*Perro de viento
René Delios
Ni responder a los enjuiciamientos públicos y privados que la sociedad nos hace a los “lideres” de opinión dentro del periodismo chiapaneco, casi todos prestos a servir al poder y más que a eso, a intereses momentáneos sin observar el enorme perjuicio que le causamos al desarrollo político del estado pues, pese a la pobre circulación -solo en el 2 por ciento de la población alfabeta- de todos los diarios en la entidad -comparados con Yucatán, Tabasco, Oaxaca y Veracruz, por citar a los vecinos-, la clase política cae o se regodea de lo que manda a publicar en esos garlitos nimios.Leyendo el libro Prensa Negra “Los límites de la libertad” del compañero de la Frapermex, José Martínez que, hizo a bien enviarme autografiado desde el encuentro de esa organización en Villahermosa semanas ha, encuentro que aun estamos muy lejos de un diarismo de calidad pero sobre todo de imparcialidad y profesionalismo.
Reporteros y líderes de opinión, y los llamados columnistas, “manejan” a modo la información distorsionando una realidad que todavía el consumidos compra, y que por ese solo punto ya constituye un fraude.
En nuestro país, sabemos de cierto que las leyes de sanciones menores las violamos rutinariamente, y solo somos castigados cuando los delitos son mayores o se cae en desgracia política.
Sin embargo, es evidente que solo los que se ven afectados perciben la necesidad de hacer valer la ley ante los abusos de los medios informativos, que no dudan en utilizar a sus empleados para lograr sus intereses, en algo que se vio plenamente en la cámara de diputados cuando lo relativo a la ley Televisa, con toda la plana mayor de las televisoras y radiodifusoras presentes a modo de presión a los legisladores que, determinaron legalizar el spoteado electoral federal, costosísimo tanto en contrato como en el seguimiento del cumplimiento de pautas, es decir que ante el costo del monitoreo, era imposible verificar el cumplimiento de contrato.
Así, el autor de Prensa Negra desglosa cada género, y desde luego, habla de lo turbio de éstos con un descarnamiento que le ha de haber causado enemigos en su ámbito, y coinciden con modos de hacer periodismo en Oaxaca o Chihuahua o Chiapas, desde luego, entidad esta dónde existe el periodismo nefasto y del peor, el carroñero.
Será muy difícil erradicar eso en nuestro estado y ni siquiera saben de sus consecuencias porque no miden la cuestión social que implica: la misma clase política -ignara y traidora- se presta para ello, sin observar el tremendo daño que le hacen a la democracia, desde las columnas políticas o emisoras de radio o transmisiones de televisión; la pobre calidad de la política es consecuencia de la pobre calidad de contenidos en los medios informativos.
Fui de los primeros sorprendidos de que en Chiapas se emitiera una ley mordaza, no por la misma: la esperaba en Burundi o Kuwai, naciones conservadoras a lo más e intolerantes ante las violaciones de sus reglas, pero no en Chiapas, entidad en dónde se suponía que había un gobierno emanado de la oposición que, de siempre, buscó más libertades para manifestar los rezagos sociales y el desplazamiento social en la entidad que, huelga decirlo, no ha terminado, y allá sigue latente y constante, como la explosión demográfica. Les decía pues que mientras nos enfadamos por el hecho de que se dio la ley mordaza surgida de un gobierno emanado de la izquierda, los periodistas no pudimos evolucionar porque las empresas poco hicieron en contra de ésta.
Y así nos mantuvimos todo ese lapso, en diversos niveles y frecuencias, hasta que fue derogada no por presión de los periodistas, sino por otras directrices llegadas desde el centro del país, esa es la verdad. Esa ley la aprobó la LXI Legislatura sin discutir, de la que fueron parte muchos de los que hoy están posiciones de gobierno -varios priistas se negaron, entre ellos Juan Sabines, que no estuvo en la sesión-, y que se vieron avasallados en esa y otras ocasiones ante la imposición de palacio.
Pero hay que decir que esa vez la ley de marras no era mal vista desde la cámara, ante el agotamiento de los legisladores -y toda la clase política- de los abusos que a nombre de la libertad de expresión hacemos.
Y el que quiera escupir para arriba, pues que lo haga.
De la misma manera -dice Martínez- en que se exige y planeta a la clase política respeto a la decisión de las mayorías y respuestas a las demandas sociales, así debería ser el periodismo como crisol de autocrítica, sobre todo porque la prensa no se cuestiona así misma: es igual al bolo; en México eso no se ha hecho nunca, menos en Chiapas en dónde todos estamos atrapados a los intereses políticos de los empresarios de medios del sector privado y gubernamental.
No va a ser fácil abatir esa cuestión, menos la extinción de los estrellatos que en su argot no ven que los lectores siguen creciendo diametralmente al diarismo manipulado, ante la llegada de otros instrumentos como el Internet, de la misma manera en que la sociedad -ese mismo ente- lo hace ante los políticos anquilosados en los partidos o en el gobierno: a los primeros con el abstencionismo, a los segundos con la incredulidad.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
