Mario Tassías
Las carencias que padecen los jóvenes en México, es un tema que no deberíamos soslayar. Debería aguijonearnos a actuar de inmediato, antes de que nos llegue la noche y la oscuridad no permita ver que 8 millones de jóvenes son ninis. Que 3.3 millones no tienen hoy recursos para alimentarse. Que muchos de ellos son víctimas de violencia y olvido.
Las cifras, son resultado de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del primer trimestre de este año, y del Consejo Nacional de Evaluación para la Política de Desarrollo Social (Coneval), publicadas el 11 de agosto pasado por CNNMéxico en vísperas del Día Internacional de la Juventud, celebrado el 12 de agosto.
La parte amable de las cifras, señalan que 19% de la población tiene entre 15 y 24 años, y de ellos, 48% se dedica a estudiar y más de ocho millones son económicamente activos, 40% de los adolescentes combina tareas del hogar con trabajo fuera de casa, 20% dedica su tiempo a realizar labores domésticas, 68% no cuenta con acceso a seguridad social, 44.7% no tiene acceso a los servicios de salud y 18.1% tiene rezago educativo, 3.3 millones viven en pobreza extrema, lo que quiere decir que no tienen recursos para comprar alimentos de la canasta básica.
Según la misma publicación, la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) indica que 8 millones de jóvenes, ni estudian ni trabajan y esa cifra va en aumento.
La preocupación compartida es que de no aprovecharse a la población en edad productiva, en unos años México será una nación adulta en la que, por falta de cultura preventiva, se perderá la creatividad y energía de más de 50% de este grupo poblacional, que no tiene un aporte cultural, económico o social dice el dirigente de la patronal, Gerardo Gutiérrez.
Ahora que la UNAM, a través del rector propuso y el presidente oyó, –creo difícil que haya escuchado- es imperativo enfatizar las condiciones de riesgo que muchos jóvenes padecen cuando no tienen la oportunidad de un empleo ni de educación.
No debería permitirse que por falta de oportunidades lícitas, su destino sea la drogadicción y el crimen u otras opciones que no beneficien a su comunidad, a su familia y al país. Los jóvenes no representan peligro, ellos son quienes están en peligro.
La propuesta de la UNAM y del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional “Elementos para la Construcción de una Política de Estado para la Seguridad y la Justicia en Democracia”, asume que la atención a la juventud es prioritaria.
“No sólo la oportunidad del impulso por el llamado “bono demográfico mexicano” está en juego, ya que si no se les ofrecen oportunidades de realización personal (…) seguirán en peligro de realizar actividades que no contribuyan a su desarrollo y al de sus comunidades, como es el riesgo de caer en problemas de drogadicción o de ser reclutados por organizaciones criminales”.
En la actualidad, muchos jóvenes padecen diversos aspectos de la violencia, entre ellos discriminación, desempleo o subempleo que no les ofrecen ninguna perspectiva para el presente ni para el futuro. La situación económica de sus padres les impide tener una nutrición adecuada, lo cual trae consigo, una elevada deserción escolar.
Para acercarse a las comunidades juveniles es importante impulsar mecanismos mediante los educadores populares no formales en el barrio, parlamentos de jóvenes para que discutan y hagan conocer sus perspectivas, así como otorgar atención psicosocial a los docentes y a los padres que pueden fungir como apoyo en la inserción de la juventud en la comunidad.
Los programas sociales enfocados en la juventud deben formularse teniendo especial cuidado en la participación de los destinatarios en su diseño. La participación de los jóvenes en la elaboración de programas impulsa su permanencia.
En julio pasado, en la Convención Nacional de Seguridad Pública realizada en la Ciudad de
Chihuahua, la CONAGO asumió el compromiso de iniciar una campaña nacional de inserción masiva de los jóvenes en espacios educativos y laborales. Es necesario dar seguimiento a las acciones que lo instrumenten con indicadores medibles.
Benedetti lo dijo de un modo especial: ¿Qué les queda a los jóvenes?
¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? ¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo? también les queda no decir amén / no dejar que les maten el amor recuperar el habla y la utopía / ser jóvenes sin prisa y con memoria / situarse en una historia que es la suya / no convertirse en viejos prematuros
¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina? ¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas? les queda respirar / abrir los ojos descubrir las raíces del horror/ inventar paz así sea a ponchazos / entenderse con la naturaleza y con la lluvia / y los relámpagos / y con el sentimiento y con la muerte / esa loca de atar y desatar
¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de consumo y humo? ¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas? también les queda discutir con dios tanto si existe como si no existe / tender manos que ayudan / abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno / sobre todo les queda hacer futuro a pesar de los ruines de pasado y los sabios granujas del presente.
