Por primera vez en los últimos cinco años, Tapachula desapareció del mapa nacional de los principales municipios receptores de remesas. Un dato que, más allá de las cifras frías del Banco de México, retrata una realidad que golpea directamente el bolsillo de cientos de comerciantes que durante años encontraron en el flujo migratorio una importante fuente de derrama económica.
Las estadísticas son contundentes. Aunque Chiapas registró un incremento general del 1.2 por ciento en la captación de remesas durante 2025, Tapachula dejó de figurar entre los primeros 50 municipios del país. Un descenso que no es casualidad ni producto de una simple fluctuación económica.
La explicación está en las calles. La ciudad ya no vive aquella dinámica comercial que generaban miles de migrantes varados en la frontera sur. Los dólares que antes circulaban semanalmente han desaparecido. Las filas frente a bancos, casas de cambio y establecimientos comerciales quedaron en el recuerdo.
Aníbal Enrique Núñez Mejía, secretario de Procentro, no exagera cuando habla de desplomes de hasta un 80 por ciento en las ventas. Restaurantes vacíos, tiendas con menor movimiento, negocios sobreviviendo apenas y una economía local que evidencia signos preocupantes de desaceleración.
Sin embargo, mientras los comerciantes enfrentan una realidad compleja, las llamadas cámaras empresariales parecen vivir en una dimensión paralela.
Particularmente la Cámara Nacional de Comercio de Tapachula se ha convertido en una especie de organismo decorativo, una institución de utilería que aparece para la fotografía, para los eventos protocolarios y para los aplausos oficiales, pero que desaparece cuando se trata de defender auténticamente los intereses de quienes representa.
Su presidente, Jorge Zúñiga, parece más concentrado en construir una plataforma política personal que en encabezar una agenda seria para rescatar la economía local. La percepción entre muchos comerciantes es cada vez más evidente: la Canaco dejó de ser una cámara de gestión para convertirse en una oficina de promoción personal.
No son pocos los que señalan que el dirigente empresarial ha utilizado el organismo como trampolín político, con la mirada puesta en futuras posiciones dentro de la administración pública o en alguna candidatura que le permita mantenerse vigente en la escena local.
Mientras tanto, los problemas reales siguen acumulándose.
Los propios expresidentes de Canaco han levantado la voz para denunciar el abandono físico del inmueble que alberga a la institución. Un edificio deteriorado que simboliza perfectamente el estado actual del organismo: sin rumbo, sin liderazgo y sin capacidad de gestión.
Y es que resulta difícil exigir resultados cuando la principal actividad parece consistir en aplaudir cada acción gubernamental sin emitir una sola postura crítica sobre los problemas que afectan al sector comercial. La función de una cámara empresarial no es servir como agencia de relaciones públicas del gobierno en turno. Su razón de existir consiste precisamente en gestionar, exigir, proponer y defender los intereses de sus afiliados.
Hoy, lamentablemente, la Canaco Tapachula parece haber olvidado esa misión. El riesgo es evidente. Cuando una organización empresarial pierde representatividad, pierde legitimidad. Y cuando pierde legitimidad, sus propios agremiados comienzan a verla como una estructura innecesaria.
Quizá por ello crece el descontento interno y cada vez son más las voces que exigen un relevo urgente que permita rescatar a una institución que alguna vez tuvo peso específico en la vida económica de Tapachula.
Porque si la Cámara de Comercio continúa más preocupada por las aspiraciones políticas de sus dirigentes que por los problemas de sus afiliados, terminará convirtiéndose en una organización testimonial, condenada a la irrelevancia y al olvido.
Y eso sería una tragedia para el comercio organizado de la región.
REFLECTORES
Mientras algunos siguen apostando por la crítica fácil y la descalificación permanente, en Acapetahua los hechos comienzan a hablar más fuerte que los discursos.
La reciente inauguración de la rehabilitación y ampliación de la Unidad de Salud IMSS-Bienestar Acapetahua CLUES: CSIMB000040 representa una de las obras más importantes en materia de salud pública para el municipio en los últimos años.
Se trata de una acción concreta que impactará directamente en la calidad de vida de miles de familias que durante décadas esperaron instalaciones dignas, funcionales y equipadas para recibir atención médica.
Detrás de esta obra existe gestión, trabajo institucional y capacidad para tocar puertas donde otros ni siquiera intentaron hacerlo.
Por ello, mientras algunos continúan instalados en la crítica sistemática, la administración que encabeza César Martínez Antonio responde con resultados visibles. Las obras permanecen; las descalificaciones se las lleva el tiempo.
Y guste o no a sus detractores, la realidad demuestra que Acapetahua está avanzando.
Como reza el viejo dicho: si los perros ladran, es señal de que César Martinez siguen tapando bocas.
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