Mario Tassías Aquino
Desde la visión jurídica. La donación es un contrato porque el que se transfiere gratuitamente entre personas, una parte o la universalidad de bienes presentes, “reservándose lo necesario para vivir”, señala el Código Civil. Para que se legalice una donación se necesitan, obvio, un donante y un donatario.
Ricardo se casó en 1990. Once años después donó un riñón a su esposa. En 2005 ella interpuso una demanda de divorcio. En 2009, Ricardo quiere que ella le devuelva el riñón o lo indemnice con un millón y medio de dólares.
Un anuncio de la Secretaría de Salud, señala que “la donación de órganos es un regalo de vida”.
La donación exige un intercambio de consentimientos. Al donar, el donante realiza un acto de buena voluntad; de generosidad; de esplendidez; de caridad; de desprendimiento.
La falta de buena voluntad, le da otra connotación legal. Deja de ser donación. Por supuesto que habló de la donación pura, aquella que no es ni condicional, ni onerosa o remuneratoria y a la cual el Código dedica gran parte del texto referido al tema.
La raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación, decía Lope de Vega, poeta, novelista y dramaturgo español. A la razón de su dicho se adicionan tantas cosas que sería absurdo enumerarlas.
Los protagonistas de este cuento son un médico y su esposa. Ante la lentitud con la que avanza el juicio de divorcio solicitado por su ella, Ricardo ha recurrido a los medios de comunicación para hacer pública una circunstancia íntima. Quiere que le regrese el riñón. O lo indemnice.
Se ha roto el contrato. Pero más allá de lo curioso del caso, lo cierto es que en tratándose de donación de órganos, hay toda una y mil historias que para muchos significa romper con tabús o con mitos religiosos que impiden que un ser dadivoso cumpla con el deseo de dar vida a quien sufre de algún padecimiento. Bueno hay quienes por interpretaciones religiosas no aceptan ni una transfusión de sangre.
Un órgano no es objeto de litigio, sin embargo, este juicio de divorcio, podría sentar un precedente dadas las circunstancias que rondan el caso.
¿Hasta dónde es posible discutir teniendo como elemento de juicio la vida conyugal de una pareja que un día deciden vivir juntos. Crean una familia. Tienen tres hijos, establecen un hogar. Las cosas no caminan como desean y un día, rota la armonía es el divorcio, el último recurso para dirimir sus diferencias?
En sus declaraciones, Ricardo ha dicho que “No hay una expresión de dolor más profunda que ser traicionado por alguien que amaste y a la que le diste tu vida. “Me sentí humillado, traicionado, irrespetado y blanco de la indiferencia como persona, como hombre, como esposo, como padre”, dijo.
Hay una locución coloquial que señala que algo que cuesta mucho dinero, vale lo que un riñón. Quien sufre la enfermedad de este órgano, tiene una especie de sentencia de muerte. Dawnell que es el nombre de la esposa, salvó la vida con la donación que le hizo el enamorado esposo.
En México, quizá haya más de un caso como el de Ricardo y Dawnell. La realidad es un contrastante mundo de hechos que dejan muy poco espacio para la ficción. Muchos de los matrimonios terminan en divorcio y cuando se presentan las circunstancias para dirimir los conflictos, es dable que surjan temas como el que ahora he descrito.
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