Fabio Gálvez /ASICh
¡Yday vos? Desgraciado mata-nana, ¿estas son las horas de venir? Mirálo cómo venís, todo revolcado, jediondo y cochino. ¿Y dónde puta es que te metiste? Mientras, yo como loca buscándote donde quiera. Fui a la Cruz Roja, a los bomberos, a la perjudicial, a donde lo dan tu credencial con fotografía y así, ahí andaba yo para arriba y para abajo como alma en pena, ¿y vos? Ni tus polvos.
¿Qué no lo mirás que una madre se preocupa tanto por sus cabrones hijos? ¡Qué no te lo ha dicho tu padre que ya debés de sentar cabeza y portarte bien? ¿Qué no te das cuenta que uno se está jodiendo el lomo todos los días pa´que ustedes estén más o menos, y todavía me salís con esta tu pendejada? Vos sí que dealtiro ya no tenés remedio ni compostura. ¿Onde has visto que salís de la escuela y en vez de agarrar pa´tu casa te largás pa´no sé donde diantre, y venís hasta el otro día en estas fachas?
De verdad que ya pareces guajalote de rancho, pues te trincás a dormir a donde te agarra la noche. Lo que pasa es que se me hace que últimamente no has llevado una chinga de esas buenas, pero ora sí, ora sí que ya tengo el lazo trenzado y remojado atrás de la puerta. Ora sí vas a llevar desgraciado mata-nana pa´que sientas quién es tu madre, ¡jijo de la chinampa!
A ver, acercáte; pero mirá nomás: ¡Pa´su mecha!, mirálo cómo lo traes tu ojo: todo hinchado. ¿Te madrearon, verdad? ¡Pues qué bueno que te dieron en la madre, qué bueno que te pase por pendejo! A ver, volteáte pa´ca… ¡Burro vos!, ¿ya lo viste cómo lo desgraciaste tu pantalón nuevo? ¿Y no es el que te compré ahora el día de San Marcos? ¿No te digo pues? ¡Vos sí que ya no tenés vergüenza ni compasión de tu madre! Todo lo que me friego trabajando, pa´nada. Todo lo que sudo por tu educación y vos parecés hilacha de trapeador.
No, no, esto ya es el fin del mundo! Si bien me lo decía mi madre: Cría cuervos y te sacarán los ojos. Oí, a propósito de ojos, enseñámelo bien ese tu ojo… ¡Pa´su madre! Pero es que de verdad te dieron en toda la madre hijito. En serio; ese tu ojo parece una bolsa de nigua, hacé de cuenta un cupapé maduro y bolsudo. ¡Qué burro serás! A ver, acercáte un poco más que yo te mire bien, ¡Oí vos condenado! ¿No es que´stoy soñando? ¿No es perfume de mujer lo que traés jediendo en tu camisa? ¡Pa´su mecha, sólo eso me faltaba! No sabés ni tender tu cama todavía y ya andás buscando mujer en la calle. Esto sí que te va a costar una chinga, que no vas a volver ni pa´la noche de tu corona, menos pa´l mero día de San Juan.
¿Onde has visto que un mocoso como vos ya ande buscando mujer cuando todavía no sabés ni trabajar? No estás para saberlo, pero cuando tu padre me buscó es que ya sabía trabajar la carpintería, ya había llevado cursos de electricidad y ya ganaba sus centavitos. Las escuelas eran muy humildes, pero chingonas. Enseñaban a uno a leer, a escribir y nos enseñaban a agarrar algún oficio. Los maestros también eran estrictos y cumplidos, y se preocupaban por uno. Por eso nuestros padres nos entregaban con ellos con todo y cuero. Por eso salimos más o menos buenos, no alzados ni sobresalidos como vos, desgraciado mocoso, comecuandohay.
En cambio, en estos tiempos, los chamacos y chamacas ya no ayudan en la casa, ya les da pena barrer, les da vergüenza ir a hacer mandados. Que dicen les dá la alergia cuando lavan ropa… ¡Puras pendejadas! Ah, pero eso
Sí, díganles calle, discoteq, o mirar la televisión; ahí sí que no los molesten porque dicen “que se trauman”, ¡váyanse a la chingada! Lo que les falta a ustedes es cuero, cuero y más cuero, pa´que se eduquen. ¡De vicio paga uno en la escuela particular y no sirven para nada! Ah malhaya sufrieran lo que nosotros sufrimos cuando acarreábamos leña del Sabinal, cuando vendíamos jocote curtido en palangana, cuando íbamos de casa en casa vendiendo nacapitú, tamales de hojaemilpa o de aquellos de toropinto.
Y todavía después de todo lo que ahora gozan, todavía se portan mal como vos, ¡jolote de rancho, descarriado, candil de la calle, malhijo, desgraciado, zoquete, mata-nana, burro! (y ¡zas, zas!, cocotazos).
Pero bueno, andá con tu abuelita hijito, mirálo que te lo cure ese ojo con agua de malva, luego venís a que sirva tu desayuno. Ah, pero eso sí, sólo pa´que no me vayas a denunciar con los Derechos Humanos, en cuanto tengás la tripa llena, te venís corriendo al patio. Aquí te voy a esperar pa´que me oigás mi boca y pa´que yo te dé una tu santa puteada, como pa´que no la olvidés en toda tu chingada vida. ¡Te la merecés!… ¡Jummmm! (voltea la trompa y se va). ASICh
