Mario Tassías
Todos los días hay que esforzarse. Un día sí y otro no, es inconsistencia. La cultura del esfuerzo debería ser la gasolina para que el motor arranque. El aceite de la máquina para que no desvíele. El aliento para nutrirnos de energía. Ya sé que son tiempos difíciles, que llorar podría inundar nuestras almas. Pero si no potenciamos nuestras capacidades podríamos quedarnos como simples espectadores en un ritual en donde somos protagonistas.
La vida no nos ha preguntado si queremos ser autores de nuestra existencia. No nos ha puesto una pistola en la cabeza para presionarnos a hacer lo que no queremos hacer. La vida está ahí. La vivimos según nuestras condiciones. Somos arquitectos de nuestro destino, decía el poeta. A nadie más podemos culpar de nuestra indolencia. De no esforzarnos.
Cada uno desde su perspectiva, aprende y ve las cosas que quiere ver. No es que se cierren los ojos a la realidad, lo que pasa es que hay sucesos que nos obligan a ver lo oscuro de la vida. Pero somos nosotros, los que debemos accionar el interruptor para encender la lámpara. Nadie lo va hacer por nosotros.
No le quepa la menor duda. Usted puede interesarle a todo el mundo, pero el mundo está ocupado en sus asuntos.
Es difícil imaginar a alguien mejor que usted para interesarse en usted mismo. No es de ninguna manera egoísmo suponer que usted se quiere mucho. Es que nadie lo va a querer más. Eso tiene que ver con la autoestima. Con la forma como quiere que el mundo lo quiera. Nadie da lo que no tiene.
La cultura del esfuerzo tiene enemigos a muerte, uno de ellos es el materialismo, otro es la permisividad, uno más es el hedonismo, el individualismo es otro y también el secularismo es rival.
Qué entendemos por materialismo y cuáles son sus consecuencias en la cultura del esfuerzo, son cuestiones de elemental comprensión. Aterrizado a la vida de los simples mortales, el materialismo, no solo es la doctrina que admite como única sustancia lo material, dejando de lado la espiritualidad y la inmortalidad del alma humana. Un concepto que emerge de las llamadas ciencias duras que dicen los científicos sociales. “Dialéctica de lo concreto” de Karel Kossik es un buen ejemplo de libro sobre el tema. Marx y Hegel saben infinidad de esa tesis.
El materialismo entendido como tal promueve para que el esfuerzo cotidiano, alcance objetivos que si no se puede manifestar en algo concreto, no vale o por lo menos no es útil. Es el utilitarismo el que coloca el fruto por sobre todas las cosas, incluso los sentimientos más íntimos. Inclusive aquellos que te enternecen cuando sabes amar y te aman. Es esperar todo a cambio de nada.
No digo que los materialistas no se emocionen con el amor, se ilusionen con un amanecer. Con una puesta de sol. Sucede que para ellos, existirá la pregunta acerca de qué beneficio se obtiene con esa contemplación. En razón de su costo beneficio. Habrá la posibilidad de convertir en materia, lo intangible. Materializar lo que está más allá de un simple objeto capaz de transformar un hecho en sentimiento.
De la permisividad, el hedonismo, el individualismo y secularismo como antagonistas de la cultura del esfuerzo, hablaré, si usted me lo permite, en otra oportunidad.
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