Tubo de ensayo

*Sin ver

René Delios

La eutanasia como el aborto son decisiones personales que no deben de depender de la rectoría del estado.
Cada cual es dueño de su vida como de su cuerpo; cada quien asume el cómo nutrir y fortalecer su alma y su espíritu. Obvio es que a lo largo de la historia humana han existido instrumentos que han buscado controlar estos cuatro aspectos de la existencia: cuerpo-vida, alma-espíritu, y la rebelión ha surgido ex profeso pues el ser humano es libertario desde la vez aquella en que Dios lo hizo a su imagen y semejanza, esto es, con la capacidad innata de concebir antes de hacer, por eso el poeta Goroztiza lo ejemplifica magnifico en su Muerte sin fin: ¡Oh inteligencia!/¡soledad en llamas!/¡que todo lo concibe sin crearlo!… Sin embargo, los que se sienten los cuidadores de la palabra parecieran no advertir el concierto de la humanidad, sus niveles de información y formación. Deslizan lo que pasa y plantean asuntos absurdos.
Ya lo escuchamos la vez aquella en que el arzobispado solicitó a la población chiapaneca la abstinencia sexual para no contagiarse de Sida, y solo faltó la amenaza de excomunión –eso solo lo puede hacer Dios- frente a las torres del delirio, para todos aquellos que ¡contra natura! Hagan el amor con alguien de su mismo género.
La cuestión aquí es que el sida es real, como lo es el aborto; la abstinencia sexual para prevenir el sida, como el no permitir leyes que faciliten abortar, no detiene ambas cosas. Por un lado es necesaria la información sexual desde la primaria misma, abiertamente ¡Por Dios!, e informar a los niños de los usos del pene y la vagina, sin panchos.
De la misma manera el aborto: hay que legalizarlo; sucede, hoy y mañana y pasó ayer. Fingir demencia ni al caso: ni el sida y ni el aborto son males sociales como para desgarrarse las vestiduras. Los males sociales son la corrupción, la marginación, el desempleo, la delincuencia, la mentira y la inquina; esos son verdaderos males sociales, y mucho de ello radica en los pastores de los tantos dioses que pululan en las tantas iglesias de Dios, primo.
Así la eutanasia: pasa. Sucede a diario con los suicidios; alguien dice hasta aquí, y se mata.
La idea santa es que el que se quita la vida se va al infioerno y el infierno esta en la tierra; sencillamente se priva de susentidos para siempre. Dios cumplió con él o ella al darles la vida, al matarse o decidir morir, la pierde, ahora sí que para siempre pues no regresa –como dice Sabines- “el polvo de oro de la vida”.
Dios no prometió vida eterna para todos.
Se lo prometió a la humanidad como género, es un concepto en proceso, hay que entenderlo.
Pero nos han dejado caer el hueso con eso del infierno, del castigo divino.
¡No es cierto!
Tarde o temprano esas moralinas fingidas del clero y gobierno se van a ir al cielo. Se van a ir también las hipocresías en las cámaras, y los sanos criterios humanos van a imperar. Nos han llenado de tanta perversidad que no tenemos otra que ponernos candados para actuar, “con libertad”.
Así, a una persona la obligan a estar en el cuerpo que no quiere estar, y si se libera se fue al infierno. Otros que, liberan su cuerpo de las ataduras morales, son homosexuales, lésbicas y contra naturas y, las que deciden no tener un hijo pues son asesinas y las castigan con cárcel porque no se quieren deformar, mientras desde el pulpito gritan los purpurados que las flagelen hasta sangrar.
Las cosas siguen pasando, solo eso, continúan, aun las moralinas y vainas político religiosas.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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