Punto de Vista

Mario Tassías

Al final o al principio, según se vaya o se regrese de poniente a oriente, en el Paseo de las Etnias, una coneja mira a la luna (Ónix 196x90x96 cms.)

Esta talla en piedra pretende representar la identidad de los zoques que se asentaron en terrenos que llamaron Coyatoc y Tuchtlan, en ambos casos, “tierra de conejos”, origen y destino de los habitantes de Tuxtla Gutiérrez, Capital de Chiapas.
La creación es de Masafumi Hosumi, (1961 Fukushima, Japón) Graduado en Artes Plásticas por la Universidad de Tokai, Kanagawa, Japón y especializado en Escultura por el Taller Kobatake de Saitama, Japón, quien vive en México desde 1991 y en Chiapas desde 1993. Casado con Susana Castellanos, sobrina de Rosario, tiene un hijo japoneco Daiki Hosumi y actualmente reside con su familia en San Cristóbal de Las Casas.

La coneja es una figura sedente, con las patas delanteras en actitud de recogimiento escondidas en lo abundante de su pelaje. Sus grandes orejas le caen sobre el lomo y le cubren casi toda la parte trasera. La expresión de su rostro es de sumisión. Las estrías del ónix le dan a su cara ovalada surcada por grandes ojos, una expresión suplicante. Imagino que cuando todos duermen la coneja recobra vida y conversa con la luna toda la noche. Son viejas conocidas, quizás al amanecer cuando aquella se ha escondido atrás del horizonte, la coneja le platica al sol, y en ese vínculo de comunicación, se entabla un diálogo que fortalece una relación eterna.

Masafumi llegó a México atraído por unas piedras. “No sabía ni jota de Español” pero las monumentales cabezas olmecas fueron suficiente motivo para emprender el viaje desde su país. “Quería tocarlas. Fue extraordinario saber de qué cantera se obtuvieron las piedras y con qué tipo de herramientas fueron labradas. Me atraía el simbolismo que representaba, el conjunto de valores, el orgullo, las tradiciones y creencias de los pobladores de la zona donde se localiza la cultura olmeca”.

Un día se presentó en la Embajada de México en Japón a solicitar una beca, la Secretaría de Relaciones Exteriores le ubicó en el Instituto de Artes Pláticas de la Universidad Veracruzana, lo demás ya forma parte de su historia de vida en nuestro país.

Su obra se exhibe en el Parque Omereien en Tokio; en Caigo Fukushi, Escuela de Nihonmatsu y Maruya Unso, Compañía de Transporte en Fukushima; Iwama Station, Japan Rail West en Ibaraki, Japón; en el Paseo de Krustal, Austria; Instituto de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana; Exconvento de Santo Domingo de Chiapa de Corzo; en Puerto Chiapas, Monumento 100 años de la migración japonesa a México; Universidad Autónoma Metropolitana (El Pozo); Viveros de Coyoacán (Otafuku: Diosa de la Ecología y Crecidevi Fundación Conde de Valencia (Escarabajo Kanoto) en México, D. F; Daishichi Sake Brewery Co. Ltd. (Sanzon Project), Parque Yamabiko de Aizu (Dragón-Quetzalcóatl) y Sky Park, Parque aéreo (Orgon Dragon) en Fukushima, Japón y ahora en Calzada de las Etnias. (Tuchtlan).

Masafumi, ya integrado a la sociedad chiapaneca fundó el taller “Semilla ocre” que funcionó hasta 1997 en el Convento de Santo Domingo de Chiapa de Corzo, un taller libre propiciado por Mario Nandayapa y del cual egresaron Rafael Araujo, Sebastián Santiz, Lucy Ovilla, Manuel Cunjamá, Roberto de la Cruz, Claudia Terroso, Vicente Mesinas, entre otros.

Maestro de Escultura y Dibujo de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), Profesor del Taller Tridimensional en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, INBA, Profesor de Escultura e Instalación en Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma de Morelos y Maestro de Artes Plásticas en Nihonmatsu Youchien en Fukushima, Japón, proyecta un par de conejos, hembra y macho, repoblando de mamíferos la vieja Coyatoc y la no tan joven Tuchtlán.

Serían figuras monumentales de por lo menos tres metros cada una en ónix, formarían un conjunto acompañadas de conejitos y conejitas de menor tamaño que permitieran a los niños y las niñas jugar con ellos. Los colocaría en algún lugar emblemático de Tuxtla Gutiérrez, y además, servirían para resaltar la identidad cultural de los tuxtlecos.

Por lo pronto, ir y venir por el Paseo de las Etnias ya tiene otro motivo, además de apreciar el conjunto escultórico que lo adorna, saber que platica la coneja zoque con la luna.

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