Punto de Vista

Mario Tassías

El recuento de daños, es un inventario que deja perplejo a cualquiera. Algunos conscientes de la realidad que todos vemos cae de novedad que en los últimos 11 años, las empresas mineras extrajeron en todo México 250 toneladas de oro, 2.5 veces más que en 300 años de dominio colonial.

Y todavía más casi, un tercio del territorio mexicano está concesionado a la minería, lo que equivale a la superficie de España.

En territorio chiapaneco alrededor de 120 concesiones mineras se expanden acabando irreversiblemente con miles de hectáreas de bosques. Alrededor de 60 mil hectáreas de palma de aceite y otras miles de jatropha quebrantan los ecosistemas y rompen la soberanía alimentaria de los pueblos, del estado y del país.

Y como si hubiera necesidad de echarle ribete a la pérdida, nuevamente amenaza al estado la construcción de represas como Chacté, Itzantún, Usumacinta y otras sobre la cuenca del Grijalva.

Por ahí se frotan las manos los comerciantes, que empiezan a cultivar plantaciones transgénicas de soya, con lo que se amenaza la soberanía alimentaria, la contaminación genética de los alimentos, de los ríos y cuencas.

La contaminación de ríos y mala gestión de desechos urbanos y rurales, pero también deslaves, inundaciones, sequías, deforestación entre otros impactos socioambientales se están agudizando. El impacto es global, y la solución también.

El panorama es desolador como ocurre con la llamada “operación desrame” en la ciudad capital de Chiapas, y que deja solo troncos de árboles que propiciaban sombra y regeneraban el ambiente, así ocurre con quienes han encontrado en la producción de la tierra el modus operandi para explotarla a cuesta del deterioro cada vez más marcado.

Todavía en fase embrionaria empieza a crecer en Chiapas, el MOVIAC, siglas que corresponden al Movimiento de Víctimas y Afectados Ambientales de Centroamérica, integrado por comunidades, colectivos, académicos e individuos que se reúnen para analizar la crisis ambiental en la que se encuentra el planeta, construir alternativas y defender nuestra madre tierra.

A más detalles, es una iniciativa social incluyente, conformada por organizaciones de base indígenas y campesinas, comunidades y pueblos, colectivos, organismos civiles, académicos, artistas, comunicadores, activistas, defensores de derechos humanos; compañeros y compañeras que identifican la crisis climática como resultado de la crisis del capitalismo acelerado por el modelo extractivista depredador de los bienes comunes naturales, convertidos en mercancías con precio y dueño de los mal llamados “recursos naturales” (agua, tierra, ríos, minerales, bosques, selvas y las mismas funciones de la naturaleza).

La Madre Tierra, http://www.un.org/es/events/motherearthday/ es una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos. Por ejemplo, en Bolivia la llaman «Pacha Mama» y nuestros ancestros se referían a ella como «Tonantzin».

La proclamación del 22 de abril como Día Internacional de la Madre Tierra supone el reconocimiento de que la Tierra y sus ecosistemas nos proporcionan la vida y el sustento a lo largo de nuestra existencia. También supone reconocer la responsabilidad que nos corresponde, como se expone en la Declaración de Río de 1992, http://www.un.org/esa/dsd/agenda21_spanish/res_riodecl.shtml de promover la armonía con la naturaleza y la Tierra a fin de alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras.

En el papel suena interesante, sin embargo, los datos expuestos comprueban que hay que expandir los brazos para tomarse de las manos en un proyecto común a los seres vivos.

El objetivo del MOVIAC-Chiapas, es construir un proceso plural que nos permita articularnos, y construir conocimientos conjuntos, estrategias, acciones y alternativas desde la experiencia de los pueblos y afectados ambientales como protagonistas de las afectaciones e impulsores del cambio.

Es por ello que en el proceso de construcción fueron organizados dos eventos. El primero abierto al público, el 7 y 8 de agosto, fue el Foro denominado “Desarrollo ¿para qué y para quién?”, donde se reflexionó en torno a los temas de represas, minas y derecho humano al agua, y las causas del cambio climático y medidas para hacerle frente con invitados de Centroamérica.

El segundo se celebra del 9 al 11 de agosto en Acteal, Chenalhó, con la finalidad de reunir experiencias y procesos a nivel estatal de afectaciones ambientales por el cambio climático. Organizaciones de diversos puntos del estado han llegado para compartir la vida y construir esperanzas.

“Tonantzin” está en estado de emergencia. Ella no nos pertenece, somos nosotros lo que formamos parte de ella.

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