*Mi negro
René Delios
-Déjame decirte mi negro, que luego de 480 años en que los primeros negros entraron a las colonias inglesas en América, para ser esclavizados hasta su muerte, uno de sus descendientes, afroamericano ya, entra por la puerta grande de la Casa Blanca.El asunto no termina ahí, mi negro, sino más bien comienza. Ni negar que en los Estados Unidos hay un racismo encabronado encubierto con el estilo ruidoso de sus medios, pero presentes en el caso de los mestizos latinos indocumentados, que a diario padecen las prepotencias de la política blanca de E.U. y de la Border Patrol, que los llaman “pig”, o “grasoso”, seboso pues, como si un latino fuera un cerdo.
Pues en ese ambiente conservador, llega un negro a la Casa Blanca…no mi negro, no es metáfora, pues recuerda que Heberto Castillo decía que recuperaríamos las californias en la cama, con tanto mexicano “de aquel lado” echando pata, y haciendo hijos que, antier votaron -como si estuvieran encestando-, a favor de Obama.
Mucha es la expectativa a partir de antier, negrito chulo, pero éste bodrista mantiene sus reservas, ante el presidente 44 de E.U., nación hegemónica que no va a cambiar su estrategia de dominio nada más porque llega otro color de piel al poder.
¿Qué le van a cuestionar a Obama si al rato se ve en la necesidad de actuar como el Buhs? Entenderemos que finalmente es el presidente de E.U., y gobierna para beneficio de los habitantes e intereses del Tío Sam: por eso no tiren aun los cohetes, no sea que les toque recoger las varas, mi negro color de lata de hervir.
Total que era un triunfo sin sorpresas, pero a las siete de la noche de nuestro país, diversos noticieros estadunidenses intentaban dar un vuelco a las elecciones presidenciales de Estados Unidos –ese conservadurismo duro y racista que les digo-, con la influencia del cuarto poder. Si es cierta la sentencia de que los medios de comunicación son como un equilibrio de un gobierno, nunca como ese fatídico día –para México al menos, negrito, pues se mato el Mouriño-, los mismos protagonizaron una actividad de tendencias, procurando manejar las mismas a favor de su candidato. Mientras unos noticieros daban la clara avanzada de Obama en el conteo y suma de los votos electorales, en otros había una lucha febril por mostrar a McCain como vencedor.
¿Para qué, mi sartén quemado?
Pues para evitar descalabros financieros: ¡Un negro en la Casa Blanca!
Y después de eso ¿el papado?
No me imagino a un Papa negro, cuando no hay ni ángeles de tu color profundo en las paredes del Vaticano.
Pero una vez establecido el triunfo de Obama, la historia del porqué sucedió –y sucederá-, se reescribe, primo: los analistas chingones de éste mundo, dicen que la triste avanzada militar sobre Irak, fue un espejo roto frente a la sociedad norteamericana que tradujo el hecho como una afrenta a la familia estadunidense. El último gobierno de George Bush puso a los norteamericanos a pensar sobre el acontecer de un Imperio al borde de la psicosis financiera en la que la leyenda urbana del Amero, pesaba más que cualquier esperanza de recuperación financiera.
Hoy, sin embargo, el panorama parece distinto mi color de llanta, para el futuro de los estadunidenses.
Obama describe fielmente la nueva estructura de la sociedad norteamericana: alejada de los cazamexicanos de la frontera (Minuteman), de los perseguidores de indocumentados, de los apartheid gringos culeros, de la crisis como parte de la cotidianidad, del KKK, del divisionismo, de las clases raciales y económicas, del futuro inasible basado en una crisis creciente de la clase media. Obama ofreció tanto en campaña, que mucho haría con cumplir un sólo precepto en su gobierno nacional: recobrar la grandeza del espíritu norteamericano, basado en la diversidad y en la multiculturalidad.
Si Obama logra reactivar eso en E.U., sería como desmonetarizar su política para inclinarla al sentido humano, reforzando la idea de que el neoliberalismo o capitalismo a ultranza, debe recapitularse. Y entonces sí mi negro, a lo mejor se pueda establecer una buena relación con ellos, para que dejemos de ser “Los vecinos distantes” como alguna vez nos llamó el periodista Alan Ridin.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
