Ramón Cota Meza
Por curiosidad consignamos la reconsideración académica de los sacrificios humanos prehispánicos, anunciada hace un mes con circunspectas declaraciones y un seminario internacional en la ciudad de México. Para los especialistas es un tema interesante por derecho propio; para muchos otros lo es por mera curiosidad. Conclusiones académicas anticipadas asimilan los sacrificios prehispánicos al sacrificio de Jesús, lo que resulta polémico a todas luces.
Dicho sea de paso, el prolongado silencio de los expertos mexicanos sobre el tema es en sí mismo un asunto de historia intelectual. Pues el sacrificio humano está en el centro de todas las sociedades arcaicas y, de manera simbólica, en el desarrollo de la cultura y la civilización occidentales después de Cristo, así que no puede ser ignorado. El estudio del mundo prehispánico a partir del sacrificio podría modificar las ideas corrientes sobre esas sociedades.
Un antecedente de esta reconsideración es el libro Extravíos de la antropología mexicana, de Horst Kurnitzky (Fineo editorial, México, 2006), crítica franca y veraz de la omisión y trato incidental del tema, rigurosa exposición de los conceptos científicos y filosóficos en la materia e hipótesis coherentes con la evidencia presentada. Una conclusión de Kurnitzky es que el mito fundacional de la nación mexica podría obedecer a un esquema edípico clásico.
Su evidencia principal es el Teocalli de la Guerra Sagrada (Museo Nacional de Antropología), figura tendida bajo el agua, de cuyo pecho abierto emerge un nopal con un águila posada y el glifo de la guerra en el pico. La figura representa a Cópil, hijo de Malinalxóchitl, hermana mayor de Huitzilopochtli, la que habría sido desterrada por cometer crimen grave o incesto con su hermano. Instigado por su madre, Cópil regresa a matar a Huitzilopochtli, pero éste lo mata antes y lo arroja al lago.
Al explicar la propensión universal al sacrificio en pulsiones, miedos y deseos arraigados en nuestro instinto de supervivencia, Kurnitzky suena algo determinista, mientras que su distinción entre los sacrificios arcaicos y el de Jesús no es del todo clara. En este último punto tiende a coincidir con los académicos mexicanos, si bien éstos van más allá al presentar el sacrificio de Jesús como idéntico a los sacrificios prehispánicos.
René Girard tiene mucho que decir al respecto en cualquiera de sus libros (El chivo expiatorio, La violencia y lo sagrado, Veo a Satán caer como el relámpago, La ruta antigua de los hombres perversos), donde no se cansa de subrayar la diferencia principal: “En los relatos míticos las víctimas de la violencia colectiva son consideradas culpables (…) mientras que en los relatos bíblicos y evangélicos esas víctimas son consideradas inocentes”.
La importancia antropológica del proceso que los evangelios ponen de relieve —dice Girard— es el apasionamiento mimético contra una víctima única. El deseo mimético (el deseo de ser tan poderoso como otros o tener sus bienes y fortuna) incita la guerra de todos contra todos y una ansiedad colectiva que sólo se apaciguará con el sacrificio de una o más víctimas. Jesús rompe este ciclo de violencia homicida al aceptar su propio sacrificio, oponiendo un mensaje de amor y redimiendo así a todos los sacrificados.
Para Girard, “la fuente principal de la violencia entre los hombres es la rivalidad mimética, que no es accidental, pero tampoco fruto de un ‘instinto de agresión’ o de una ‘pulsión agresiva’ (…) Lo que Jesús nos invita a imitar es su propio deseo, el impulso que lo lleva hacia el fin que se ha fijado: parecerse lo más posible a Dios Padre (…) La mejor manera de prevenir la violencia no consiste en prohibir objetos o el deseo de emulación mismo (…) sino en proporcionar a los hombres un modelo que, en vez de arrastrarlos a las rivalidades miméticas, los proteja de ellas”.
Estas ideas han ido ganando cada vez atención en el mundo, aunque muchos intelectuales las objetan por ser explícitamente cristianas, como si eso las volviera anticientíficas. En realidad, el cristianismo de Girard es la conclusión de una investigación científica, la cual arroja nueva luz sobre los orígenes de la cultura, siendo consistente con la teoría de la evolución de las especies de Darwin.
blascota@prodigy.net.mx
Analista político
