Serpientes y escaleras en el paisaje mesoamericano

Alejandro Mijangos /ASICh

Sujétese el lector de las dos columnas de su caja tipográfica como de los largueros de una escalera, y deje después deslizar su imaginación por las sierpes ancestrales que configurando el paisaje mesoamericano atraviesan las páginas del último número de Liminar, Revista de Estudios Sociales y Humanísticos editada por el Centro de Estudios de México y Centroamérica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.
Bajo el título global de “Paisajes rituales mayas”, y a través de un enfoque predominantemente etnográfico, Liminar aborda en su volumen semestral más reciente las diferentes concepciones que grupos indígenas de Chiapas y de otras regiones de la antigua Mesoamérica tuvieron sobre su espacio geográfico y con base en las cuales —de acuerdo con estos estudios— realizaron sus asentamientos o dejaron testimonio artístico de su presencia mediante pinturas rupestres.
El discurso en el que se apoyan los colaboradores de esta edición es plural: lo mismo se sirven de la arqueología en artículos como “Tras las huellas de Palenque: las primeras exploraciones”, o bien, emplean métodos multidisciplinarios y comparativos, como lo hace el Dr. Shesheña en “Algunas implicaciones de los ritos zinacantecos en cuevas en el estudio del arte rupestre maya”, o incluso refieren el papel que desempeñaba la “Música para las divinidades de la lluvia”, según explica la doctora en antropología Reiko Ishihara en un artículo cuyo título completo es “Reconstrucción de los ritos mayas del período clásico tardío en la Grieta Principal de Aguateca, El Petén, Guatemala.”
Todos los títulos anteriores son tan explícitos que frisan con lo predecible. En los contenidos destacan además constantes referencias a autoridades en el tema, lo cual se traduce en una abundancia de paréntesis al interior de los párrafos que si el lector los perdona, es sólo porque éstos le brindan seguridad sobre el rigor académico de lo escrito.
Aunque a diferencia de otros números, en esta ocasión Liminar no incluye ningún texto de análisis literario, uno de sus artículos centrales, “Hor Cha’an: la serpiente mítica ch’orti en el arte rupestre de Chiquimula, Guatemala”, firmado por los investigadores Carlos Alberto Batres Alfaro, Ramíro Edmundo Martínez Lemus y Lucrecia Dalila Pérez García, compensa con creces esta carencia al ofrecer la imagen metafórica de una serpiente divina que en el imaginario de los indígenas guatemaltecos está asociada a procesos de fertilidad y es responsable de los movimientos telúricos e incluso del trazo del paisaje al reptar por debajo del suelo. La argumentación es convincente al grado de que el lector se siente tentado a hacerla extensiva a toda Mesoamérica y aun explicarse, con perdón de la analogía, por qué el sistema de transporte colectivo más importante de la antaño gran Tenochtitlan consiste hoy en esas lombrices eléctricas que llaman metro, y del que asimismo puede decirse que determina significativamente el diseño de la ciudad y dinámica social de sus habitantes.
Interés especial merece también la aportación de Marcos Cueva Perus, quien se inspira en nuestra vocación por el fracaso para escribir “La oscuridad en los ojos: anomia, sacrificio y culpa en las sociedades latinoamericanas”, texto donde el concepto de anomia de Durkheim es retomado para ilustrar cuán incapaces se han manifestado dichas sociedades en la autorregulación de sus conflictos internos debido a la permanencia de elementos de dominación y violencia legados por los españoles durante los períodos históricos de la Conquista y la Colonia.

Concluye Liminar con el análisis de cuatro casos de alcoholismo entre la comunidad indígena chiapaneca, el comentario —en la sección “Documentos”— del Reglamento de Policía y Buen Gobierno del estado de Chiapas en 1880, en el que igualmente figura el alcoholismo como la principal “llaga social” del país, y finalmente, con una reseña del libro Encima del mar está el cerro y ahí está el Anjel. Significación del agua y cosmovisión de una comunidad tzotzil. ASICh

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