Punto de vista

Mario Tassías

Si emprender es una aventura, los aventureros no aparecen por generación espontánea. Los pioneros y pioneras son semillas que dominaron terreno y ambiente. Se reprodujeron. Sus frutos son lozanos, exquisitos y una o muchas características más que los convierten en productos de calidad.
No significa que quienes no emprenden acciones estrictamente lucrativas en la plena extensión del término, no posean atributos que permiten consolidar existencias. Si tocan vidas moldean futuros. Quienes dan vida, por supuesto que son emprendedoras. Más aún aquellas que cumplen doble función y salen adelante, a pesar de las adversidades.

Los especialistas de los grandes y pequeños negocios, dicen que el emprendedor tiene que inventar, iniciar, conservar y algunas otras muchas sugerencias que si se siguieran al pie de la letra podrían dar como resultado un buen potaje.

Pero la vida no es tan simple como parece. En su sencillez tiene la magia como para incluir en el presunto guiso, dos gramos de valor, tres litros de leche, cuatro huevos, cinco gramos de inteligencia, cien gramos de entereza, un kilo de convicción, una medida del corazón.

Quien emprende una tarea y acomete compromisos sabe que enfrentará retos. Sabe que el camino que recorre no está exento de baches, curvas, subidas, bajadas, topes.

Hay quienes chocan con pared y derribarla tiene sus consecuencias. Todo movimiento en la vida tiene resultados. Los únicos que no tienen problemas decía un amigo, yacen tranquilamente dos metros bajo tierra.

Los emprendedores, de cualquier empresa por pequeña o grande, miniatura o colosal, tienen entre muchas, una característica que los distingue del común. Son seres indómitos. Tienen la mirada fija en el objetivo que se han trazado.

Son tenaces, en ocasiones esa denominación tiene que ver con el espíritu, esa parte inmaterial que hace sentir y que actúa como fermento en el proceso de evolución. Pero que también se relaciona con los pusilánimes, con los cobardes, con los débiles. Quien no conoce el dicho “tiene corazón de pollo”.

Un emprendedor, simplemente hace las cosas.

Alguien que no lo es, cuestiona. No se embarca sino sabe para dónde va la nave.

El emprendedor tiene una estrategia. Quien no lo es, tiene un pretexto. La ejecución tiene su lógica respuesta a casi todas las preguntas. El emprendedor se ocupa, deja la preocupación para otro momento. Los cómos y los por qué son motivos suficientes para querer llegar al puerto.

La diferencia se marca porque un emprendedor sabe cuáles son sus metas. No simplemente está y es ganancia, como dicen. El que emprende sigue sus estrategias, las analiza, las checa constantemente sabe cuáles son las adecuadas, las otras las elimina. Materializa sus estrategias, convierte la teoría en práctica.

No solo piensan que el dinero es la meta principal de un buen empresario, sino la satisfacción de transformar sus ideas en éxitos. Empresario es el que emprende, por mísero que sea el recurso.

Muchas veces prefiere trabajar solo y no le da miedo afrontar todas las responsabilidades. Busca autonomía, libertad y es individualista. Ante las dificultades no se complica y busca la solución más fácil.

Si a todo lo anterior le agrega, organización, si busca soluciones prácticas y sencillas. Lo que falta es recorrer el camino.

Ellas adicionan sensibilidad, sexto sentido, una carencia eminentemente masculina. Posiblemente por eso, ellas cuando emprenden anteponen el amor y por eso tocan el cielo.

comunicologo10@yahoo.com.mx

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