Mario Tassías
Los gobiernos de todo el mundo se reunirán en Río de Janeiro, Brasil del 20 al 22 de junio de 2012, para supuestamente conmemorar 20 años de la “Cumbre de la Tierra”. Realmente no hay nada que celebrar. A menos que aclamen que la tierra ya no aguanta, ya no soporta el peso de las decisiones erróneas de los entercados gobiernos.
En la cumbre de 1992, se adoptaron tres convenios internacionales: el Convenio sobre la Diversidad Biológica, el Convenio de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Convenio de Lucha contra la Desertificación. Cada convenio prometía poner en marcha un conjunto de acciones destinadas a proteger el planeta y la vida sobre él, y contribuir a que todos los seres humanos gozáramos de una vida digna.
Hubo fiesta en el corazón del mundo, organizaciones sociales festejaron los acuerdos, nacía una esperanza.
Solo han bastado dos décadas para entender que cada vez más los insensatos somos aquellos que creemos que la tierra es nuestra, y podemos hacer lo que dicte la irracionalidad.
Y no hay que ir muy lejos para darse cuenta el grado de deterioro que muestran ríos y lagunas, bosques y montañas, por decir lo menos.
Las voces de alarma están prendidas en un solo grito y difícilmente se puede convencer a quienes lucran con la vida de la naturaleza.
Cada día es más la evidencia de la destrucción en ciudades, villas, pueblos y rancherías. Lo inmediato por sobre lo trascendente.
Así que la reunión de Río de Janeiro forma parte de un antecedente más de los más poderosos por sobre las necesidades reales.
Allá se hablará, de discursos se llenan las cloacas, de la “economía verde”; la contaminación ambiental tiene un solo lenguaje que se traduce en destrucción.
Todo lo que se haga en aquella reunión, en donde concurrirán los mandatarios del mundo, no tendrá sentido si no se toman medidas reales, más allá de las palabras que suenan huecas cuando árboles caen ante la mal entendida modernidad. Cuando se puebla en lugares reservados por la naturaleza. Cuando se deforesta criminalmente.
Cuando funcionarios corruptos autorizan el llamado de la mal entendida modernidad, convirtiendo en páramos lo que creció y se alimentó de los bosques.
Bajo esa premisa en la “Cumbre de la tierra” se verán espectáculos grotescos de saltimbanquis, imponiendo políticas y procesos de expansión, concentración de capitales y exclusión de los habitantes originales para seguir sobreviviendo en la más severa crisis ambiental.
Quizás poco entiendan el lenguaje de la tierra. Algunos incluso menosprecian el dictado de la naturaleza. Han sido poco o nada receptivos con el llamado y en vía mega rápida disfruten de la tecnología que tampoco puede ignorarse, pero que tiene en las armas bioquímicas al peor enemigo del planeta.
Las sociedades que han sobrevivido al desastre, ven con ojos azorados por la incredulidad y la impotencia, cómo avanza la muerte en sus parcelas, cómo desaparecen sus fuentes de energía natural, cómo cada día las temperaturas aumentan, cómo cada vez es más difícil conseguir alimentos en beneficio de la colectividad.
Con turbación observan, cómo quienes gobiernan encubiertos de política rastrera y con marcada ausencia de estadistas, acuerdan convenios de colaboración para atraerse beneficios en desdoro del bienestar de sus pueblos.
No es posible entender cómo hay hambre en mil millones de habitantes, uno de cada seis seres humanos hoyAñadir un evento para hoy no tiene que comer y entre ellos, los más vulnerables, niños y mujeres del campo, aunque el fenómeno no es ajeno a las grandes y pequeñas ciudades
La tierra y el agua dejaron de ser recursos para la vida, el acaparamiento, la invasión de semillas transgénicas, los monocultivos, motivo de orgullo para ignorantes, los megaproyecto y la minería, siguen abriendo boquetes sin fondo en el devenir del planeta.
¿Alguien realmente sensato de su papel en la tierra, aún confía en el “desarrollo sustentable” como alternativa de progreso? Ahora pretenden sustituirlo bajo el nombre de “economía verde” El Convenio de Biodiversidad sigue destruyendo la biodiversidad. La “economía verde” y otras falsas soluciones son un nuevo asalto a los pueblos y sus territorios
En Río habrá voces discordantes con la de los gobernantes, defensores que en su lucha llevan la dignidad pisoteada de mujeres y hombres que con pena ven como una madre tan generosa, sigue siendo escarnecida.
