Tubo de ensayo

René Delios

*Fumando un cigarro

Personalmente a Jaime Sabines no le gustaba escribir en revistas especializadas de literatura y poesía, pero de él si han escrito múltiples especialistas sobre su obra al grado tal que lo han mitificado.Sabines era tan común como cualquiera, pero sabía como pocos expresar en metáfora visceral su sentir y, todavía, estructurarlo de tal forma que las cosas sonaban como de encantamiento, en ese tono de voz doliente que lo hacen único.
Me decía años ha Joaquín Vázquez Aguilar, que “es de la chingada no saber leer tu propia poesía”, y son los más, los poetas que nada más no tienen la sonoridad en la voz como para llegarle a los poetas chiapanecos –Casahonda, Robles Sasso, Garduño; célebres también por eso-, cuya modulación de voz atrae e introduce al escucha en el poema, viviendo y vibrándolo como si el poema fuera de uno.
Así Sabines, al que escuche tres veces en la vida, una de ellas en Yuria, en dónde trató de a jefe a todos los presentes, y las otros en el Poliforum Mesoamericano y luego en Bellas Artes cuando su homenaje al final de la vida; la misma voz, nunca se agrieto la sonoridad tuxtleca.
El nombre de Jaime Sabines (1926-1999), el poeta mexicano –me la juego- más leído, memorizado, citado, querido y admirado por varias generaciones de amorosos inefectivos pero recalcitrantes, será inscrito en letras de oro en el recinto del Congreso Local en Sesión Extraordinaria.
Se sabe también que se publicará en fecha próxima una serie de 125 cartas inéditas, correspondencia dirigida a su esposa Josefa Rodríguez, doña Chepita.
Como sabemos en Chiapas, el año de 2009 fue decretado por el Congreso Local –una de las pocas cosas que ha hecho bien- año del poeta de Tarumba, con motivo de su décimo aniversario luctuoso.
El anuncio de la publicación de dichas cartas escritas cuando el autor de Mal Tiempo vivió en la ciudad de México genera expectación. Sabines no fue nunca un vanidoso y poco se sabe de su vida privada.
¿Qué más agregarle al historial de quien vivió tanto la poesía, de la poesía y en la poesía?
Muy poco: quizás lo personal del amor; del cómo lo sentía éste hombre del trópico ya en corto, y que podremos conocer –con todos sus matices- en esas 125 cartas escritas a la señora Chepita años ha.
Del carácter explosivo de Sabines pocos hablan; era muy parecido a los de su hermano Juan, y también celebre por mandar a la chingada las lagrimas y ponerse a sufrir por todo el pueblo de Chiapas, por cuya actitud le preservan un gran cariño.
Sin embrago, Jaime se ganó su propio espacio, ahora sí que letra a letra, desde Horal hasta el Nuevo Recuento de Poemas, desde la tienda de la familia en la segunda oriente y cuarta sur, hasta el Palacio de Bellas Artes en el centro histórico de la Ciudad de México, y se hizo grande.
Para Elene Poniatowska, para el mismo Octavio Paz en su momento, para Alí Chumacero, Jaime Sabines es mención obligada para hablar de la poesía mexicana.
De llamada tendencia visceral, Sabines no estaba muy de acuerdo con la tendencia cerebral de adornar la cosa en movimiento; para él –según leo- el movimiento de las palabras, no debían sitiar al sujeto en el efectivismo o academicismo, y por ello en las altisonancias y las irreverencias eran cosa frecuente en el entramado de sus líneas.
No es éste bodrista un especialista en Sabines –y ni quiero, prefiero pervivirlo en mi torre sin cuadrivios, me cae-, pero desde luego que reconozco su importante aporte al último tramo de la poesía mexicana en el siglo XX.

Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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