Húbert Ochoa
ESTE ARROZ YA SE COCIÓ…
El espectacular y apoteósico cierre de campaña que tuvo en Tuxtla Gutiérrez Enrique Peña Nieto no es parte de un ritual al estilo del viejo PRI, sino manifestación axiomática de la simpatía que ha logrado conjuntar un solo hombre para sí y para su proyecto de nación y, también, de la madurez del pueblo mexicano.
En los períodos modernos de América Latina no hay atisbos de un político que haya tenido tanta capacidad de convocatoria y aceptación como la del priista Peña Nieto. En edades no muy remotas Gandhi pudo convencer a las masas con arengas persuasivas y de paz y así logró liberar a la India de la opresión británica. Otro ejemplo preponderante es el de Benjamín Netanyahu quien, con enorme visión de estadista y empleando una perorata progresista y de unidad, ascendió a Primer Ministro de Israel.
El fenómeno en que se convirtió Enrique Peña Nieto en el México de hoy no implica un anacronismo social ni supone que este país esté huérfano de líderes. Hay razones muy lógicas que son base de esa pujanza, excepcional y sorprendente, comparada quizá a la que como su mejor músculo exhibía el cardenismo en la década de los treinta.
1.- La alternancia del poder no resultó como los mexicanos la esperábamos y el ensayo democrático lo hemos pagado con creces, desde la corrupción galopante, los actos de nigromancia en Los Pinos y los abusos de los hijos de la pareja presidencial hasta las complicidades con el narcotráfico en el gobierno de Vicente Fox.
En la administración (qué término tan pomposo para un perfecto desastre) de Felipe Calderón Hinojosa el escenario en México alcanzó grados insospechados. La economía cruzó los linderos del caos con un desempleo que se transformó en jinete del Apocalipsis desembuchando la ocupación informal y la delincuencia callejera con su cuota de sangre y luto.
Calderón sufrirá sin duda el síndrome Díaz Ordaz. Seguramente auto-exiliado, en el ostracismo y la soledad infernales, atormentado por sus demonios internos que serán como punzantes astillas en su conciencia, no podrá conciliar el sueño en sus negras y desiertas noches abrumado por esos más de 60 mil muertos que fueron asesinados con las balas de la intolerancia y del primitivismo, en un corolario púrpura y cruento ni siquiera comparado a la guerra en Medio Oriente.
Política viene del griego politikós y significa atender los asuntos colectivos de la gente. Calderón no lo hizo de tiempo completo. La mayor parte de sus horas las ha ocupado en una lucha irracional contra el narcotráfico, insensata porque está ayuna de estrategias y de inteligencia y ha privilegiado la fuerza enviando al patíbulo al Ejército, a la Marina y a todas las corporaciones policiales. Ya conocemos el saldo dramático.
Cuando el señor Calderón ganó la elección interna de su partido y compitió para suceder al lenguaraz y bufón Vicente Fox, Sólo para enterados dijo porque Calderón no le convenía a México. Escribe con la mano zurda y en esa mano concentra toda la energía de sus acciones. Hitler usaba la misma mano y era igual de testarudo y estólido que Calderón. Hitler tenía la misma mirada que Calderón: una mirada gatuna, de cacodemonio, propia del sujeto que no sabe escuchar. Con sus asimetrías de ciclos, las secuelas de la obnubilación de ambos se cuentan en víctimas.
Por eso el sentido común grita estábamos mejor cuando estábamos peor.
2.- El regreso de la tranquilidad a los hogares de las familias mexicanas, la recuperación de la economía, más empleos y mejores pagados, así como procuración de la seguridad colectiva sin declinar al combate del gansterismo en todos sus niveles, son los ejes cardinales del catálogo de compromisos que ha inspirado la confianza de los mexicanos en Enrique Peña Nieto.
Salvador Corro Cruz, delegado permanente de legisladores del sureste mexicano, muy cercano colaborador de Peña, admite que para el príismo estar de nuevo a Los Pinos es como la cereza en el pastel, como un manjar político. Eso, sin embargo, no conlleva el cobro de facturas o ajustes de cuentas, sino trabajar con pasión, entrega y convicción para redimir a México y devolver la certitud a la sociedad.
Los conservadores tuvieron su oportunidad y no la aprovecharon porque se empalagaron en la parafernalia del poder con sus consabidos excesos en agravio de las mayorías. Por eso la opinión popular juzga que un voto azul, al partido que Gómez Morín pensó con otros ideales, no los del foxismo ni los del calderonismo, tendría implícito el olor a sangre y un tufo nauseabundo de continuismo.
Sufragar por la otra propuesta, la de Andrés Manuel López Obrador, sería tanto como hacerlo por la creación de una sucursal de La Casona, la residencia oficial del loco dictador de Venezuela Hugo Chávez.
El mismo Corro acepta con humildad que Peña no trae consigo una varita mágica ni es el ilusionista que de pronto sacará un conejo blanco o una paloma del sombrero de copa. Eso lo saben los mexicanos como entienden que gobernar a la nación y darle otra cara al mundo, no la cara contaminada de en día, no es con invocaciones al más allá, actos de taumaturgia o plegarias a San Juditas Tadeo, sino requiere de una generosa voluntad y talento, sabiduría y obediencia al pueblo, con una vocación juarista y una catarsis de hipocresías, soberbias y arrebatos hitlerianos, cualidades que nunca tuvieron los panistas.
EL GÜERO
Este arroz ya se coció diría el ingenio chiapaneco. Así, el candidato del pueblo, Manuel Velasco Coello, se perfila a un triunfo incuestionable en la elección del domingo uno de julio. Hoy a las cero horas se cierran las campañas y sólo queda esperar la voluntad ciudadana cuyo veredicto, como ya se vislumbra, está decidido.
En un hecho sin parangón, nunca antes visto, el carismático güero saca 50 puntos de ventaja a su más cercana competidora María Elena Orantes López, la candidata de las izquierdas quien, ensimismada en un pobre y melancólico discurso, desde ahora anticipa su derrota. Emanuel Nivón, del PAN, y la experta en el arte culinario (porque es una excelente cocinera de botanas de carraquita, costillitas y consomecitos de chuti) Marcela Bonilla Grajales, están muy abajo. Bueno, el nombre de la ex miss Chiapas figura como un mero relleno en el formato.
Independientemente del dictamen de las encuestas, la popularidad del joven Velasco Coello es tan palpable como sale el sol. Sólo para enterados le ha acompañado a varias giras proselitistas y hemos podido certificar, pragmáticamente dicho, que son ríos humanos los que lo siguen en una réplica a su magnetismo y a la fe que tienen los chiapanecos en su plan de gobierno para dar secuencia a las políticas públicas del gobernador Juan Sabines Guerrero, básicamente en los renglones de equidad, desarrollo, gobernabilidad y Estado de Derecho.
NORTES
OTRO candidato que ya camina a la victoria es Roberto Albores Gleason, pero al Senado de la República, también del PRI…ZOÉ Alejandro Robledo Aburto, del PRD y aspirante al Senado, confía en su talento para ganar. Hace campaña en el Conejobús y bien que convence. Tiene un grandioso potencial que mucho beneficiará a Chiapas… IMPROBABLE que los pablistas salgan de la cárcel por transacciones políticas. Es la ley la que los juzga y ella, la ley, no está a negociaciones…ES TODO.
