas estaban tirantes cuando, los kaibiles entraban a territorio chiapaneco a matar refugiados, y porque los migrantes de ese país eran vejados por mexicanos a su paso por el país con rumbo a Estados Unidos.
Lo cierto es que con Colom, el presidente de México, Felipe Calderon y el gobernador de Chiapas, Juan Sabines, mantienen la relación necesaria para una buena vecindad. Incluso ambos –el presidente y el gobernador- fueron juntos a la toma de posesión de éste compa, quien habló de las prepotencias y atrocidades del pasado en su país, y que concluían -según esto- con la llegada de su gobierno.
Podemos decir tranquilamente que no.
Cuando la presión social empezó a manifestarse en los medios de comunicación guatemaltecos, el gobierno de Colom reaccionó con intolerancia: canceló la publicidad oficial a éstos, en vez de analizarlos como termómetro social de lo que las masas y sectores opinaban de su gobierno, contrario censu, los vio como los que inflaban en los contenidos de la información, la inconformidad social.
¿Qué dirá ahora con tantos en su contra?
Es decir que, se comportó igual que cualquiera de los gobiernos gorilas que ha habido a lo largo de la historia reciente en América Latina.
El escándalo crece, pero también el morbo informativo, pues no hay manera de culpar directamente al presidente guatemalteco, Álvaro Colom, por el asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg, ocurrido el pasado 10 de mayo.
De todos modos, opositores a Colom recabaron más de 35 mil firmas en los últimos días, que entregaron al legislativo federal de ese país, para que inicie los trámites de antejuicio –llamado juicio político acá- contra Colom.
Mientras todo eso pasa, Ministros de Relaciones Exteriores y embajadores europeos respaldan a Cicig para aclarar el asesinato del abogado Rosenberg, mientras América Latina guarda silencio.
¿Porqué?
¿Qué acaso Colom se prestó para el experimento de desafiar a las oligarquías de las trasnacionales que exprimen a esa pequeña nación, incluyendo los mexicanos Carlos Slim, Carlos X. Gonzales, Salinas Pliego y Azcarra Jean?
Si es así, que huevos, pues bien vale una muerte y todo el quemón que vive Colom, para librar a ese pueblo de tales sanguijuelas, primo, y hasta se entiende el silencio de las naciones hermanas de Centroamérica. Si no, pues estamos hablando solo de un intolerante asesino que debe pagar por eso y a lo mejor, por otros crímenes, aun la carita de “no rompo un plato” que tiene.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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