Para mi compadre Rigoberto León Cerpa “El Matador”, quien ya se echó otro… año.
*Cuencas del tiempo
René Delios
Los doce de octubre se conmemora la Raza, fecha trascendente para la humanidad, porque permitió el contacto entre América y Europa. Se erradicaron costumbres bárbaras, pero también se infringió una herida de tal magnitud, que todavía sangra, porque a pesar de haber pasado más de medio milenio aún persiste el racismo, la discriminación, la explotación y las diferencias en el desarrollo entre ambos continentes, al menos entre Latinoamérica y Europa, es abismal. Han pasado 515 años, desde que la expedición integrada por las carabelas, La Pinta, La Niña y la Santa María, dirigidas por Martín Alonso Pinzón, Vicente Yañez Pinzón y Cristóbal Colón, respectivamente llegaron a la isla de Guanahani, a la que bautizaron con el nombre de San Salvador. Desde entonces, iniciaría la transformación de la economía, la sociedad, la cultura y la política en el continente.
Obvio es que muchos se refirieron al tema en ese día y creo que nhasta se dieron eventos institucionales y gremiales al respecto.
La conquista por parte de los españoles no fue lo que hubiera podido esperarse, “ni gratuitamente”, porque los españoles todo lo que se llevaron, fue mediante el saqueo, el robo, la esclavitud y la muerte de millones de americanos.
Y sin panchos me que es inevitable señalar que en nuestro país todavía queda una cultura de discriminación a los indígenas y por extensión a las clases sociales más pobres. Prueba de ello es el trato que los españoles dan a los inmigrantes de América, como el video que circuló el lunes de esta semana, en que un joven blanco y barbado, sube el metro en Barcelona. Ve a una adolescente de 16 años, y sin decir palabra arremete contra ella. La patea con saña. La vuelve agredir con fuerza con los puños. Y nadie la defendió y no hubo instancia que -pese al video- lo llamara a cuentas en aquel país, defensor de las mujeres, compadre.
Pero regresando a la vaina, los llamados indios no son indios, son mixtecos, zapotecas, mames, choles, purépechas, rarámuris, yanomamis, popolucas, quechuas y como tal quieren ser reconocidos y, en la referida ley indígena tronada por “la divina trinidad”, les aceptan de facto lo que les niegan deiure.
No, no ha sido posible.
Ciertamente, hoy vivimos otros tiempos y pugnamos por hacer de la comunidad de naciones del planeta, una sociedad regida por valores y leyes que expresen la maduración moral y política de la humanidad.
Un trece de septiembre la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad, la declaración universal de los derechos de los pueblos indígenas del mundo, declaración que hace justicia a más de 350 millones de seres humanos surgidos a la condición de indígenas a partir de los correspondientes procesos coloniales que los privaron de sus tierras y de su condición de – en su propia organización social y de acuerdo a las norma de éstas y no a la de los conquistadores-, hombres libres.
¿Pero qué observamos en las políticas institucionales?
Un claro desdén a los planteamientos indígenas dentro de las declaraciones de la Selva Lacandona.
Un amigo periodista hoy en stand by en una oficina de comunicación, me decía que un cambio radical en México solo lo podía dar un cambio generacional apoyado por un verdadero movimiento social, y como que sentí que no cree en la sublevación indígena porque no aportó muertos.
Hay que recordar que el cese al fuego lo dio el gobierno mexicano y que de acuerdo a los tratados internacionales de referencia, la contra parte acata y negocia.
Por el momento no se ha dado por terminadas las negociaciones; están “suspendidas”, en cabellos de anciano, pero ahí están esperando que se encuentre una vía que posibilite el diálogo y, de vez en vez se calienta la caldera, el Sub dice algo y la prensa se lo publica y es cuando “volvemos a saber que existe esa guerrilla de papel”.
Pues esa guerrilla de papel es la última movilización del siglo XX mexicano que sacudió conciencias sociales y actitudes políticas que, poco a poco han desembocado en mejores programas y mayores presupuestos.
Desde Chiapas inició esa movilización hace más de una década, dos sexenios, y va para tres lustros sin que los avances sean sustanciales en lo social y económico: una, solo díganme una etnia mexicana que haya mejorado desde 1994 a la fecha: se les sublevaron en año nuevo, para que todos los días con sus noches fueran exactos, coincidentes.
Nada podemos aportar en la buena voluntad gubernamental, más que reclamar los presupuestos de miseria para las etnias, a las que han explotado tanto, hasta su pobreza es utilizada en promos oficiales y fotos de los políticos y funcionarios en los tres niveles de gobierno.
Ya pasó más de medio milenio y no hay mejorías, y cuando piden autonomía de acuerdo a su organización social, se las niegan con todas las de la ley, so pretexto de que la célula de la federación es el municipio mestizo, cuando, estrictamente ellos son tojolabales, purépechas, seris, mayas, nahuatlacas, texcocanos, no mexicanos: mexicanos somos los mestizos, y formamos México; las naciones étnicas son 56, cada una con su propio idioma, usos y costumbres y desde luego, su sentido de territoriedad y organización social.
Todo lo demás, sin su aceptación, es imposición del desplazador, racista e indiferente mestizo.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
