*Torcido apenas
A Lety: quince años amiga; tres lustros, mucho valor.
René Delios
No bien se dieron a conocer los resultados de Hidalgo, en que el PRI remontó sus números anteriores, no fueron pocos los dirigentes estatales que se colgaron de éstos para vaticinar –aun lo comprometido que es eso ahora- que en sus respectivas entidades el tricolor ganaría las federales intermedias a diputados, como si la situación política nacional fuera homogénea.Sabemos que el domingo pasado se llevaron a cabo elecciones en Hidalgo, en ese caso para renovar los 84 Ayuntamientos que lo integran. El proceso en la entidad estuvo caracterizado por el excesivo gasto que realizó el PRI, que es gobierno, lo cual generó condiciones de inequidad entre los competidores y desde luego –salvo la oposición perredista y panista- pocas fueron las organizaciones sociales que se atrevieron a decirlo.
En Pachuca, la capital, se advirtió durante el día de la votación que se registraba una gran cantidad de tropelías: Compra de votos; presencia de mapaches electorales provenientes del priísmo del Estado de México, Veracruz y Tamaulipas.
Sí, como se hizo acá con la “cocina oaxaqueña y tbasqueña” en las elecciones estatales a gobernador de 2006, y en las que, Ulises Ruiz y Andrés Granier, operaron para apoyar a su amigo Josean –¿recuerdan aquella flotilla de aviones?- a ganar en Chiapas, nada más que no se pudo y, la entidad sigue siendo una ínsula de la centro izquierda en el Sureste Mexicano.
Dicen los perdedores que lo de Hidalgo fue una elección maquinada desde el Gobierno Constitucional, para lograr que el abstencionismo estuviera presente una vez más, gracias al miedo que infundieron. Según esto fue ofensivo el derroche de recursos que hizo el PRI, con lo cual de forma evidente, violó los topes de campaña previstos por la legislación local electoral.
Obvio es que ya inicia –otra vez- el proceso de impugnaciones locales, que no va a prosperar, y las mismas se van a presentar ante el TRIFE, para no perder la costumbre de que las elecciones sean municipales, estatales o federales, se ganen o pierdan en los tribunales y no en las urnas.
Sin embargo no creo que el abstencionismo en esta y todas las entidades que conforman al país, derive del miedo o de la compra de conciencias o en su caso de credenciales de elector para evitar el voto. El fenómeno no se explica por ahí: la ciudadanía no vota porque no cree ni en las instituciones que organizan la elección ni en los institutos políticos que “proponen” a los candidatos. Los porcentuales con que gana cada candidato son alarmantes pues tanto su representatividad pero sobre todo su legitimidad queda en entre dicho.
El escándalo reciente del IFE con su cambio arbitrario de ciudadano consejero presidente, la manipulación de la que son objeto los presidentes consejeros en las entidades, y el tráfico de influencias que se registra en los partidos para la selección de candidatos, no tiene mejor reflejo que el abstencionismo y, pese a ello, logrado los triunfos ningún candidato electo, ningún instituto político, ningún órgano electoral de los dos niveles de gobierno convocan a analizar y a fondo, el porqué del fenómeno tan alto del abstencionismo en una nación que se supone deriva de un régimen de partidos, que son la vía por la cual el pueblo ensaya e impulsa su pluralidad política.
En los partidos –y en el gobierno off course- se han conformado con que se manifieste un resultado equilibrado, que llaman “democrático” a modo.
En el caso de los perredista, por ejemplo, las elecciones internas le han sido desfavorables en diversas formas, a causa de la falta de respetar sus propios estatutos.
En el PAN ni preguntan; son insinuaciones políticas que aterrizan en conservadores y reaccionarios, ambos distantes del pensamiento popular –que no populista- que no desea otra cosa que el aterrizaje de las políticas públicas para con los que menos tienen, y no como ahora que, por enésima vez, salvaron a los dueños del dinero de padecer las consecuencias de la devaluación, pero dejan como estaban los salarios de miseria aun ello signifiquen menos artículos en la mermada canasta básica.
Los priistas, desde luego, en lo que va del año siguen con su triunfalismo. Ha sido el pecado de siempre del priismo: la suficiencia política de creer que la resultante de una entidad es proporcional a la de otra, sin analizar los efectos sociopolíticos que conllevaron a esos resultados tanto en Michoacán como en Hidalgo, por citar a los inmediatos.
El PAN, pues el PAN luego del sexenio de Fox, y la impunidad con que lo visten desde la actual administración –que no logró avances en su promesa medular de campaña: el empleo y, menos ahora con ésta crisis financiera mundial que ya le comió el sexenio-, pierde más bonos que cualquiera.
Ha sido el PAN el gran perdedor en Michoacán e Hidalgo –por seguir con éstas dos últimas elecciones estatales- no la centro izquierda.
Si los priistas basan sus resultados de 2008 para vaticinar 2009 en las federales intermedias y en las 14 estatales que habrá el próximo año –con seis gobernaturas en juego-, pues con su pan se lo comen.
Sin menoscabo de duda en las instituciones políticas se deben de fincar altos conceptos de convicción; no la hay: los capulines son el ejemplo mayúsculo de ello, y ello merma el trabajo político de base, la formación de cuadros, y el distanciamiento de dirigentes naturales al ver que los “externos” son usados para ganar la posición aun desvíen con mucho el proyecto de partido, de gobierno, de nación.
Y se da en todas las siglas, por todo el país y para los tres niveles e instancias de gobierno.
¿Dónde la convicción que fomente el trabajo político, la participación ciudadana en el desarrollo político de los partidos, el fomento de la calidad de la política y la motivación del voto que es el sentido toral de todo instituto político en campaña?
No lo sé.
Un tecnocratismo mediocre que llaman transición florece torcidamente, sin convicción, sin proyecto de nación, y es una ola de descalificativos y planchas camerales que no nos dicen nada de la buena política que conlleve a sacar a México de sus miserias acumuladas, y que padecen los desplazados, los que menos tienen, que ya no creen en las elecciones, o venden su voto o venden su credencial electoral para contar con una lana para las caguamas.
Eso tarde o temprano sociopolíticamente va a costar muy caro.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
