Punto de vista

Mario Tassías

A mis amigos Pepe, Delmar y Fabián del grupo
“Estrella del Sur” por su 5° aniversario.

El alcoholismo es una de las más graves enfermedades que padece nuestra sociedad. Es un padecimiento que mata poco a poco. No es un simple vicio, que se pueda erradicar en cualquier momento. Es un mal que requiere de productos de gallina para vencerlo. Cuesta uno y la mitad del otro superarlo.
Las cifras de enfermos alcohólicos son interminables. El erario federal gasta 12 mil millones de pesos en atención a casos derivados del alcoholismo, 32 millones 876 mil 712 pesos diarios que podrían servir para crear empleos, por ejemplo.

Esa enfermedad es la tercera causa de muerte en hombres. Durante 2007 murieron 20 mil 992: 57.51 personas diariamente, 2.40 cada hora. Muchos más que en una guerra.

El 50% de los accidentes de automotores se derivan de conductores embrutecidos por el alcohol; provocan un costo anual de 120 mil millones de pesos para su atención, tratamiento y seguimiento.

Son números del Secretario de Salud, que agregó que “además de propiciar una quinta parte de las accidentes laborales, contribuye al desempleo, ausentismo y está en las primeras 10 causas que afectan la productividad de los empleados con altos impactos indirectos sobre las empresas y su desempeño en los mercados y costos de recuperación”.

José Ángel Córdova Villalobos explicó que aunque el malestar es más frecuente en varones que en mujeres, en una proporción de 12.8 hombres por cada mujer, en los últimos años se ha registrado un incremento en los casos femeninos, sobre todo en adolescentes y jóvenes. Recordó que el IMSS atiende mil casos semanales de intoxicación etílica por lo que, añadió, “está en manos de la sociedad la resolución de este problema y no sólo en las autoridades”.

El alcohol produce delirio. “Una silenciosa epidemia de la demencia”. Incubado, destruye segundo a segundo. Dicen los alcohólicos que es fácil palpar el infierno en momentos de crisis. Quizá cuando llega la lucidez saben que se están suicidando trago a trago, y no tiene las ganas de impedirlo. El alcohol eleva la presión sanguínea. Aumenta el nivel de grasas nocivas en la sangre. Daña el tejido cerebral. Produce locura.

Quienes hemos convivido con alcohólicos, sabemos lo difícil que les resulta entender. “Ni a mi madre cuando vivía le hice caso. Que te hace pensar que con tus advertencias voy a dejar de beber”. Fue la respuesta contundente de un ser querido, ahora consumido por el alcohol. El ser más brillante pierde su resplandor y segundo a segundo se va transformado en piltrafa humana.

¿Podríamos hablar de irracionalidad? ¿Podríamos entender qué les mueve a consumirse en vida? ¿Qué lenguaje hablar para hacerse entender en un mundo obnubilado por el alcohol?

Los que saben de esto, reconocen que ni el amor en toda su concepción semántica, es capaz de inhibir al alcohólico. Que las palabras se las lleva el viento, son sonidos sin contenido. Que el apoyo moral, económico, social, médico, religioso o psicológico, sirven muy poco para quien está decidido a rendirle pleitesía al dios Baco.

Asustan los números de la Secretaría de Salud, el diagnóstico de los especialistas en diversas ramas de la ciencia. Son estadísticas: muestran mucho, no enseñan todo, pero es suficiente para entender que tras el alcoholismo, se ocultan intereses de quienes lo producen.

Las cifras sirven para entender de estadísticas. De muy poco valen para que millones de hombres y ahora con más frecuencia mujeres, se hayan sumado al contingente de los afectados por los neurotóxicos del alcohol y el incremento de su consumo.

Para quienes están en recuperación cada 24 horas, mis respetos. Se necesitan tamaños para salir del agujero. Un día tocaron fondo, de menos cero, caminan ahora con otra visión sumando segundos a sus vidas. Ellos reconocen que no son seres extraordinarios. Claro que no. Son simples mortales, hombres y mujeres que un día tomaron, hasta ahora, la decisión más importante de su existencia. Un día, en las tinieblas del aturdimiento concibieron que más allá de la oscuridad haya una luz de esperanza para volver a nacer.

comunicologo10@yahoo.com.mx

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