Tubo de ensayo

*El sol con un dedo

René Delios

Desde luego que los petistas locales van a negar toda fractura importante al interior de su partido, que en Chiapas apenas tiene representatividad, y eso gracias a la colgada que se dieron del PRD desde las elecciones estatales de 2000, en que participaron con el que ganó la gubernatura estatal, pero no han logrado en las subsecuentes elecciones crecer significativamente en gobiernos municipales ni diputaciones locales, y a lo más conservan la plurinominal por la tercera circunscripción federal, en el entendido básico de que se quedaron sin discurso desde hace mucho tiempo pues, son más institucionales que otrora el PRI.
En total el PT cuanta en Chiapas con 2 de 40 diputados; en la federación 14 de 500 diputados y dos senadores de la República.
Abruman con su presencia política.
Su situación en la entidad es clara. Al interior de ese partido, las posiciones son rotativas salvo para los que tienen cargo público. Pocos de sus dirigentes han ganado contiendas electorales, y son éstos generalmente los líderes morales como es el caso de Arturo Velasco, el actual director del Colegio de Bachilleres de Chiapas, quien ya fue director del Isstech pero también, diputado local por el distrito de Yajalón.
El PT es de los llamados partidos bisagra que bien puede hacer alianza en Chiapas con el PRD como lo hizo en 2000 y 2006, e igual con el PRI como lo hizo en Oaxaca en 2004. Sí, éste partido avaló la candidatura –y guardó ignominioso silencio- cuando Ulises Ruiz Ortíz atracó con todo a la APPO, y de igual manera sucedió cuando, la llamada “cocina oaxaqueña” financiaba a José Antonio Aguilar Bodegas, en la campaña de 2006 a la gubernatura del estado.
De dónde se desgarran las vestiduras ahora ¿Corrupción en ese partido? ¡Por supuesto! Pero de la peor: la corrupción política, la coludida, la llena de intrígulis que impide que nuevos cuadros se manifiesten y hagan de ese clon de colocaciones, un partido por el trabajo y por la democracia, y contrario censu, guardan ignominioso silencio igual que todos la demás centro izquierda –PVEM, Convergencia, PRD-, ante la llegada por ejemplo, de perseguidores de la centro izquierda como lo fue Noé Castañón León, de la mano con Albores y Alfonso Utrilla, quien ocupaba su lugar y quien se encargaba de una especie de Cisen que el hombre quería fortalecer en ese entonces, en que todos los funcionarios, todos –y hasta sus queridos y queridas-, eran vigilados e investigados en una especie de paranoia institucional que le causó más daño al aparato, que beneficios, pues hasta los priistas votaron en contra aquel 20 de agosto de 2000.
Pero esa es otra vaina.
La cuestión aquí es lo grave que se encuentra el trabajo político en los partidos, que son –de acuerdo a los que saben- el instrumento político por los cuales la ciudadanía expresa –a través de representantes- sus tendencias político sociales. Pero tronadas las convicciones, e impuestos los intereses, ¿qué gusto hay de la base en éstos partidos que, para colmo, se han vuelto caterva de cofradías disfrazadas de “corrientes” políticas?
Por eso la manifestación del abstencionismo no es gratuita y es un absurdo que desde los órganos electorales, desde los institutos políticos, desde las oficinas de campaña pregonen elecciones exitosas cuando, queda en duda la legitimidad por el porcentual de votos del ganador, ante la lista nominal, cuando nuestros gobiernos se sustentan en un régimen de partidos cuya sustancia medular es el voto.
¿Cómo entonces decir que tienen representatividad cuando hay en cada elección más municipios, más distritos, más entidades que se suman a los altos índices de abstencionismo.
Desde luego que los dirigentes de los partidos, y menos los recientemente electos, quieren tocar el tema, pues no avalarán nunca que no son legítimos representantes populares con solo un 22 por ciento de votación a favor.
No, de hecho ni los partidos tienen tal representatividad, de ahí que se recurra a las coaliciones o alianzas, para sumar los porcentuales y dar legitimidad a los ganadores.
Pero ahora resulta que hasta las coaliciones no dan los porcentuales esperados, por lo que las elecciones federales intermedias tiene especial interés para los que estudian la ciencia política en México, cuyo electorado no vota porque sí sabe que sus representantes populares están completamente desvinculados de ellos, y más ahora en que la gran mayoría de candidaturas se van a determinar de manera cupular.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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