*Espejos
Renè Delios
El cambio no sería posible si las cosas no estuvieran mal; para muchos deriva de lo sucedido en la Colonia Emiliano Zapata en ésta capital, a manos de dirigentes del Mocri, otrora expulsados de esa comuna en Tuxtla, y que vino a ser el segundo evento de sangre en menos de dos meses luego del caso Chinkultic, y que hacen parecer allende nuestras fronteras que el escenario estatal es complejo.No es buena carta de presentación para cualquier responsable del gobierno interior que presuma serlo.
El nombramiento de Noé Castañón León en la secretaría de gobierno no solo es el retorno de una conocida clase política, sino también del PRI. Con ello el tricolor ocupa la segunda posición del gobierno estatal luego de que esta fue del PRD, desde que Salazar asumió la gobernatura el 8 de diciembre de 2000.
El nombramiento del priista pudiera tener varias lecturas que no solo se centran en la capacidad que pueda tener como conciliador, pues el ex magistrado nunca se ha estado inmerso en ello: el antecedente reciente de él en Chiapas no lo es ni siquiera el hecho de presidir el tribunal de justicia, sino el caso de que fue acusado por Salazar Mediguchía de no comprobar una lana con motivo de la “Remunicipalización” alborista –que nunca le pudieron comprobar-; esa remunicipalización –que no era su especialidad- mal planeada desde la óptica funcional, pero eran los tiempos de la “guerra de baja intensidad” en que Gobernación y el ejército dirigían los destinos de Chiapas, y en que una fuerte propaganda del gobierno estatal llamaba a las organizaciones y comunidades a mantenerse dentro de “la vida institucional”, y se ofertaban apoyos para proyectos productivos a cambio; las comunidades que se negaban a aceptar dichos apoyos eran ubicadas como zapatistas, sus dirigentes como integrantes del EZLN y los que fueron detenidos, fueron procesados sin miramiento.
Son los prozapatisdtas y zapatistas que salieron con Pablo Salazar de las cárceles de Chiapas, hecho que le valió el que nunca, el CCRI-CG del EZLN, lo descalificara pese a que, hacía lo mismo con todos aquellos que lo desafiaran, a través de su procurador primero, y su fiscal después, Mariano Herrán Salvatti.
No fue pues Noé Castañón el instrumento por el cual se detuvo a mucho pro zapatista, pero sí los procuradores que estuvieron en dicho cargo durante ese sexenio 1994-2000: en la región chol, en dónde las bases de apoyo eran fuertes, los alcaldes filiales a Desarrollo, Paz y Justicia, eran los amos, se les permitió la impunidad durante ese sexenio gris, en una anarquía tal que reventó primero en Acteal en 1997 con Ruiz Ferro y luego en Chavajeval –ya de manera oficial con Albores- en 1998.
Obvio que los gobiernos federal y estatal trataron por todos los medios de reducir los hechos y la popularidad zapatista, pero el planteamiento y reclamo sociales no era privativo de las etnias rebeldes de Chiapas, sino que comprendía a todas las de la nación pues ninguna de las 56 existentes –ni sus derivadas- en el país, gozaba de una media nacional de desarrollo humano y social. Era y es todavía la misma vaina: los municipios en que se ubican generalmente son los que presentan los más bajos índices de desarrollo humano, social, comercial y evidentemente los que tienen los más altos índices de marginación y por ende, de ausencia institucional, y al unísono, caciquismo, explotación, despojo y hasta la violación y venta de mujeres a nombre de los usos y costumbres que, desde tiempo ha los sociólogos ubican como un recurso del caciquismo indígena para encubrir sus abusos.
En esos años so pretexto de eliminar las células zapatistas dejaron hacer a la contra insurgencia y Desarrollo, Paz y Justicia, hizo de la suyas en la zona Chol, Mascaras Rojas desde Altamirano, Margaritas y hasta Chenalhó –se dice que éstos fueron los causantes de la masacre de Acteal a conmemorarse en unos días-, además de los llamados Chinchulines que operaron en la zona de Los Altos y la bajada a Simojovel, Huitiupan y Bochil, extendiéndose por Petalcingo a Yajalón y Ocosingo.
En esos momentos de alta actividad militar primero y contrainsurgente después, de espionaje total por parte de Alfonso Utrilla –quien vino del Cisen a la Secretaría de Gobierno alborista-, Noé Castañón León era el presidente del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, y hoy sustituye en la secretaría de gobierno a quien otrora, era el secretario técnico de Salazar, en los momentos en que ese gobierno le daba con todo al actual responsable del gobierno interior en la entidad.
Hoy suponen que viene a cobrar; no se cree, no fue esa la instrucción que recibiò.
Envío:
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
