René Delios
Valls/Tuxtla
Pobremente, los adversarios de Jaime Valls Esponda, inician desde ahora una campaña infame que denota que el abanderado perredista es el candidato a vencer.
Sin embargo, se debe precisar que Valls tiene ascendencia chiapaneca: sus cuatro abuelos como sus padres, nacieron en Chiapas y ya con eso bastaría, de acuerdo a la ley. Pero nacido en Tuxtla, goza de todos sus derechos políticos y ciudadanos para ser candidato y desde luego, gobernante de la capital del estado de Chiapas.
Con 17 años en el servicio público, con estudio de maestría en economía, el ex tesorero del ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, decidió renunciar a la secretaría de planeación y desarrollo sustentable del gobierno del estado, y a la coordinación general del programa “Chiapas Solidario” –que es el plan rector del sexenio-, por iniciar una carrera política luego de 17 años en el servicio público de tiempo completo, pues Valls Esponda no es empresario, no tiene rancho ni tienda de abarrotes. Es uno de esos políticos intelectuales egresado de la Iberoamericana, cuyas notas excelentes se verificaron en la comuna tuxtleca en no pocas ocasiones, en el breve lapso en que se desempeñó como tesorero, en dónde estiro el dinero con la obvia ampliación de cobertura para la atención ciudadana y urbana.
Sé que en breve se le van a ir a la yugular al nuevo perredista, incluso por los mismos perredistas traidores que desde los diarios manifiestan su inconformidad por lo que ellos llaman una imposición, sin observar que en el consejo político los más de sus miembros, aprobaron la propuesta de Valls, cosa permitida dentro de los estatutos perredistas que aceptan hasta en un 15 por ciento del total de las candidaturas, las propuestas externas.
Pero también en Valls el PT, Convergencia y PVEM, vieron a su candidato.
Los más se empeñan en señalar que, el ex secretario, va a ser el alcalde de Tuxtla porque es amigo del gobernador, cosa magnífica en caso de que gane la contienda, pues es mejor el “amén” con el mandatario que las divergencias, como sucedió con Enoch Araujo y Ruiz Ferro, y Victoria Rincón y Salazar Mendiguchía, perjudicando a los tuxtlecos que, a la fecha pagan las consecuencias de los retardos en obra urbana, por las controversias de Araujo y las obstinaciones de Rincón.
Sí, Valls y Sabines son amigos, no de la jerigonza política, sino desde la estudiantil. Se conocen desde chamacos.
Pero para asuntos de la política electoral esa es otra vaina. Valls no la tiene fácil. En términos reales, es el PRI que más votos obtuvo en la homologa anterior, abanderando a Sabines, de quien recuerdo que para la interna de su entonces partido, el PRI, nadie le hizo sombra: el hoy gobernador ganó la municipalidad tuxtleca por más de setenta mil votos; en esa fecha, el PRD logró un poco más de ocho mil, y menos que eso el PT y Convergencia juntos.
Su tiro, aunque distante, se la dio con el PAN, que abanderaba a Juan Carlos cal y Mayor, el hoy responsable de las relaciones Internacionales del gobierno sabinista.
Luego del PRI, el PVEM pareciera contar con la segunda posición en Tuxtla. Esa porcentual se medirá en la elección de octubre, que de ganarla, valdrá el cobro que el verde ecologista le hace al PRD por abanderar en alianza a Valls, quien es a la sazón, la candidatura municipal más importante en la historia de la centro izquierda chiapaneca, luego de la magra campaña y resultante de Aquino Juan, como su candidato por Tuxtla en 2004.
Con Valls, el PRD puede colocarse como gobierno en la capital del estado, y pues luego de ganar la gobernatura, subir a la capital estatal, además de lo que se logre en ayuntamientos y distritos, significaría un avance a destacar ante la presunta regresión que padece la izquierda mexicana que, para muchos de sus mejores expresiones, es necesario refundar.
La figura de Bayardo Robles Rique, el diputado local que busca la candidatura por el PRI, no debe ser soslayada. Hacerlo sería un error garrafal. Robles Rique es arquitecto, empresario de la construcción. Ha tenido un buen trabajo político, y ganó el distrito oriente en 2004 sobre la personalidad de Enoch Araujo, el ex alcalde panista que venía de la diputación federal seguro de sí.
Lo borró Bayardo. Actualmente y por la coyuntura, minimizan ese triunfo con el argumento de que el arquitecto se colgó de Sabines, que competía para alcalde. No, no es oficio del político confiarse de esa versión y contrariamente, hay que verlos como lo que son: dignos adversarios, en calidad de iguales.
Lo anterior porque al momento, por la resultante de la homologa de 2004, Tuxtla es priista; la otra es que si nos colgamos del resultado de 2006, sería esperar el mismo efecto del que pudo haberse beneficiado Bayardo en 2004, independientemente de que ninguna elección es repetición de otra, y de que, nada garantiza que, los que votaron por Juan Sabines el año pasado voten por Jaime Valls en éste.
La centro izquierda como expresión debe ir con todo en la capital, y el efecto dominó pudiera cundir por el centro del estado, aun veamos ahora que diversos voceros sin consultar a sus respectivas expresiones, sentidos porque no fueron nominados, se la pasen descalificando a su dirigente quien, más que la verdad, de incrementar los porcentuales –como muy seguramente sucederá- les va a callar la boca a sus iracundos detractores, los que ya en corto negocian por su silencio regidurías y otras posiciones para sí.
Sí, así son en el PRD.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
