Punto de vista

Mario Tassías

Buena muerte o bien morir es lo que literalmente significa eutanasia. Etimológicamente, la palabra nos viene del griego “eu”, bien, “Thánatos”, muerte. En torno suyo se han tejido a favor y en contra toda una serie de argumentos, razones, o posturas no exentas de corrientes a veces incomprensibles.La iglesia católica, evangélica y pentecostal se han opuesto a que la “buena muerte o bien morir” adquiera carta de naturalidad legal. Los luteranos, metodistas y anglicanos se contraponen. Dan espacio para la decisión individual, según el caso.
La eutanasia es un tema de escozor. Máxime si, liga con algún familiar. Estrictamente, se entiende por eutanasia el llamado homicidio por compasión, es decir, el causar la muerte de otro por piedad ante su sufrimiento o atendiendo a su deseo de morir por las razones que fueren.
El debate se empobrece o se esteriliza cuando, se asumen posturas radicales. La muerte es lo único seguro, que nos ocurrirá un día. Y la eutanasia tiene desde su concepción la tan temida palabra.
No se puede ser blandengue dicen quienes se opone a su legalización. El tema está vigente. Luis Montes Mieza y Fernando Soler Grande médicos del hospital Severo Ochoa de Leganés, en España concluían en el artículo “La voluntad inequívoca de querer morir”, publicado el 30 de septiembre de 2008, en el diario El País que “La ley debe reconocer el derecho a poner fin a la propia vida, por sí mismo o ayudado por otros”
Es la sugerencia por la libertad del desahuciado a decidir por un futuro al instante, con caducidad y fecha inmediata. Trae a la mente el recuerdo del marino tetrapléjico Ramón Sampedro el protagonista de “Mar adentro” (2004).
La cinta del director español Alejandro Amenábar con las actuaciones de Javier Bardem, Belén Rueda, Lola Dueñas y Mabel Rivera entre otros, ganó un Oscar como mejor película extranjera y 14 premios Goya, una especie de Oscar de la industria cinematográfica española.
El argumento: “Ramón Sampedro lleva veintiocho años postrado en una cama y su última voluntad es morir dignamente. Su monótona vida se ve alterada por la llegada de dos mujeres, Ramón sabe que quien de verdad le ame, será quien le ayude a realizar ese último viaje”.
En la vida real, Sampedro necesitaba de alguien para acabar con su monótona existencia. En la película hay menos crueldad. Ramón finalmente se suicidó ayudado por su amiga Ramona Maneiro en 1998. En España se penaliza la asistencia al suicidio. El juicio de Sampedro en 1993 llamó la atención de los medios. Sus abogados defendían la legalización de la eutanasia activa.
Una definición de diccionario indica que la “eutanasia activa”, “consiste en provocar una muerte indolora a petición del afectado cuando se es víctima de enfermedades incurables muy penosas o progresivas y gravemente invalidantes: el caso más frecuentemente es el cáncer, pero pueden ser también enfermedades incurables como el sida…”
¿Pero qué pasa con quienes no pueden, por circunstancias atribuibles a la enfermedad, manifestar anticipadamente su voluntad?
La comunidad europea a legislado al respecto. El proyecto de ley que debate el Congreso español prevé la “suspensión de los tratamientos o procedimientos por una decisión del cónyuge o concubino o, en su defecto, de los familiares en primer grado de consanguinidad”.
Los opositores a la legalización argumentan que esa decisión de los familiares, aumenta la falta de garantías jurídicas. “Incluso la referencia al “concubino” introduce un elemento en la mayoría de los casos de imposible certificación”.
¿Un enfermo terminal tiene derecho a solicitar que un médico deje de suministrarle los medios terapéuticos para morir a petición de parte? Tomás de Aquino llamaba doble afecto al procedimiento de la eutanasia indirecta. El ejemplo más recurrente es: una sobredosis de morfina para calmar un dolor trae como consecuencia la disminución de la conciencia y una abreviación de la vida. Se trata de aliviar el sufrimiento, la consecuencia es no deseada.
Quede claro que la eutanasia no está ligada al desarrollo de la medicina. Los griegos llamaban mala vida a una vida indigna de vivirse. Aquellos sabios, no se complicaban la vida. Ni con el eugenismo, ni con la eutanasia. El arte de la muerte y el arte de la vida, son dos materias en donde todavía nos falta mucho camino por recorrer. Despenalizar la eutanasia podría regular, no imponer. Ojalá nuestra sociedad aceptara los mínimos y máximos para decidir cómo vivir y sin cargo de culpa, cómo morir.

comunicologo10@yahoo.com.mx

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