Punto de Vista

Mario Tassías

Con la ausencia de tres consejeros, todavía en proceso de nombramiento por los dueños del negocio, arrancó el proceso electoral 2012.
De acuerdo con lo establecido, el Instituto Federal Electoral (IFE) es un organismo público, autónomo e independiente en sus decisiones y funcionamiento, lástima que en el tema de la elección de sus consejeros, los diputados “se están dando a desear”.

El IFE tiene a su cargo la función estatal de organizar las elecciones federales, es decir, las relacionadas con la elección de presidente y de los integrantes de la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores que integran el Congreso de la Unión. El proceso electoral arrancó el viernes y sin tres consejeros, el organismo está, por lo menos, incompleto.

Habrá quien diga que los que están se bastan para todo lo que tienen que hacer de frente al reto de las próximas elecciones.

No es poco lo que le espera al Instituto, basta recordar que, ejerce sus atribuciones en todo el país a través de una red de órganos desconcentrados que tienen representación en las capitales de las 32 entidades federativas y en los 300 distritos electorales en que se divide el territorio nacional para efectos electorales.

Pero la ausencia de tres de nueve, dice que algunos actores políticos, no saben contar.

Dentro de su estructura a nivel central y desconcentrada, el IFE cuenta con tres tipos diferentes de órganos: directivos, que se constituyen bajo la figura de consejos y son las instancias de deliberación y decisión, responsables de velar por el cumplimiento de las normas constitucionales y legales en la materia; es donde faltan tres.

También cuenta con técnico-ejecutivos, constituidos bajo la figura de juntas ejecutivas y responsables de llevar a cabo todas las tareas técnicas y administrativas requeridas para la preparación, organización y desarrollo de las elecciones; y con personal de vigilancia, integrados bajo la figura de comisiones y con atribuciones exclusivas en el ámbito del registro de electores.
El pasado fin de semana, hubo quien celebró que los representantes del PRI, no lograran el consenso para imponer a 3 –Cecilia Tapia, David Gómez Álvarez y Enrique Ochoa– de una lista de 17 aprobada desde hace poco más de un año.

Los que se opusieron argumentaron que el tricolor había negociado con PVEM, PT, Panal y Convergencia, menos PAN y PRD. Al final no lograron las dos terceras partes de la votación, exigidas para certificar la decisión.

Hechos bolas como están en la Cámara de Diputados, en defensa de las cuotas de poder que representa tener incondicionales en el IFE, el órgano electoral ya navega sobre aguas turbulentas en olas cargadas de falta de credibilidad.

En el otro extremo, pero del mismo escenario, el PRI acordó elegir a su precandidato presidencial mediante el método de consulta popular.

El PAN por razón de consenso con sus correligionarios. Es decir nada nuevo bajo este sol inclemente que derrite los intentos de que en México haya un pleno ejercicio de la democracia.

El PRD está en el tiempo de espera a que López Obrador acepte que no es el más posicionado para nombrar a Marcelo Ebrard, para la contienda.

En ese partido la situación ya se vislumbra venir y nada más hay que esperar que transcurran los días. Del sol azteca podrían salir dos candidatos.

En la soledad de su conciencia, el elector podría preguntarse si Beltrones, Cordero Arroyo, Creel Miranda, Ebrard, López Obrador, Peña Nieto y Vázquez Mota, tienen los tamaños para sacar adelante y llevar a buen puerto un barco que va a la deriva.

¡Comparte la nota!