Magisterio, sin legitimidad social
Privilegios desplazaron vocación docente
ÉDGAR HERNÁNDEZ RAMÍREZ
Cuarenta y ocho horas de marchas y bloqueos magisteriales, dos días de caos vial, retrasos laborales, pérdidas económicas e inconformidad ciudadana. Fue una estrategia equivocada la de los maestros que protestan contra la “reforma educativa”, consideran algunos colegas que están en contra de que se afecten los derechos de los capitalinos y a favor de que en vez de rechazo haya respaldo social a esos movimientos opositores que en teoría buscan, además de proteger sus conquistas sindicales, defender el sistema educativo público del país.
En efecto, en un asunto de gran trascendencia como es la educación, debieran coincidir objetivos comunes de docentes y sociedad para mejorar infraestructura, métodos de enseñanza-aprendizaje, capacitación, programas de estudio, procedimientos de evaluación pedagógica, e incluso compartir la idea de una educación de calidad con un enfoque científico, laico, popular y solidario; sin embargo, el lazo que en otros tiempos los unió con fuerza, hoyAñadir un evento para hoy ya no existe.
El vínculo se empezó a romper cuando el sindicato magisterial se convirtió en columna del régimen antidemocrático y se olvidó de su papel social a cambio de jugosas canonjías; cuando dejó de ser una organización gremial para convertirse en aparato electoral del gobierno y plataforma para ostentar puestos políticos; cuando sus dirigentes se convirtieron en caciques, se corrompieron y se enriquecieron escandalosamente, cuando las plazas magisteriales no las ocupaban los más aptos y capaces sino quien podía comprarlas.
Pero también la relación se fracturó cuando el mentor se transformó en sindicalizado con privilegios, en comisionado, en gestor; cuando detentaba dos o tres plazas y no ejercía ninguna, cuando sus horas libres las ocupaba para atender un negocio o emborracharse en vez de preparar sus clases, cuando se durmió en sus laureles y dejó de actualizar sus conocimientos, cuando redujo su jornada semanal de cinco días a tres, cuando la defensa de los “derechos sindicales” se sobrepuso a su responsabilidad formadora, cuando empezó a abandonar las aulas, cuando perdió la vocación y sólo quedó el interés material, la ambición por el dinero y el poder.
Y no sólo eso, el abismo se abrió aún más cuando el maestro perdió el respeto hacia sus alumnos, cuando empezó a acosar y a violar niños; cuando éstos comenzaron a morirse en la escuela por descuido o negligencia; cuando también se perdió el respeto a sí mismo y se vació de valores y convicciones.
El magisterio dilapidó su legitimidad social y por eso en la movilización del lunes y martes, lo que recibió fue repudio y no respaldo; se les vio solos, relegados, desdeñados, hasta discriminados; no hubo de la población una señal de aliento, un gesto de solidaridad con su causa, sólo reclamos. Y quizá ellos mismos se sienten y se saben rechazados; por eso tal vez ya no organizan brigadas de boteo o de información para explicarle a la gente el motivo de su lucha y así obtener su apoyo moral; al contrario, vienen a la capital con la premeditación de causar caos, con la idea de que el descontento popular se le revierta al gobierno, pero lo cierto es que ellos son los que más lastimados salen en su de por sí deteriorada imagen.
La otra parte lamentable del asunto, es caer en la cuenta de que quien organizó la movilización de inicio de semana fue el denominado bloque democrático del magisterio, aglutinado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, de quien se hubiera esperado tácticas más inteligentes que incluyeran una actividades de concientización a la ciudadanía sobre las repercusiones de la reforma educativa; sin embargo, no las contemplaron y así todo parece indicar que su movimiento, a raíz de la detención de la maestra Elba Esther Gordillo, quedó circunscrito a la lucha intestina que puede desatarse dentro del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación para cambiar la correlación de fuerzas de los grupos que detentan el poder en esa organización.
Por supuesto, no es éste el mejor contexto para mejorar la educación en el país, particularmente en Chiapas. El vínculo, los puentes de comunicación entre sociedad y maestros deben restablecerse para compartir con responsabilidad y convicción la tarea de educar a niños y jóvenes. Y cumplir con esta misión debe pasar necesariamente, además de reformas al sistema, por un honesto ejercicio de reflexión y autocrítica de los docentes y demás trabajadores de la educación. También en el SNTE hay maestros de mucha valía, entregados y comprometidos con su profesión, y sobre ellos se pueden sentar los cimientos de la refundación de la educación pública.
REMOLINO.- En el sexenio de Pablo Salazar Mendiguchía la relación gobierno-magisterio se caracterizó por la confrontación; las movilizaciones fueron aplacadas con la intimidación policiaca y los descuentos a los salarios de los maestros. Con Juan Sabines Guerrero la estrategia para tener calmados a los profesores se centró en la cooptación, en la ampliación de sus privilegios laborales y apoyos en rubros de infraestructura y transporte. ¿Cuál será la política a seguir del gobernador Velasco Coello? Por lo pronto, ya la Secretaría de Educación advirtió que no pagará los días que los docentes no se presenten a trabajar por estar en paro. El mensaje, en este momento, es la coerción.
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