Mario Tassías
Decía Octavio Paz que la vida es una continua elección. Que la elección es inherente a la libertad, que tenemos libertad para pensar, para escribir, discutir, reflexionar, actuar, trabajar, así como libertad de movimiento, libertad de votar y ser votado. “Somos seres capaces de escoger y ser escogidos. De aceptar y rechazar. En esto consiste la libertad. Y esto, justamente, es lo que tenemos que defender. La libertad es el núcleo de la persona”, “… la libertad es la elección de la necesidad”, afirmaba el Nobel de Literatura.
En ese contexto se inscribe la comunicación. Desde el momento de la concepción existe libre comunicación entre la madre y ese ser que empieza formarse. Nada puede interponerse entre esa minúscula masa uniforme desde el vientre hacia los órganos vitales de quien concibe. Hay relatos conmovedores de mamás que relatan el primer contacto. La comunicación también es vida.
Resulta interesante ver como en el seno de la familia y el Estado tiene el deber de protegerla, se establecen medios de comunicación que permiten su desarrollo o su deterioro. El asunto va más allá de una simple decisión, en uso de la libertad. Jean Paul Sartre decía que el hombre nace libre, responsable y sin excusas, es en el camino donde se va perdiendo.
El Estado como forma de organización política predica en el artículo 6º. Constitucional que: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito, o perturbe el orden público…” o sea que también por ese lado, también podemos ejercer un derecho.
La familia es la base de la sociedad, el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que las guían durante toda la vida.
Una sociedad con familias disfuncionales, es una sociedad alterada y es que familia no es solo el “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas o en lugares diferentes, y especialmente el formado por el matrimonio y los hijos” que define el diccionario. Un conjunto así de simple o complicado, según se vea, no requiere más que atención. Pero la familia es mucho más que eso. Claro que hay de familias a familias.
Es en la familia donde empieza la comunicación y eso no tiene nada que ver con los componentes de última generación que dicen los técnicos especializados en informática. Es ese algo que no tiene connotación teórica. Que se ejerce desde el momento mismo de estar en el seno del hogar.
De cómo papá y mamá se comunican, mucho tiene que ver cómo se consolidó la unión. El antecedente de una comunicación entre dos seres que se precian de respeto, son los momentos previos a la decisión de vivir juntos. Es una historia que comienza con la primera mirada. Se dice que el primer beso se da con los ojos y de ahí. Si la tierra es fértil, se produce la conjunción de lo que en el futuro podría convertirse en una familia. Se ha cerrado el círculo de la comunicación. El mensaje fue y regresó. Se ha codificado la existencia de dos seres.
Esto que aparentemente es simple, tiene sus vericuetos conforme avanzan los días en pareja. Conocerse es el principio y final de lo que los idealistas denominan destino. Se ha encontrado al ser que completara la plenitud como especie.
Nadie ha practicado antes de formar el primer hogar. Son escarceos, visiones, ajustes de ideas, las que al conectarse entre sí producen la magia de la comunicación. Los puristas dirán que desde mucho antes, pero es cuestión de enfoques.
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