Los nombres
René Delios
Los partidos políticos en Chiapas carecen de vinculación con los ciudadanos. Las instituciones electorales viven una crisis de credibilidad. Por lo que se puede esperar un alto abstencionismo en las próximas elecciones de octubre. Alejados de los movimientos sociales y de las demandas de los ciudadanos los partidos políticos simplemente sirven para generar “proyectos de poder”.La disputa interna por las candidaturas a alcaldes y diputados se presenta como una lucha de las camarillas políticas y ya ni se diga cuando sean electos: buscarán controlar el poder estatal.
La política aldeana sigue siendo caciquil, y con mucho. Los ideólogos no llegan a las dirigencias partidistas y menos a los puestos legislativos. Solo la cúspide de grupos definidos repiten en cargos, alcaldías y legislaturas.
En el Partido Acción Nacional la ruptura entre panistas es inminente. Formados ideológicamente en el conservadurismo y en la extrema derecha, se disputan aun alcaldías por toda la entidad. Pero a la fecha, estos precandidatos no han expresado su posición sobre diversos temas como son: el combate a la pobreza y a la marginación, su compromiso con la transparencia, empleo, seguridad, derechos humanos. A pesar de que prácticamente desde el año pasado los panistas están en precampañas jamás han manifestado cómo resolverán estos problemas.
Por el lado del PRI se mantiene a la espera de la definición de los panistas en torno a Tuxtla, para lanzar candidato a la alcaldía. El priísta Bayardo Robles Rique se mantiene a la cabeza de las encuestas internas. En otros partidos, como el PRD, Convergencia y PT se mantienen a la expectativa de lo que suceda en el PAN y el PRI pues, igual se juntan a la mera hora como lo hicieron para la elección a gobernador, junto con el Panal.
Estos partidos políticos de “oposición” simplemente actúan en función de los intereses de la nueva élite política, que aunque pocos lo crean no son los sabinistas jóvenes sino la vieja cuña del PRD que luego de muchos años llega al poder con Salazar y se mantiene con Sabines.
El PRI y de su candidato buscan socavar el voto perredista que muchos esperan para Tuxtla, con Valls a la cabeza. La mayor preocupación para el PRI en las próximas elecciones es ganar el control del congreso local a toda costa.
En este contexto el Instituto Estatal Electoral enfrenta una crisis de credibilidad que ni negar; en suma, la precaria democracia electoral chiapaneca sólo favorece a las viejas élites del poder político –que antes, recuérdelo, eran priistas- que practican como desde los años del stablismenth hegemónico el clientelismo electoral, y ahora, el marketing político y la guerra sucia de la denostación.
La democracia en Chiapas es de mala calidad. Una democracia pobre en resultados pero que es muy cara para los ciudadanos, con partidos políticos como el PAN, PRI y PRD que se han vuelto verdaderas agencias de colocaciones.
Una partidocracia subvencionada con recursos públicos, la incapacidad de los partidos políticos para presentar soluciones a los problemas de la sociedad, una clase política de pedigree que reivindica el derecho de sangre e instituciones electorales con falta de credibilidad forman parte del panorama. Los grandes beneficiarios de las campañas políticas serán, como en el caso de la elección federal del año pasado, los medios de comunicación.
¿Cuál es el discurso?
Aun no hay nada, lo prohíbe la ley, primo. Nadie puede hablar de sus aspiraciones, de sus proyectos para “con el pueblo”, y mientras las ciudades se llenan poco a poco de basura electoral, de frases lapidarias sin ningún contenido social, de slogan huecos que ni denotan el talento del aspirante y, contrariamente, reflejan la pobre del publicista.
Aun pueden verse bardas de la contienda pasada en algunas calles, como testimonio vacuo de la buena ocurrencia, pero hasta ahí.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
