Mario Tassías
De la lista imaginaria de aspirantes a suceder en el cargo al actual gobernador, no aparece ninguna mujer. ¿Ellas están guarecidas esperando el momento o son más precavidas que esos acelerados que actúan como si de recibir una herencia se tratara?
Lo que en términos de política se conoce como cuadros de militancia, no tienen en este momento una mujer visible que rivalice en esa la lista de por lo menos once aspirantes y uno que otro despistado, ya en plena campaña, frente a la omisión de la institución electoral, para ser investidos para los próximos comicios.
Por supuesto que hay valiosas mujeres chiapanecas que desde sus ámbitos de competencia, han demostrado capacidad, entrega, conocimientos para afrontar el reto que significa gobernar una entidad que desde los últimos tres sexenios, va en caída libre y a punto de tocar fondo.
El perfil del próximo gobernante pasa por ese filtro que no logra aprobar ninguno de los que hoy hacen hasta desfiguros para posicionar su imagen. Amén de esos otros que de manera deshonesta se aprovechan de las necesidades de un pueblo hambriento e ignorante, sin dejar de subrayar a quienes desvían recursos públicos en beneficio propio.
Si con elementales propósitos muestran el cobre, imaginemos que pasaría si llegado el caso ocuparan una responsabilidad que por lo visto es de grandes compromisos y responsabilidades, tantas que en por lo menos doce años ha venido de más a menos desvaneciendo miles de esperanzas por un estado de mayor productividad y de proyección en el desarrollo y bienestar de sus habitantes.
¿Es mucho pedir que esos que aspirantes reflexionen? ¿Se encuentren consigo mismo y midan sus fortalezas y debilidades? ¿Sean honestos y dejen la ambición y la cambien por humildad? No se trata de que sean hombres de virtudes o de capacidades más allá de lo razonablemente aceptable. Sino de manifestar el lado humano, fuerte, bondadoso.
Se dice que el bien sólo existe en la pluralidad de las acciones buenas y de las buenas intenciones. ¿Estos aspirantes poseen ambas? ¿Es demasiado o exagerado pedir? ¿Es iluso pensar que un político posea esas cualidades?
No es vano pensar en otras integridades como la urbanidad, la fidelidad, la prudencia, la templanza, la valentía, la justicia, la generosidad, la compasión, la misericordia, la gratitud, la humildad, la sencillez, la tolerancia, la pureza, la mansedumbre, la buena fe, el humor, el amor, por solo mencionar algunas probidades que no se enseñan en los libros, entendidas en su sentido original, no son inalcanzables.
Es lamentable que en el tiempo que se llevan mostrando, Aguilar, Albores, Escandón, Guirao, Hernández, Melgar, Morales, Ochoa, Orantes, Ramírez, Robledo, Salazar, citados en estricto orden alfabético, con disculpas por si se olvida alguno, solo hayan patentizado sus carencias. Uno que otro se asume como líder, cuando es precisamente la de liderazgo la más grave insuficiencia.
Llevar acarreados a sus concentraciones; ofrecer discursos inconexos; promocionar eventos insustanciales e incluso frívolos; regalar baratijas, solo muestran hasta ahora, el pobre material humano del cual disponen para ofrecerlo en garantía de una mejor administración pública. Retratarse con los más desfavorecidos, ratifica la mísera imagen de políticos de baja monta.
Esperamos el tiempo legal y razonablemente adecuado para que las mujeres hagan suyo el interés para encabezar el poder ejecutivo del estado. Seguramente que hay mujeres valiosas que podrían aportar mucho más, para darle un aire de frescura al acontecer político y proyectar un futuro que se antoja enclenque en las actuales circunstancias.
