Punto de Vista

Mario Tassías

El 4 de abril de 2012, Monsanto, el gigante de la biotecnología, publica sus ganancias del segundo trimestre. Un nuevo informe de organizaciones de la sociedad civil señala que los pequeños productores y los agricultores orgánicos, al igual que las comunidades locales y los movimientos sociales de todo el mundo resisten y rechazan cada vez más a Monsanto y al modelo de agricultura industrial que representa.

El nuevo informe, elaborado por La Vía Campesina, Amigos de la Tierra Internacional y Combat Monsanto, ahora disponible en inglés, francés y español: http://www.viacampesina.org/downloads/pdf/sp/Monsanto-Publication-ES-Final-) brinda una mirada de las principales luchas contra Monsanto y otras empresas de agroquímicos que presionan para imponer los organismos genéticamente modificados (OGM) a los agricultores y el medio ambiente.

“El informe muestra que la objeción cada vez más fuerte de los movimientos sociales y de las organizaciones de la sociedad civil tienen un impacto en la introducción de los cultivos GM”, sostuvo Josie Riffaud de La Vía Campesina.

Los testimonios y el análisis contenido en el informe pretenden inspirar y unir a los consumidores, activistas y comunidades en contra de los abusos cometidos por Monsanto y otras empresas de biotecnología del mundo.

“¿Quién responsabilizará a Monsanto de la devastación mundial de la biodiversidad, de la erosión del suelo y de las violaciones a los derechos campesinos provocados por la utilización de productos en base al petróleo que son necesarios para la agricultura industrial?”, se preguntó Dena Hoff de la Coalición Nacional de Agricultores Familiares/ La Vía Campesina América del Norte. “Los agricultores de todo el mundo estamos resistiendo por la soberanía alimentaria, pero el resto del mundo debe sumarse”, agregó.

“Este nuevo informe documenta la fuerte oposición a esta poderosa empresa trasnacional, que promociona sus productos genéticamente modificados sin tener en cuenta los costos sociales, económicos y ambientales”, afirmó Martín Drago, coordinador del Programa de Soberanía Alimentaria de Amigos de la Tierra Internacional.

“La mayoría de la población en Europa se opone a la producción de alimentos genéticamente modificados, y varios países europeos ahora tienen moratorias nacionales que prohíben el maíz MON810 de Monsanto y las papas Amflora de BASF, a pesar de la fuerte presión de la industria de biotecnología y de la Comisión Europea de levantar las moratorias”, sostuvo Héloise Claudon de la organización Combat Monsanto.

La utilización de cultivos GM destruye la diversidad de los cultivos, homogeneíza los alimentos y elimina el conocimiento y la cultura local. De esta y de otras formas la desigualdad, la pobreza y la explotación de los recursos naturales logran prosperar en el sistema mundial de alimentos, que se centra en la generación de ganancias y no en la producción de alimentos sustentables ni en la soberanía alimentaria.

El área total plantada con cultivos GM abarca tan solo un 3% de la tierra agrícola mundial. Un 97% de la tierra agrícola todavía está libre de transgénicos. La plantación de cultivos GM se restringe a pocos países: 90% de los cultivos GM son plantados en Estados Unidos, Brasil, Argentina, India y Canadá. Casi un 60% de los experimentos en campos de cultivos GM son realizados en Estados Unidos.

La gran mayoría de los cultivos GM son destinados a alimento para animales en países ricos, en lugar de alimentos para los pobres o quienes padecen hambre.

En un artículo sobre los cultivos genéticamente modificados, escrito por Louise O. Fresco, Subdirectora General del Departamento de Agricultura de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO en 2006, publicado en http://www.fao.org/ag/esp/revista/0111sp.htm advierte que los organismos modificados genéticamente (OMG) llegaron para quedarse.

Los científicos, del sector público como del privado, consideran la modificación genética como un nuevo conjunto de instrumentos. La industria encuentra una oportunidad de incrementar sus ingresos. Pero el público de muchos países no confía en los OMG, los ve como parte de la globalización y la privatización. Los considera “antidemocráticos” o que “se entrometen en la evolución”.

Asevera que “… es necesario evaluar los OMG desde sus repercusiones en la seguridad alimentaria, la pobreza, la bioseguridad y la sostenibilidad de la agricultura. Los cultivos modificados genéticamente no se pueden ver en forma aislada, como meras conquistas técnicas”.

El potencial lucrativo de los OMG contrasta con el alto costo ambiental. La realidad es que esta tecnología ha atendido pocos problemas, de escasos cultivos importantes para la producción de los países en desarrollo.

De ahí viene el rechazo. De ahí la creciente oposición en esta lucha contra un gigante que avanza y pretende devorar lo que todavía queda de la naturaleza.

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