Mario Tassías
Por experiencia sabemos que “de lengua…” Que “del dicho al hecho… ” Asumimos que el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) realizó bien su trabajo en la solución del problema de la alimentación.
Dicho lo anterior, les cuento que el pasado viernes 9 de marzo a las 9 de la noche, en Roma, Italia, el CSA concluyó las negociaciones intergubernamentales sobre las Directrices de la FAO que es la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) relativas a la Tenencia de la Tierra, las Pesquerías y los Bosques en el Contexto de la Seguridad Alimentaria Nacional, todo encaminado a erradicar el hambre.
Sofía Monsalve Suárez, monsalve@fian.org apunta que después de un proceso participativo de cerca de 3 años, el CSA demuestra capacidad para convocar al debate a múltiples actores sociales y buscar soluciones a la falta de recursos naturales para la producción de alimentos. Más de 45 personas representando a 20 organizaciones de todas partes del mundo participaron en esta última ronda de negociaciones.
Las Directrices contienen instrumentos que contribuirán al fortalecimiento de las organizaciones en su pendencia por asegurar el uso y cuidado de los Recursos y Bienes Naturales para producir alimentos sanos y contribuir así a erradicar el hambre en el mundo.
En 1981 el economista indio y premio Nobel Amartya Sen publica el libro Poverty and Famines (Hambruna y pobreza) en el que analiza y llega a la conclusión de que la hambruna no es causada por la falta de alimentos, sino por la incapacidad de algunos sectores sociales de acceder a ella, sea produciéndola o adquiriéndola.
Aún así, se dice que asegurar el acceso a la tierra, las pesquerías y los bosques es crucial para permitir a los pequeños productores alimentar al mundo.
El acceso a los recursos naturales es cuestión de dignidad y de vida o muerte para millones de comunidades de agricultura campesina, pastores, pueblos indígenas y pescadores. En muchas regiones, la ocupación de los territorios crea sufrimiento masivo por el desplazamiento de personas y comunidades.
Sólo en los últimos meses mientras se negociaba este documento, líderes sociales de varias regiones del mundo fueron asesinados o perseguidos por su lucha. En América Latina, Jerónimo R. Tugri y Mauricio Méndez de Panamá, Bernardo Méndez Vásquez de México, Christian Ferreyra de Argentina, y a los campesinos asesinados a causa del conflicto de tierras en el Bajo Aguán en Honduras. Herman Kumara, líder del Foro Mundial de Pescadores, amenazado de muerte ha abandonado su país Sri Lanka.
A pesar de las masivas, sistemáticas y multifacéticas violaciones a los derechos humanos en el mundo rural, la reticencia que muchos gobiernos mostraron durante estas negociaciones a reafirmar sus compromisos ya asumidos en diferentes instrumentos internacionales de derechos humanos en relación con los recursos naturales obligan a redoblar esfuerzos.
Es de lamentar que en el transcurso de las negociaciones, los gobiernos consideraran las grandes inversiones en agricultura industrial como indispensables para el desarrollo.
El derecho a la tierra, las pesquerías y los bosques para la humanidad, podrán ser otra herramienta en el camino para erradicar el hambre del mundo. Por supuesto, que más de uno, está crecidamente interesado en su candidatura que en resolver el problema global.
A todo lo anterior, hay que agregar que el proyecto de directrices ahora pasa a examen, para su aprobación definitiva, por el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial en un período extraordinario de sesiones que se realizará en Roma a mediados de mayo.
“Una vez aprobadas, las directrices serán de aplicación voluntaria… se estima que constituirán una norma para los responsables de elaborar las políticas -dijo Yaya Olaniran, actual presidente del Comité de Seguridad Alimentaria-.
La FAO estima que, en los países en desarrollo, 840 millones de personas pasan hambre en el mundo y unos 200 millones de niños sufren malnutrición.
Cada año, casi 11 millones de menores de 5 años mueren como consecuencia directa o indirecta del hambre y la alimentación inadecuada o insuficiente. Millones de niños padecen enfermedades relacionadas con la falta de vitaminas y minerales, y con la contaminación de los alimentos y el agua.
El Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) de 1999: apunta que a pesar del “… crecimiento de la población, la producción de alimentos per cápita ha aumentado casi el 25%, la oferta de calorías ha aumentado de 2.500 a 2.750 y la de proteínas de 71 a 76 gramos. Pero unos 840 millones de personas están desnutridas”.
Hasta la década de los 80 las causas últimas del hambre eran atribuidas a catástrofes climáticas, crecimiento demográfico alto y atraso en las técnicas agrícolas, especialmente en los países del Sur.
