Tubo de ensayo

*Tío Rafa

René Delios

Y es que en la tertulia, las voces se entrecruzaban, y las referencias sobre literatos y vivencias eras cosa común.

Platicaba de cosas comunes, a veces de sus libros y libres tardes de bohemia en otras partes del país y el mundo, porque le encantaba viajar y conocer a los que en diversas partes del país, tenías prospectiva literaria.Fui uno de esos, alguna vez, en la estancia del teatro de la ciudad, y participé tantas veces y tantos antros y tantos amigos y platicas, que apenas puedo creer que ya no esté.

Me tocó presentar su libro “Al Calor de Campeche” en Tuxtla Gutiérrez. Fuimos varios, me acuerdo, en el edificio Maciel de la UNACH.

Luego el periodismo me distanció de la literatura, y desde luego de los literatos.

Supe de su fallecimiento, supe de su principio.

Manaña en Tuxtla presentan un libro sobre él. Sobre el “Rayo Macoy”, Rafael Ramírez Heredia.

Qué escribir, que apuntar sobre éste hombre del que ya han escrito tanto, sus amigos de Chiapas, a lo mejor una tarde solitaria en la “Tía Meche”, en que los dos nos encontramos en un avión que venía de México para acá, y me reclamó recalcitrante, con esa ceja arriba, el porqué preferí una manera menos digna de morirme de hambre, como lo era el periodismo en Chiapas, al menos que fuera “boca del gobierno”.

Eran los tiempos nefastos de la baja intensidad, cuando el entonces Albores hablaba de democracia desde la casa de la imposición y realizaba una especie de encuesta estatal para justificar su prepotencia e intolerancia, en la que hizo participar en el plebiscito hasta a los niños de secundaria, so pretexto de legitimar su designación desde gobernación, vía su amigo Labastida Ochoa.

Esa vez sin más que los arribos de vez en vez de Alejandro Riestra, platicamos largo y tendido de él y de mí -cosa menor- que me ayudó a pulir bastante y definitivamente su enojo por que me distancié de la literatura -cuando apenas se escribir mi nombre sin faltas de ortografía- y desde luego de sus talleres que, como bien señala su amigo Oscar Palacios, brindaba en Tuxtla, Tapachula, pero también en Campeche, una ciudad que le gustaba en lo especial, como la ciudad blanca de Yucatán.

A mi “Rayo” le gustaba el sureste, su gente, sus bolos.

Muchas veces, tantas, en la “Meche”, en el “Ché”, una rara vez en la “Poblanita” en dónde se maravilló de las ejecuciones del maestro Ramiro.

Hoy van a presentar un libro de hechos, de anécdotas, de platicas, porque eso le gustaba al buen rayo: la platica, de donde nutría sus sustancias para referirlas en sus escritos de mucha vibra, fibra y hebra.

Y hasta aquí me quedo, pues hay los que van a decir de él lo que no supimos del amigo creador.

Matraz

Tuxtla esta llena de baches ¿Porqué? Hay malas relaciones con Caminos de Chiapas o, se le acabó el presupuesto al municipio.

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¡Larráinzar; cumplimiento y paz!

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