TUBO DE ENSAYO

*Una onda punk

René Delios

Iba a tocar el tema denso del capitalismo y su crisis monumental, pues comprende cuestionar su viabilidad como soporte para el desarrollo del mundo futuro, a través del libre mercado, sin la rectoría del estado, y, vemos, que el aparato financiero de EU grita ayuda de su gobierno, y por eso en la cámara de diputados gringa se jalan los pelos para autorizar el apoyo de 700 mil millones de dólares a la banca privada, pues es negar al capitalismo mismo, la médula de esa nación. Ese tema iba a tocar pero me llama más la atención la cuestión de la llamada banda de la BMW –muchachos que, como sabemos, golpeaban a otros en grupo, causando serias lesiones de hospital y pese a las denuncias y a las detenciones, nada procedía, en una impunidad tal que se hizo rumor desde las calles hasta el sector público. Así, estos junior de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, que como otrora los Tapia, se dedicaban a emular a los Warriors aquellos del Bronx que se daban a morir con los Gladiators de Harlem, allá en Nueva York –que hasta hicieron una película de mediana factura- hace una década, en que nacieron primero el rap y luego el hip-hop, hoy ya todo un movimiento artístico y cultural antes satanizado, por provenir de las comunidades hispanoamericanas y afroamericanas, derivadas del funk, rap, Blues, DJing, el baile hustle, uprocking, lindy hop, popping, locking y la pintura en aerosol, bombing, murals, y political graffit. Así, estos niños actuaban, cada noche de antro, buscando el pleito por buscarlo, solo que sus alcances nefastos y violentos fueron in crechendo, hasta que casi dejan ciego, y matan, aun jovencito de quince años que, tuvo la osadía de retarlos: entre ocho le dieron una tunda, lo subieron a una de sus unidades BMW –de allí el nombre de la banda; la condición es tener un auto de esa marca-, y se lo llevaron secuestrado al monte, en dónde lo torturaron.
¿Son o no una mente criminal organizada?
Pero como todo aquel que ignora por que le gusta el marisco aun sea costeño, así éstas criaturas de Dios, que actuaban como actuaban sin saber a qué emulaban- en la idea de que el malandro debe ser maldito por maldito-, y si lo sabían pues entonces son unos delincuentes potenciales.
A éstos chamacos les llegó tarde la influencia malandrina, como otrora a nosotros la expresión breake hará treinta años y, muchos más de lo que lo creen, se vistieron y actuaron así ignorando el porqué de dicha asimilación cultural: ¿Michael Jackson? ¿Lime? ¿Village Peapol? Por hablar de lo fresa de entonces o Elton Jhon, Samy Davis Jr, Barry Withe por citar a los románticos o, Janis Jhoplin, Gran Funk, Kiss, Led Zepillin, The Doors, por citar a “los gruesos”.
Pudiera ser.
Así, estos jóvenes de las colonias pudientes de Tuxtla, hijos de colocados funcionarios y ricos empresarios, se dedicaron a agandallar en espacios públicos nocturnos a otros jóvenes que a su juicio, “se la debían”, no diferenciándose en nada, a la banda de sicarios que ajustician a terceros, pues la intención de unos y otros es la misma: hacer daño, violentando sus derechos y con ello, la ley.
En el supuesto del tráfico de influencias –que esta penada en Chiapas, por lo que ello podría alcanzar hasta a los padres petulantes, como también a los funcionarios que ordenaron la impunidad, y de igual manera a los que cedieron a esas presiones, faltando a la ley que dicen representar-, queda claro que los muchachos actuaban al albedrío a sabiendas de que “papi” o “mami” harían lo necesario para liberarlos.
¿Cuántas veces sucedió?
Muchas, seguramente. Tantas que cansaron al aparato protector, esto es a las vías por la que los padres traficaban influencias para liberar a sus vástagos.
Y es que es cierto: “BMW” logró una triste fama, como hará un lustro lo hicieron los Tapias, jóvenes entonces que hoy –me dicen- andan hasta armados, ya algunos empresarios, padres de familia, pero aun recurrentes a las prepotencias propias de jóvenes desfasados, consumidores de drogas y trago hasta quedar desconectados del hendor.
La cosa es que de BMW se hablaba entre los jóvenes de las escuelas y antros, con sus “automáticos” anexos: “que los protege constantemente una camioneta de la judicial”, “que sus padres tienen varo y compran a quien sea” entre otras lindezas propias del deslizamiento de la realidad en que caen los jóvenes por no consultar donde deben.
Era por esa supuesta impunidad en que los chavos aguantaban vara cuando, éstos babosos chamacos, violentaban la libertad de las jovencitas, obligándolas a sentarse con ellos en fiestas, antros o cines, por lo que no estaría mal que abrieran un cardex de denuncias para hacerles caer todo el peso de la ley a esos chamacos desfasados, como escarnio de otros que, andan por ahí en la misma frecuencia.
Porque no son los únicos, compadre.
Así, Negros, Titus, Patriot, y una secuela de los Tapia, andan por ahí confusos en la idea de que la impunidad existe para las bandas de chamacos hijos de potentados y políticos, mientras que para los chavos banda –que son sospechosos de facto para la municipal gandalla que los gondolea y despoja de sus oros y celulares porque supuestamente, son robados, robándoselos- solo hay cárcel y carencias, marginación social, falta de oportunidades y hasta golpes si se llegan a poner rejegos.
Ojalá desde ahora sea parejo.
Lo imagino porque el propio ministro de justicia, Amador Rodríguez Lozano, fue el que dio la información de la detención de siete integrantes de BMW –o sea que hay asociación delictuosa, hermano-, no por destacarla en sí, sino para que le quedara claro al aparato de procuración de justicia, de que si hay responsabilidad en alguno de esos chamacos, deben ser procesados conforme a derecho y, ahí lo ve aquel agente del ministerio público que se deje sobornar, extorsionar o ceder ante la petición de impunidad, en la idea aquella que data desde los orígenes mismos de la justicia: Lex dura sed lex.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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