*Vendados
René Delios
Nos hemos acostumbrado a darle vueltas a los problemas, evitamos ir al fondo de la cuestión, ir directo al punto. En la tauromaquia –dice mi amigo Rigoberto León Cerpa, “El Matador”- cuando el torero se entretiene en lo secundario le gritan ¡al toro! Hay que entrarle al toro y, la sociedad civil se lo esta pidiendo al presidente Calderón, de manera cordial, pues con los narcos y sus sicarios no se puede hablar, ante la dimensión de su violencia, ante el daño que le ha ocasionado a México, no solo en su tejido social, sino también en su imagen internacional: las marchas del sábado 30 de agosto por todo el país, y el lleno con casi todos vestidos de blanco en el Estadio Azteca para el juego México-Canadá, van a evolucionar, van a crecer: éste país ha sido sabio y ha superado sus dificultades desde la conquista misma, las invasiones en el XIX y principios del XX, el stablismenth del priato, en fin.
Un pueblo como México, milenario, superará éste viento de sangre que, por fortuna, no se registra en Chiapas, entidad cada vez más segura, ante otras entidades que sufren el flagelo diario de la violencia.
Ni dudar que la delincuencia desatada que afecta al país, comprende a la corrupción policiaca y de los aparatos de justicia y, en consecuencia, de la impunidad. Se insiste en excusar a los policías por su incompetencia, pero con franqueza son en extremo competentes, tan es así que bien que saben quienes cometen la mayoría de los delitos y es la maraña de complicidades y de cotos de poder mafiosos en el interior de los cuerpos policíacos los que vetan la persecución y castigo de los hampones.
No se requiere prueba mayor para arribar a esta conclusión. Simplemente hay que considerar que el 98 por ciento de los delitos gozan de impunidad. Prueba de la colusión total de autoridades y delincuentes. El crimen organizado no tiene credo, no tiene patria, es solo de dinero sucio y éste no tiene moral.
(En El Debate, programa de análisis que conducimos junto con Alfonso Carbonell, abrí la semana pasada señalando que de nada serviría ese encuentro nacional de seguridad pública, menos el encuentro nacional de procuradores, mientras no se sanee a las corporaciones policíacas, pútridas y maleadas por ende)
La sociedad no puede pedirle su respeto al crimen organizado, pero sí puede exigir se fijen plazos a los jefes policíacos y de no cumplirlos, que renuncien.
Cumplir con la tarea asignada es la obligación de cualquier burócrata, pues es la esencia de su contrato; el que no lo hace es suspendido y en su lugar se coloca a otro.
Es un asunto de mera eficiencia, nada más.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
