Tubo de ensayo

Suma de cuentas

René Delios

Más allá de consignas en contra de un medio de comunicación y su manejo de la información, aparece que esa agresión bélica en contra de Televisa Monterrey alerta sobre lo que acecha detrás de una denuncia.
No es esa empresa y otros medios los portadores absolutos de la verdad, pues bien sabemos que a nombre de la libertad de expresión se cometen muchos abusos y desde luego, se adjudican muchas censuras con fines de lucro, otra cosa es que los narcos sientan que están en desventaja porque sus acciones delictivas, sus cosechas de violencia y su forma deshonesta de ganarse la vida, sean ventiladas en los medios informativos, y hacen valer su postura con granadas, balazos, muerte.
La empresa en esa entidad del norte, se destacó de otras instaladas en ese estado, por advertir sobre las narco campañas municipales y a diputados locales realizadas en 2008, y la amplia gama de posibilidades para las federales intermedias de éste año, señalando lo que aquí hemos expuesto, en el sentido de que los filtros o el llamado blindaje electoral, no va a tener capacidad para verificar de entre mil 500 a mil 800 candidatos de todos los partidos en busca de las 300 curules de San Lázaro.
No de ahora, sino desde décadas atrás hay municipios norteños de diversas entidades, que ven cómo sus presidentes municipales son impulsados por campañas pagadas por el narcotráfico. Son secretos a voces. De igual manera, las acusaciones morales que pesan sobre algunos mandatarios -presentes o pasados- han terminado en asesinatos de periodistas, como si eso concluyera con las denuncias que, como ésta, continuarán día a día pues cada seis meses egresan de escuelas públicas y privadas, cientos de Licenciados en Ciencias y Técnicas de la Comunicación, con otra visión para y con México, en la idea mayúscula de que debemos –urge- hacer de éste país una nación de leyes vigentes y respetadas.
Lo anterior porque ha sido notoria y valerosa la forma en que la prensa de provincia asume estas víctimas del narcotráfico: en septiembre de 2008, Alejandro Zenón Fonseca Estrada, conductor del programa noticioso “El Padrino”, en la radiodifusora “Exa FM” de Villahermosa, Tabasco, fue asesinado a balazos por un comando, cuando colocaba la cuarta manta en un céntrico cruce de esa ciudad, acompañado de su personal y radioyentes, por medio de las cuales se manifestaba en contra del crimen organizado y el incremento de secuestros. No obstante que varios días anunció su propósito, las autoridades no le brindaron la más mínima protección.
Doble contra sencillo que la familia de los 11 compañeros asesinados y del desaparecido en 2008, no merecen la más mínima seguridad por parte de los gobiernos de sus entidades respectivas. Por ello, en materia de Derechos Humanos, el gremio periodístico, al igual que otros grupos violentados, nada tenemos que celebrar ni aplaudir en torno a la seguridad nacional y toda esa parafernalia, como las agrupaciones y organizaciones de periodistas –más bloff que acciones- en éste país.
Se recordará que en abril del año pasado cayeron Felicitas Martínez Sánchez y Teresa Bautista Merino de apenas 21 y 24 años de edad, respectivamente, periodistas indígenas de la radio comunitaria “La Voz que Rompe el Silencio” del municipio de San Juan Copala, Oaxaca, fueron acribilladas a tiros por varios individuos cuando viajaban a la capital oaxaqueña para participar en un seminario en defensa de su comunidad; en junio, Candelario Pérez Pérez de 31 años, periodista independiente y editor de la revista policiaca “Sucesos de Chihuahua” fue la víctima. Era originario de la ciudad de Chihuahua; se encontraba visitando a sus familiares de Juárez y murió baleado en el cruce de las calles Libertad y Juan de Oñate, de la colonia Chaveña, cerca del centro de la ciudad, la noche del lunes.
En octubre Miguel Ángel Villagómez Valle, director y editor del periódico regional “La Noticia” de Lázaro Cárdenas, Michoacán, al salir después del cierre del diario rumbo a su domicilio, fue “levantado” por un comando y, al día siguiente, fue encontrado su cuerpo con 6 balazos en la espalda y el tiro de gracia, en un paraje cercano del vecino estado de Guerrero. Por su parte, David García Monroy, columnista del “Diario de Chihuahua”, fue ultimado con ráfagas de metralleta por un comando que entró a un bar de la ciudad capital Chihuahua, según se informó, que perseguía a 4 individuos, y que disparó indiscriminadamente con los ahí presentes. Otras 4 personas resultaron heridas. Francisco Javier Salas, voceador del diario “El Mexicano” de Tijuana, Baja California. Fue ultimado por un comando a las 5:00 horas, cuando se disponía a iniciar su trabajo. Se informó, que los sicarios lo mataron por haber sido testigo de unas amenazas.
El 8 de julio de 2006 desapareció Rafael Ortiz Martínez, reportero de “Zócalo”, de Monclova, Coahuila, al terminar su jornada de trabajo. El 30 de noviembre de 2006 –recíen entrado Calderón-, José Antonio García Apac, director del periódico semanal Ecos de la Costa, de Lázaro Cárdenas, Michoacán fue secuestrado al realizar un viaje de la ciudad capital, Morelia, al municipio de Tepalcatepec. Según testigos fue interceptado en la carretera y bajado de su automóvil por los tripulantes de una camioneta Ram, color guinda, en la cual se lo llevaron con rumbo desconocido.
El 19 de enero de 2007, Rodolfo Rincón Taracena, reportero del diario “Tabasco Hoy”, de Villahermosa, Tabasco, desapareció, luego de que tres días antes su periódico publicó un amplio reportaje acerca de las actividades del narcomenudeo en la entidad. El 10 de mayo de 2007. Gamaliel López, reportero y Gerardo Paredes, camarógrafo, ambos de TV Azteca del Noroeste, al parecer fueron interceptados por cuatro sujetos cuando salieron a realizar un reportaje sobre el nacimiento de unas siamesas en Monterrey, Nuevo León. Desde entonces no se sabe nada de ellos. El 13 de febrero de 2008. Mauricio Estrada Zamora, reportero del periódico La Opinión de Apatzingán, Michoacán, desapareció desde la noche de ese día y desde entonces se desconoce su paradero y no se ha informado de algún llamado de sus posibles secuestradores.
Los compañeros asesinados de 1983 al 2000 son: Eliseo Morán Muñoz, Manuel Buendía Téllez Girón, Javier Juárez Vázquez, Jorge Breñas Araya, Ernesto Flores Torrijos, Norma Moreno Figueroa, Odilón López Urías, Jacobo Jesús Michel, Manuel Bargueño Orduno, Héctor Félix Miranda, Ronay González Reyes, Linda Bejarano, Alfredo Córdoba Solórzano, Víctor Manuel Oropeza, Juvencio Arenas Gálvez, Gabriel Venegas Valencia, Jorge Agustín Reyes, Enrique Peralta Torres, José Luis Rojas, Ruperto Gerardo Armenta, Cuauhtémoc Ornelas Ocampo, Dante Espartaco Cortés, Fernando Martínez Ochoa, Abel Bueno León, Benjamín Flores González, Víctor Hernández Martínez, Margarito Morales Ramírez, Luis Mario García Rodríguez, Pedro Valle Hernández, Claudio Cortés García, Philip Trae, Mario Morales Palacios y Ramiro Ramírez Duarte.
¿Se acuerdan de ellos en las agrupaciones de periodistas?
Seguramente, pero nada se ha hecho por las familias de los ultimados de los que, también seguramente, no sabemos nada.
El narco en México se ha popularizado al grado que los narcocorridos hacen apología de su forma de vida y de sus andanzas como si fueran cosa de altura. Para mucho cabrón en el país, esa es la forma digna de vivir y de entender una nueva versión del sueño americano, pero en suelo propio: dinero, vida fácil, trabajo imponente y mujeres –con todo respeto- dignas de ostentar una corona de belleza.
Es el sueño de poseer una Hummer, enormes torzales y diamantinas cadenas de oro al cuello, con dijes de alacranes o cuernos de marfil, o contar con armas de cachas de oro e incluso, desafiar al pensamiento libertario –que le sigue costando manifestar a la humanidad- con bombas para que la información sea autocensurada y para que la sociedad sepa lo menos posible de las actividades delictivas del crimen organizado, incluyendo, desde luego, su inclusión en la política, como se sospecha buscarán hacerlo en las próximas federales intermedias.

¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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