Rumando 39/07/09

Enrique Alfaro

Ver los árboles y el bosque

La primera pandemia del siglo, que pareciera haberse iniciado en el país, puso de manifiesto la terrible crisis que vive el sistema nacional de salud luego de décadas de una política de descentralización fallida que heredó a los estados una infraestructura deficiente, pero que permite a la federación responsabilizar a las entidades de todos los errores cometidos: en el combate a las amenazas epidemiológicas, por ejemplo.
La descentralización mexicana del sector salud, fue exitosa en la transferencia de responsabilidades pero profundamente injusta en el otorgamiento de recursos. Si bien los mecanismos de asignación presupuestaria obedecen en los planes a variables como índices de marginación y tasas de mortalidad, en los hechos las entidades federativas consiguen ampliaciones financieras en el cabildeo ante la Presidencia de la República y no son precisamente los estados más pobres los de mayor capacidad de gestión política.

Se ha demostrado que los gobiernos estatales más beneficiados presupuestalmente hablando, con un sistema de salud más eficiente y preparado, consiguen argumentar y justificar de mejor manera la ampliación de los recursos, lo que crea un círculo vicioso que perjudica a las entidades más marginadas.

En tiempos del “pluralismo mexicano”, la Presidencia de la República adjudica recursos extraordinarios en función de circunstancias políticas, de la “buena o mala” relación de los gobernadores con Los Pinos y Bucareli. Finalmente la federación aparece siempre como la salvadora que acude a resolver deficiencias y a inyectar recursos que deben de ser ponderados y publicitados.

Las deficiencias notorias en las políticas de salud de los estados han sido documentadas en forma destacada en los medios, lo que es plausible, pero no debe de quedarse en una visión chata, miope, pues las responsabilidades de la crisis del sistema nacional de salud son amplias y las autoridades federales no están al margen.

Más allá de las escaramuzas, de las filias y fobias, es necesario ver los árboles y el bosque. Leyendo detenidamente al doctor Gilberto Gómez Maza se puede advertir serias críticas a las autoridades locales, pero también los dedos en las llagas: la inexistencia de un sistema de vigilancia epidemiológica adecuado, unidades médicas de tercer nivel sin presupuesto para su funcionamiento, relaciones sindicales que impiden poner orden al interior de la SSA, ignorancia médica sobre el virus y su diagnóstico, además de que se enfrentó la pandemia sin recursos humanos y técnicos. Estas condiciones no son nuevas, son parte de la herencia de la descentralización fallida del sector salud que vive una grave crisis en su sistema nacional. Y la lista de deficiencias seguramente es muy grande…

Enrique Alfaro
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