Punto de Vista

Mario Tassías

Si les cuento estas cosas en tanto, debatimos quien ganó o perdió el debate que no hubo, es porque más allá de nuestras observaciones acuciosas, muy cerca de nosotros, en el patio de nuestra casa, el mundo se está transformando frente a nuestras narices.

Los efectos de los sistemas de pago por servicios ambientales a hombres y mujeres del campo, empezaron a quitar tierras y territorios a los pueblos indígenas y campesinos. El mecanismo es simple y con cara amable, es el sistema REDD y REDD plus. Dicen que es un sistema para reducir las emisiones de gases invernadero producto de la deforestación y degradación de los bosques, aunque se utiliza para imponer, por un pago irrisorio, planes de manejo que les niegan a familias y comunidades rurales el acceso a sus propias tierras, bosques y fuentes de agua.

REDD y REDD plus, garantizan el acceso de las empresas a las áreas de bosque colectivo, con lo que se potencializa la biopiratería. Imponen contratos que sujetan a las comunidades a planes de manejo por 20 años o más, lo que trae como consecuencia que dejan las tierras indígenas y campesinas como prenda hipotecaria, creando la posibilidad de que esas comunidades pierdan sus tierras. El objetivo de los servicios ambientales es tomar control de los espacios naturales de reserva y de los territorios que aún están bajo el control de las comunidades.

Otra iniciativa de la economía verde es convertir a las plantas, las algas y a todos los restos orgánicos (rastrojos, estiércol, etc) en fuente de energía para sustituir el petróleo; es lo que llaman “uso de la biomasa”.

Con los agrocombustibles, esto significa que millones de hectáreas que debieran estar cubiertas de bosques o produciendo alimentos hoyAñadir un evento para hoy se utilizan para alimentar máquinas. Si esta actividad generaliza el uso energético de la biomasa, veremos que la vida en el mar se reduce porque una parte importante de especies marinas se quedará sin alimento, los suelos no recuperarán la materia orgánica que es imprescindible para conservar la fertilidad y protegerse contra la erosión y la sequedad, y será imposible alimentarse porque los alimentos se harán cada vez más escasos y caros.

Se agrava la escasez de agua, ya sea por el cultivo de agrocombustibles, o porque los suelos no tendrán capacidad para absorber y retener agua al faltarles la materia orgánica.

Los comerciantes de la tierra hablan de “agricultura climáticamente inteligente”, que sólo busca la aceptación de una nueva Revolución Verde -posiblemente con transgénicos- y que en vez de exigir apoyo efectivo para defenderse de los efectos del cambio climático, se acepten pagos irrisorios que funcionarán igual que REDD.

“Esos” buscan imponer sistemas altamente dependientes de grandes cantidades de agrotóxicos, como la siembra directa a base de pulverizaciones aéreas de Round Up, los que pasan a ser llamados “agricultura baja en carbono.” Es decir, obligarán a hacer un cierto tipo de agricultura y con lo que se perderá el control sobre los territorios, los ecosistemas y las aguas.

Uno de los aspectos más perversos de las soluciones que se impulsan en las negociaciones internacionales es la de restringir el acceso y el uso del agua de riego.

Usando como pretexto el hecho que el agua de riego es escasa, proponen que el agua se concentre en “cultivos de alto valor”; es decir que se rieguen los cultivos de exportación, los agrocombustibles y otros cultivos industriales, y que se deje de regar los cultivos para la alimentación.

El impulso de soluciones tecnológicas es parte también de la agenda de las discusiones en Río de Janeiro, Brasil del 20 al 22 de junio de 2012, en la “Cumbre de la Tierra”. Las más peligrosas son la geoingeniería y la aceptación de los cultivos transgénicos y a pesar de que han empeorado los problemas del clima. Algunas de las formas de geoingeniería (como la fertilización de los mares) son tan peligrosas que internacionalmente se ha declarado una moratoria sobre ellas.

Para promover los transgénicos, se dice que crearán cultivos resistentes a la sequía y al calor. Lo único nuevo en transgénicos son variedades resistentes a herbicidas, que provocan que vuelvan al mercado herbicidas altamente tóxicos, como el 2, 4,-D. Con la persistencia, ahí la llevan.

El plan más ambicioso y que algunos gobiernos identifican como “el mayor desafío” es el de ponerle precio a todos los bienes de la naturaleza (como el agua, la biodiversidad, el paisaje, la vida silvestre, las semillas, la lluvia, etc), para luego privatizarlos (con la excusa de que conservarlos requiere dinero) y cobrarnos por su uso. A esto le llaman la Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad (TEEB). Es el asalto final a la naturaleza y la vida, pero también a los medios de trabajo y de vida de los pueblos que viven de la agricultura, la caza y la pesca.

Podemos seguir discutiendo quién ganó el debate y quién dijo esto o aquello. Cuando despertemos, los jefes de gobierno del mundo, estarán vendiéndonos el aire que respiramos.

Consigue textos sobre el tema en: http://www.viacampesina.org

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