Beatriz Paredes
“Albarradas blancas, brocal de los pozos, casitas de paja de la tierra mía” , dice una de las múltiples canciones que en ese caudal infinito que es la capacidad poético-musical de los yucatecos, bosqueja el paisaje rural de la península. Pero Yucatán es mucho más que la mejor trova y los talentos musicales más notables de la canción romántica de los últimos tiempos. Es mucho más que una gastronomía de fábula donde el sabor autóctono con influencia hispánica produce una cocina de variedad excepcional. Yucatán es mucho más que esa tonalidad armoniosa en la pronunciación de un castellano, salpicado de centenares de voces mayas que originan “el español yucateco”. Allí, donde se abraza haciendo loch , se hacen pequeñas las cosas anteponiéndoles chichan y grandes poniéndoles nohoch . Pensemos en una sociedad que de 106 municipios sólo siete tienen nombres castellanos, entre ellos, la capital, Mérida.
Fueron los mayas de la península los que históricamente han escenificado rebeliones indígenas de enorme envergadura.
En 1847, las revueltas indígenas presentes desde 1843, alcanzan una gran proporción, insuficientemente consignada en la historia de México. Los rebeldes llegaron a controlar las cuatro quintas partes de la península. Se denominó “La guerra de castas”. En 1846, un año antes de la rebelión, Yucatán tenía 504 mil 000 habitantes, para 1857 había descendido a 256 mil.
Hacia 1905, al imponerse la pacificación sobre los mayas, (nunca se rindieron), Yucatán vivía una época de auge con las haciendas henequeneras. Millones de pesos oro sobre el abuso de miles de indios acasillados, en condiciones casi de esclavitud. Las dolorosas secuelas de “La guerra de castas” dejaron una población inerme que no participó activamente en ninguna lucha, ni armada ni política, hasta los años 20, cuando en el Partido Socialista del Sureste estaban inscritos más de 260 mil afiliados, en su mayoría indígenas. Esta misma fuerza política apoya a Felipe Carrillo Puerto quien funda un gobierno socialista como una experiencia original, única en el sureste mexicano. Fomentó y capacitó liderazgos rurales, liderazgos indígenas con los que en lo sucesivo los grupos dominantes tuvieron que negociar, entrando así de lleno a la lucha política, aun después del asesinato de Carrillo Puerto, ocurrido el 3 de enero de 1924.
Muchas décadas han pasado desde entonces, y, afortunadamente para los yucatecos y para el país, el conflicto racial y las contradicciones sociales se encauzaron en un complejo proceso de integración y tensiones permanentes, que dibujaron un mapa político de enorme sofisticación. Así lo refleja, por ejemplo, el que en la etapa de absoluto dominio priísta en el país, en 1959, el PAN ganó una diputación federal, con el diputado José María Molina Castillo. La primera capital de un estado gobernada por un opositor al PRI fue Mérida, el panista Víctor Manuel Correa Racho, que ganó la elección en 1967.
Por parte del PRI, Yucatán fue uno de los primeros estados donde se postuló a un candidato de origen indígena, el doctor Francisco Luna Khan, y, sumado a otros destacados y destacadas políticas yucatecas, en la época contemporánea el PRI repuntó significativamente cuando Víctor Cervera Pacheco ejerció la gubernatura.
El próximo 20 de mayo, Yucatán tiene nuevamente una cita con la historia. Historia regional compleja, singular, originalísima, de la que todos tenemos mucho que aprender. En una elección de alta competitividad, en la que la figura de los años recientes del panismo yucateco, Ana Rosa Payán, fue desplazada y se tuvo que refugiar en otras fuerzas políticas; también está participando el PRD, con Héctor Herrera, y Alternativa, con Jorge Lizcano. Sin embargo, la competencia real se presenta en un escenario en el que los datos de encuestas y otros estudios proyectan a un candidato del PAN a la baja, Xavier Abreu, y a una candidata del PRI en ascenso, Ivonne Ortega.
Yucatán tiene la palabra. Puede ser gobernado por una mujer joven, con capacidad de innovación y actitud incluyente, con compromiso popular, que reconcilie a la sociedad yucateca y al mundo maya de la entidad, o bien, repetir un “retornelo” conservador, sin verdadera perspectiva de futuro.
Presidenta nacional del PRI
