Punto de Vista

Mario Tassías

“En esta época de crisis financiera, el capitalismo mundial busca nuevas formas de acumulación. En estas crisis el capitalismo más acumula. Hoy, son los territorios y los bienes comunes que son el blanco principal del capital. Así, la economía verde no es solamente una máscara verde del capitalismo. Es también una nueva ingeniería para apropiarse de bosques, ríos, suelos… territorios”.

Eso destaca el documento “Llamado a la acción” que difundió La Vía Campesina”. Organización internacional de masas con presencia en más de 180 países, que cuenta con simpatizantes en Chiapas.

Dice: “Desde las reuniones preparatorias del año pasado hacia Río +20, la agricultura ha sido citada como una de las causas del cambio climático. Sin embargo, en las negociaciones oficiales no se ha hecho la distinción entre la agricultura industrial y la agricultura campesina. Tampoco se han explicitado las diferencias entre sus efectos sobre la pobreza, el clima y otros problemas sociales a los que nos enfrentamos.

La “economía verde” se vende como una forma de implementar el desarrollo sostenible en aquellos países que experimentan altos y desproporcionados niveles de pobreza, hambre y miseria. Lo que propone es una nueva fase de lo que identificamos como “programas verdes de ajuste estructural”, que buscan alinear y ordenar los mercados y las regulaciones nacionales para someterlos a la rápida llegada del “capitalismo verde”.

En la lógica de la “economía verde”, los recursos naturales son considerados como materias primas para la producción industrial, como sumideros de carbono o para la especulación. Esto queda demostrado por el aumento de los acaparamientos de tierras a nivel mundial para la producción de cultivos para la exportación y los agrocombustibles.

Nuevas propuestas como la agricultura “climática inteligente”, que promueve la “intensificación sostenible” de la agricultura, encarnan el objetivo de las corporaciones y los agronegocios de sobre explotar el planeta usando la etiqueta “verde”, y haciendo que las campesinas y campesinos dependan cada vez más de insumos y semillas de elevados costos.

Se emite una nueva generación de permisos de contaminación para el sector industrial, especialmente en los países desarrollados, a través de los mecanismos de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal (REDD++) y otros programas de servicios ambientales.

El uso intensivo de varias formas de biotecnología, de las tecnologías de síntesis y de la geoingeniería son partes fundamentales de la agricultura industrial promovidos en el marco de la “economía verde.” Con esto, la economía verde busca asegurar que los sistemas ecológicos y biológicos del planeta se mantengan a la disposición del capital.

La promoción de la “economía verde” incluye llamadas a la plena aplicación de la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio, la eliminación de todas las barreras comerciales a la entrada de “soluciones verdes”, la financiación y el apoyo de las instituciones financieras como el Banco Mundial y de proyectos, como los programas de la USAID, y la legitimación continua de las instituciones internacionales que sirven para perpetuar y promover el capitalismo global.

Las movilizaciones de campesinas y campesinos, los agricultores familiares, los sin tierra, los pueblos indígenas, los emigrantes —hombres y mujeres— buscan con su accionar, oponerse a cualquier mercantilización de la vida, para proponer otra manera de organizar su relación con la naturaleza, basada en la reforma agraria, la agroecología y la soberanía alimentaria.

Rechazan la “Economía Verde” como se defiende ahora en el proceso de Río +20. Es una nueva máscara para ocultar la codicia de las empresas y del imperialismo alimentario en el mundo. Impugnan la captura del Proceso de Río +20 y de todos los procesos multilaterales de las Naciones Unidas; se oponen al comercio de carbono y a todas las soluciones de mercado a la crisis medioambiental, incluyendo la liberalización propuesta de servicios ambientales bajo la OMC.

Contradicen el REDD (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal), que se aplicada en la selva chiapaneca que permite que los países recorten sus emisiones de carbono mediante la financiación de proyectos, a menudo perjudiciales.

La oposición también es por el acaparamiento de tierras, del agua, de las semillas, de los bosques… ¡De todos los recursos! Rechazan las formas de apropiación de sus territorios, bajo los créditos de carbono o con los pagos de servicios ambientales hechos por grandes corporaciones. Comerán hoypero morirán de inanición mañana.

Una exigencia es latente. Tiene que ver con la prohibición de los proyectos y experimentos de geoingeniería, con la apariencia de tecnología “verde” o “limpia” en beneficio de los agronegocios. Esto incluye nuevas tecnologías propuestas para la adaptación y la mitigación del cambio climático bajo el lema de “geoingeniería” y “agricultura inteligente climática”, con soluciones falsas como plantas transgénicas que supuestamente se adaptan al cambio climático y el “biocarbón”, que se supone devuelve al suelo el carbono. (1ª de 2 partes…)

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