Para Teresa Hernández Peralta en Villahermosa tabasco
Quien soy y a que voy…
Quien corre el lápiz, se mofa de ser un gran soñador, pretende ser un aprendiz de todo para después graduarse en oficial en nada. Me voy a sincerar con ustedes, será un secreto: Bien, he querido ser feliz pero fuerzas del mas allá se hacen presente en el mas acá y la verdad pos como que hay interferencia pero al que pasan joder es a mi y nada mas que a mi (bueno y quienes están a mi alrededor a quienes amo) no tengo una edad avanzada (y tampoco esperen que les diga mi edad) pero en lo poco o mucho que he vivido he aprendido a no caer dos veces en el mismo bache…(ni porque las autoridades de Chiapas digan que ya los taparon todos, hay un chingo). Mi forma de ser ha sido justa conmigo mismo, he aprendido a reírme de mis desgracias y he puesto la mano a quien lo ha solicitado, sin embargo…a veces uno cae en un espacio de tristeza. No recuerdo si ya se los había comentado pero me llama la atención de la gran lección encierra el epitafio en la lápida de un obispo anglicano en la abadía de Westminster, Reino Unido:
“Cuando era joven y mi imaginación no tenía límites, soñaba con cambiar el mundo. Según fui haciéndome mayor, pensé que no había modo de cambiar el mundo; así que me propuse un objetivo más modesto e intenté cambiar sólo mi país. Pero con el tiempo me pareció también imposible.
Cuando llegué a la vejez, me conformé con intentar cambiar a mi familia, a los más cercanos a mí. Pero tampoco conseguí casi nada. Ahora, en mi lecho de muerte, de repente he comprendido una cosa: si hubiera empezado por intentar cambiarme a mí mismo, tal vez mi familia habría seguido mi ejemplo y habría cambiado, y con su inspiración y aliento quizá habría sido capaz de cambiar mi país y, quién sabe, tal vez incluso hubiera podido cambiar el mundo”.
Por eso cada que Dios me da el privilegio de postrar mi testa en la almohada, cuando terminar el día, sé que no es sólo bañarme, bajar persianas, apagar las luces y cerrar la puerta de mi espacio de convivencia. Utilizo cada noche para hacer un pequeño “examen de conciencia”, que sirve para llevar un poco la “contabilidad del día”: Soy administrador y me administro poco, lo que he hecho mal, lo que he hecho bien y lo que me propongo hacer mañana mejor, es decir, me sirve para debilitar mis debilidades y fortalecer mis fortalezas.
No es necesario que le dedique mucho tiempo: un minuto o dos. Pero un tiempo vivido con la intensidad del día, pidiéndole a Dios, que me conoce mejor que yo mismo, que pueda ver mi vida como Él la ve.
El examen de conciencia me ayuda a avanzar en esa aventura que dura toda la vida: la aventura de conocerme a mí mismo. Conocer mis cualidades, mis aptitudes, mis errores, mis limitaciones, mi defecto dominante, de qué forma puedo servir mejor a los demás.
El examen nocturno diario de conciencia me ayuda a ver la vida con los ojos de Dios.
Cierto día un caballero que observaba la labor de la madre Teresa de Calcuta le dijo: –El trabajo que tú haces, yo no lo haría ni por todo el oro del mundo.
–Pues yo tampoco -respondió la madre Teresa de Calcuta-, si lo hago es por amor.
Así es la vida este corredor de lápiz (esperando cumplir a quien me pidió un perfil de mi persona) todo gira en torno al amor, porque sé que cada día es una ocasión especial, que la vida es una experiencia no para sobrevivir, sino para gozar, por eso no guardo nada para mañana, vivo el hoy a plenitud, lo hago a través del amor y del humor.
Puntos Suspensivos…
Los problemas que pudieran saltar en el congreso del estado será en el momento en que los permisos de otros alcaldes pasen como cuchillo en mantequilla mientras que de los cuatro pasados fueron serian visto que fueron tratados de forma diferentes….
Opiniones, quejas y sugerencias al correo rogerlaid@hotmail.com
—
Liberando la expresion y compartiendola…iday pué
