Punto de vista

Mario Tassías

Desde el derecho, el término solidaridad tiene que ver con la obligación. Desde otra perspectiva es como dice el diccionario “adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. La solidaridad, tiene que ver con una actitud ante la vida. Con nuestra postura ante la sociedad y antes, mucho antes con quienes están más cerca de nosotros.
A partir de la ventana jurídica, la solidaridad es “Aquella en que cada uno de los acreedores puede reclamar por sí la totalidad del crédito, o en que cada uno de los deudores está obligado a satisfacer la deuda entera, sin perjuicio del posterior abono o resarcimiento que el cobro o el plazo determinen entre el que lo realiza y sus cointeresados”.
Dentro de una persona legal, se entiende que sus socios son solidarios cuando todos son individualmente responsables por la totalidad de las obligaciones. Para el derecho, la solidaridad implica una relación de responsabilidad compartida, de obligación conjunta.
Si la solidaridad, una “voz (que) se creó en el siglo XIX por adaptación del francés solidarité” tiene que ver con la cualidad que podemos mostrar en evolución. Diversos aspectos hacia cuestiones que debieran interesarnos, más allá del carácter egocéntrico de nuestras actuaciones en el pequeño gran universo del diario vivir.

Todos los días tenemos oportunidad para mostrarnos solidarios. Con el esposo o esposa a quien se le hace tarde para llegar al trabajo. Con las labores en el hogar. Con el apoyo incondicional con los críos.

Se es solidario con el niño que corre porque no encuentra el cuaderno que debe llevar a la primera clase de la mañana. Con el pordiosero que aterido de frío, toca tu puerta en busca de algo caliente para comer.

Al taxista que desesperado por el tráfico hace sonar la corneta de su vehículo. Por el conductor que en un impulso salvaje por llegar a su próximo destino, maldice la hora en que pusieron semáforos donde cabía un puente vehicular. Al colectivero que se ve constantemente rebasado por el “compañero” que le “roba” los “pasajeros” o que se porta amable con la anciana que aborda su unidad de transporte.

Las muestras de solidaridad aparecen donde menos uno se imagina. Son como esporas de un organismo que inundan el universo. Magnifican la existencia. Va más allá del círculo de influencia. Marca el futuro aunque el porvenir sea impenetrable. La solidaridad como el amor, responde a una serie de procesos bioquímicos. Está cerca de nuestras emociones. Tiene poco que ver con la caridad. Atados fuertemente por la solidaridad, es difícil que alguien nos quiebre, dice un proverbio hindú.

No todos podemos ser solidarios. Deberíamos. Es condición humana. Algunos entendemos solidaridad por compasión y ese es otro concepto no tan cercano. “La caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”, dice Eduardo Galeano.

La licenciada María Eugenia Morales Figueroa, amiga ciberlectora comparte con nosotros este correo, muy a propósito de la solidaridad y de la visión que cada quien tiene con la imagen semántica de un mensaje.

Hace unos meses, Bono el vocalista de la banda irlandesa U2 buscaba en México, la solidaridad de los miles de fanáticos que gustan de su música, de su ambiente.

Es de sobra conocido el espíritu altruista de Paul David Hewson (10 de mayo de 1960) nominado consecutivamente al Premio Nobel de la Paz en 2003, 2005 y 2006, fundador del movimiento Jubilee 2000 “Drop the Debt”, la organización DATA cuyo objetivo es alertar sobre las deudas impagables que mantiene el continente, la transmisión descontrolada del Sida y las injustas reglas de comercio que dañan a sus ciudadanos empobrecidos.

Durante un concierto efectuado en la Ciudad de México hubo una parte muy emotiva cuando Bono pidió al público guardar silencio. Entonces golpeó sus manos, una con la otra. A los pocos segundos, sonó otra palmada. Pocos segundos después dio otra palmada. Esto lo repitió en varias ocasiones ante un silencio imponente del público. Después, con voz angustiante dijo:
– Everytime I clap my hands, a child in Africa dies. (Cada vez que aplaudo, un niño muere en Africa)
Entonces se escuchó claramente una voz entre el público asistente (con acento chilango) que gritó:
– ¡Pues deja de aplaudir, cabrón!
¿Qué pedía Bono?
A veces la solidaridad tiene diversas formas. En ocasiones basta un abrazo, un apretón de manos o simplemente la escucha atenta y la compañía fraterna.

comunicologo10@yahoo.com.mx

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