*De tras
René Delios
Obvio es que el gobernador del estado manifestaba satisfacción por el resultado electoral durante su mensaje del domingo, no solo por el saldo blanco en toda la entidad -que lo viste como gobernante-, sino por la verdad de que su amigo Jaime Valls ganara la capital del estado, que fue la resultante de un trabajo conjunto por parte de la centro izquierda que por poco sufre un descalabro por las posturas de Aydheé Ocampo, de la que ya pocos se acuerdan.
Un fuerte equipo de la nueva centro izquierda llegará a la LXIII Legislatura y será gobierno municipal. Esto incluye a uno que otro priista que no pretenden confrontación con la actual administración, y que mantendrán una actitud moderada frente a los requerimientos de la agenda legislativa que les toque analizar.
El saldo blanco y el repunte de la participación ciudadana son otro de los avances registrados, y que visten en conjunto al proceso mismo y desde luego la imagen nacional de la entidad, otrora vista con cuidado.
Por eso el gobernador manifestó su beneplácito y desde luego el reconocimiento hacia su pueblo que estuvo a la altura del compromiso cívico.
Faltará ver si el caudal de las impugnaciones también desciende; de ser así podríamos decir que el resultado es casi redondo, con los evidentes créditos para los organizadores del proceso y el respeto que mantuvo el gobierno estatal hacia el proceso y sus condiciones.
Sin embargo hay un punto que aun hay que superar, y no es otro que los descalificativos y denostaciones que se dieron durante el proceso electoral chiapaneco, en el que las acusaciones sin fundamento fueron constantes, incluyendo la acusación del abanderado panista para Tuxtla, César Serrano, al manifestar que en la entidad se daría una elección de estado, expresión fuera de borda pues no tiene ni idea de lo que ello comprende en los lugares dónde eso se practica, no solo para los adversarios del ungido, sino también para los que voten por éstos.
La otra fue las imprecisiones de Julio César García Cáceres, concentradas específicamente al Instituto Estatal Electoral, a cuyos consejeros cuestionó tanto por la insaculación de los representantes de casilla que según él repetían -cuando lo “decidió” un programa de cómputo-, como por la adjudicación del PREP a la experimentada empresa DSI, que fue aceptada por unanimidad por todos los consejeros y representantes de partido.
Sí, aceptó: incluidos los del PRI..
Y así, se alzaron voces discordantes en distritos y municipios, que como las arriba señaladas no se retractan nunca de sus afirmaciones, como si se tratara de un juego desprestigiar la honorabilidad de los consejeros y funcionarios tanto del IEE como del gobierno estatal o municipal -según el caso-, cuyas referencias en contra quedan registradas en los diarios de las localidades.
En cuanto a los incidentes, pues éstos derivaron de la desesperación de los derrotados; de la impotencia de no poder justificar sus acusaciones, y pues en los casos en que se tenga que sancionar sería bueno que se aplicara la ley.
Aunque queda claro que la tolerancia es signo de éste gobierno, al menos en el rubro político, en momentos en que se pule lo concerniente a la llamada ley de sentencia suspendida.
Puede que las acusaciones sin fundamento a que me refiero ya no tengan la menor importancia para los triunfadores; ya ganaron: pero lo que si queda es el señalamiento en contra de los órganos electorales, que junto con otros fenómenos inciden en la no votación, incluyendo la indiferencia de los abstencionistas al proceso por la desconfianza y la falta de credibilidad que le tienen a éste y a los políticos.
Por eso insistimos que es un asunto que debe entrar a discusión, y podría ser desde Chiapas, y no desde el centro del país, en el entendido de que Octavio paz anunció alguna vez que la democracia en México se daría primero en la provincia, cosa que inició en Baja California Norte con Ernesto Rufo, el primer gobernador de oposición bajo las siglas del PAN, partido que llegó primero al poder ejecutivo y no la “izquierda” mexicana, en algo que se ve como un paso de “transición” por buena parte de las naciones del mundo, y que no generó las diferencias que se esperaban con los gobiernos perredistas, que como en el caso de Chiapas mantienen una buena relación institucional que celebramos muchos, ante las reales necesidades de Chiapas y sus ciudades importantes, las cuales deben ser modernizadas en su infraestructura urbana, para atraer a los inversionistas en transformación, y no solo a las franquicias que más que la verdad ofrecen muy pocos empleos de calidad para los profesionistas que cada seis meses egresan de las escuelas públicas y privadas.
En fin, Chiapas pasó libre la prueba electoral; ingresa, ahora sí con pié izquierdo a la practica democrática que esperemos se vuelva una cultura, y -porque no soñar- coadyuve a mejorar la calidad de vida de todos los que vivimos en ésta hermosa tierra.
Envío
¡Larráinzar; cumplimiento y paz!
