Punto de Vista

Mario Tassías

El asunto no es tan simple como parece o, quizás se considera tan simple que cualquiera puede opinar y creer tener la razón. El combate al narcotráfico es un fenómeno social que debe atacarse de raíz y la cepa es tan profunda y dispersa que cada una de esas extensiones podría tener destinos de extravío que habría que buscarlos con algo más que inteligencia.
A partir de la marcha encabezada por el poeta Javier Sicilia y al cual se le unieron miles en todo el país, una preocupación ronda en el ambiente. No es que antes la sociedad no se hubiera percatado, lo que pasa es que en ocasiones son necesarias acciones fuera de lo normal, para contrarrestar lo común. Lamentablemente ya nos acostumbramos a conocer cifras de muertos.

Despierta por lo menos interferencia en los procesos mentales, que muchos mexicanos, hayan marchado en los últimos días y reclamado un alto al baño de sangre. Fue un silencio al que no se le puede quitar la palabra. En contra de una estrategia encabezada por el depositario del Poder Ejecutivo federal, y hay que recordar que nada suena tan ensordecedor como el silencio de los agraviados.

Los protagonistas recorrieron calles y carreteras, llenaron plazas como en San Cristóbal de Las Casas y han dejado un mensaje para los apáticos. O superarnos nuestros miedos o el miedo nos llevará a cualquier extremo. El miedo está dispuesto a ver las cosas peor de lo que ya son. Tener miedo es una agonía. Paraliza con los ojos abiertos pero sin ver lo que ocurre en nuestro entorno.

La caminata de Sicilia y quienes le siguieron desde Cuernavaca hasta el Distrito Federal o de las comunidades zapatistas hasta la Catedral de la Paz, tiene un mérito indiscutible, han vuelto a poner sobre la mesa un tema, que vericuetos legislativos mantienen en la Cámara bordando rústicamente una Ley de Seguridad Nacional, donde en uso de sus facultades y obligaciones el Presidente ordena se conceda al ejercito mayores facultades en una lucha sorda contra la delincuencia, entre tanto hombres y mujeres pierden familiares que los técnicos asumen como cifras colaterales.

En ese escenario de deterioro, hay acontecimientos que han agraviado a la sociedad y los responsables permanecen impunes. Son hechos que no permiten transitar por un camino de paz con justicia y dignidad. Un país que se militariza no puede estar tranquilo, a menos que el combate contra el narcotráfico sirva para defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación; Garantizar la seguridad interior; Auxiliar a la población civil en casos de necesidades públicas; Realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al progreso del país; y En caso de desastre prestar ayuda para el mantenimiento del orden, auxilio de las personas y sus bienes y la reconstrucción de las zonas afectadas. La visión casi generalizada es que hoy practica funciones de policía

En el intento de reconstruir el tejido social hay que bordar con hebras que contienen derechos humanos de primera generación. Conceder autonomía al Ministerio Público y el Poder Judicial y la vigilancia ciudadana sobre las instituciones policiales abriría una puerta con base en el ejercicio del poder. Retirar el fuero a los legisladores y a cualquier funcionario de gobierno para que puedan ser juzgados en caso de corrupción o tener vínculos con el crimen organizado, daría confianza a quienes ya no creen en las instituciones.

La creación de unidas autónomas de investigación patrimonial, pudieran frenar la criminalidad que tienen en el secuestro, la trata de personas y la extorsión los motores que generan las ganancias del narcotráfico. La seguridad ciudadana no se resolverá con una política social que genere oportunidades de educación, salud, cultura y empleo para los jóvenes.

El tema es inquietante y quizás más complicado de lo que parece. Los expertos dicen que hay que tratar de resolverlo multidisciplinariamente, eso es que todas la disciplinas no solo se involucren sino se comprometan. Se requiere de un esfuerzo mayúsculo de introspección que proyecte más de una solución. Mucha más razón que pasión, o la conjunción de ambas, que generen una resonancia social, que motive a más gentes interesadas en un mejor presente, para que se pueda construir algo menos que un inquietante futuro.

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