Ramón Cota Meza
Finalmente Costa Rica ratificó en las urnas el Tratado de Libre Comercio Estados Unidos-Centroamérica-RD (CAFTA), tres años después de iniciado en el resto de los países. La decisión es importante porque afirma el referendo para dirimir asuntos nacionales potencialmente divisivos. Con más razón tratándose del país con mayor trayectoria democrática en América Latina, el menos pobre y más estable de Centroamérica, depositario también de gran biodiversidad en relación con su pequeño territorio.
Las promesas del tratado están por verse. La alta votación adversa estuvo informada por la experiencia de los países vecinos, cuya apertura comercial ha sido más rápida y vasta, con resultados muy distintos a los prometidos, por lo menos en servicios públicos, renglón que los costarricenses consideran suyo, valoración acrecida por la decepcionante apertura del sector eléctrico de los vecinos, que ahora pagan tarifas más altas por un servicio más deficiente y más dependiente de los hidrocarburos.
A casi 15 años de la reforma eléctrica en la región, la producción del fluido se concentra en tres empresas que controlan más de 90% en algunos países; los consumidores beneficiados no suman 8% del mercado; los pequeños comerciantes e industriales son los grandes perdedores; las tarifas de consumo doméstico suben poco porque los gobiernos las subsidian. Lo más grave es el crecimiento exponencial de la importación de petróleo en una región muy sensible a su precio.
Los avances en disminución de la dependencia y diversificación energética de los países de la región desde la década de los 80 se perdieron después de la reforma eléctrica. Sólo Costa Rica los ha mejorado con programas de inversión pública en generación hidroeléctrica, eólica y geotérmica. El Instituto Costarricense de Electricidad controla casi 90% del sector y ofrece las tarifas más bajas y el servicio más eficiente en la región.
La apertura eléctrica basada en gas y petróleo en países de vocación hidroeléctrica sólo puede explicarse por la devastación de las guerras, las crisis políticas y los desastres naturales en la región. Guatemala, Nicaragua, Honduras y El Salvador vuelven a tener desbalance de pagos por importación petrolera, sin que la cobertura eléctrica haya crecido, con grandes pérdidas del fluido y muchas quejas por mal servicio y facturas alteradas.
En cuanto al comercio de mercancías, Costa Rica tiene ya casi todas las ventajas que el CAFTA le ofrece, de modo que al ratificarlo asume más costos que beneficios. Punto altamente sensible es el régimen de propiedad intelectual del CAFTA, sobre todo el de especies vegetales con potencial genético, en las que Costa Rica es pletórica. Las cláusulas de este renglón podrían dejar a los agricultores sin acceso a sus propias semillas.
La ambigüedad del CAFTA en este punto y otros relacionados con los alcances de la propiedad biogenética parece haber inclinado la posición de la jerarquía católica por el “No”, activando la demanda cristiana de respeto a la vida. Pero los costarricenses podrían tener algo más que argumentos teológicos para no ceder en este aspecto. Costa Rica es el país centroamericano con mayor actividad científica en el renglón y políticas para el aprovechamiento nacional de esos recursos.
En suma, Costa Rica ratifica el CAFTA porque no puede estar fuera de él, pero sus beneficios en servicios públicos, ahorro energético y explotación biogenética están por verse. También están por verse las políticas comerciales del Partido Demócrata para la región en caso de que gane la Presidencia y el Congreso de Estados Unidos. El objetivo de cualquier política demócrata será reducir la inmigración. Es un asunto de fondo porque se suponía que los tratados comerciales iban a disminuirla.
Un enfoque comercial basado en frenar la inmigración se traduciría en políticas que arraiguen a la gente en su entorno. Por cierto, Costa Rica ha empezado a tener problemas de manejo de la mano de obra centroamericana que ingresa a su territorio. Se suponía que el CAFTA iba a dar muchos empleos a los centroamericanos, pero éstos siguen emigrando a Estados Unidos y Costa Rica. Si la inversión extranjera aumenta en este último país, la inmigración aumentará, deprimiendo los salarios.
blascota@prodigy.net.mx
Analista político
